07 de junio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pedro Sánchez tiene el peor Gobierno en el peor momento posible para España

La legislatura se ha volatlizado con un Gobierno superado por los problemas y dividido en grupúsculos. NI el ejercicio de paciencia de Casado puede esconder lo evidente.

 

 

Un paradigmático tropiezo minó aún más el desgastado crédito de Pedro Sánchez antes de pasar por la cámara baja para pedir la tercera prórroga del estado de alarma. La rectificación sobre la vuelta de los niños a la calle estuvo acompañada por un atronador choque entre socios. Fueron horas de tensión en las que Sánchez debió cambiar su guion de intervención en el Congreso.

“Este es un Gobierno que escucha -solemnizó el presidente ante un menguado hemiciclo-,  y por ello proponemos el alivio del confinamiento de los menores. Es verdad, pecamos de prudencia”. Pero calló, como no podía ser de otra forma, que su récord a la hora de auto-enmendarse se debió al riesgo real de caer derrotado en la extensión del periodo excepcional durante quince días más.

Esta posibilidad tomó cuerpo ante la dura postura de Unidas Podemos. En la tarde-noche del martes, sobre los despachos de La Moncloa pendió una espada de Damocles: los morados se planteaban enmendar el estado de alarma junto a Bildu, ERC, Grupo Plural, Vox o Cs.

 

“No se van a atrever”, “No es posible ser tan desleal después de mantener la boca cerrada en el Consejo de Ministros”, repetían escandalizados algunos íntimos colaboradores de Sánchez. Los barones autonómicos del PSOE telefoneaban sin entender qué estaba sucediendo.

Ocurría que, tras la avalancha de críticas (desde todas las procedencias) a las intenciones iniciales del Gobierno con la salida de los niños de casa, su facción morada, con Pablo Iglesias al frente, se había lanzado en tromba para apuntarse el tanto de una marcha atrás cantada.

 

 

Hasta tal extremo se difundieron las discrepancias y se alzó el tono de reproche, que el real decreto estuvo en el aire. Un órdago a la grande que ha evidenciado hasta qué punto está deteriorada la entente entre las huestes de Sánchez e Iglesias.

Este Gobierno no da más de sí. Pablo Casado lo comprueba de primera mano en sus citas telemáticas con el presidente. Sabe que está ante un líder incompetente, sobrepasado. Carece de plan. Ya no puede siquiera parapetarse (como hizo hasta ahora) tras las recomendaciones del Comité Científico y miente por interés propio sin entender que la gravedad del momento requiere otra actitud.

Además, la crisis del Covid-19 ha hecho saltar por los aires la coalición gubernamental. El Consejo de Ministros se ha convertido en un conjunto de grupúsculos a la carrera para imponer los cupos publicitarios de unos o las recetas ideológicas de otros. Cualquier decisión supone una guerra sin cuartel que convierte en inútiles las respuestas cuando más necesario es acertar.

La Legislatura se ha volatilizado. Las reiteradas peticiones de consenso de Sánchez son la viva imagen del boxeador sonado que se agarra a las cuerdas para escapar del KO mientras de reojo mira al rincón, implorando sin fuerzas que no tiren la toalla que ponga fin a su carrera personal.

Una frase del presidente del PP durante su intervención de ayer esboza el espíritu con el que Casado asume lo que todos le piden, ser responsable –y a fe que lo está siendo— pese a que enfrente se encuentra con la mayor de las naderías:

“Después de 45 días de ineficacia, hoy cumplimos con nuestra parte, ahora debe usted cumplir con la suya”. También esta otra: “No baje los brazos, no se rinda”.  En definitiva, casi una súplica del líder de la oposición al presidente del Gobierno para que deje de dar tumbos  y asuma su responsabilidad con los españoles. Sánchez y los suyos muestran a velocidad de vértigo que, en el peor de los momentos, estamos en las peores manos posibles.

 

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