03 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El sectarismo en las redes sociales al servicio del relato "progre" de la vida

¿Qué pasa en Twitter y Facebook? Los troles campan a sus anchas, siempre y cuando lo hagan en una dirección ideológica. Un problema de primer orden que nadie quiere atajar.

 

 

“Parece mentira que tu madre haya muerto de covid, desgraciado de mierda, uy perdón fascista de mierda”, dirigido a Miguel Bosé, cuya madre falleció hace unas semanas. “García Page es un pedazo de cabrón. Da igual cuándo leas esto”.

Son algunas de las barbaridades vertidas en Twitter por alguien que usa el nombre M.Rajoy (@evalartk). Evidentemente, no se trata del ex presidente del gobierno, aunque el personaje en cuestión es permita el uso de un nombre que lleva a la confusión, sino de uno de los habituales troles que viven en dicha red social.

Los troles son personajes que disfrutan haciendo daño y que, según la Facultad de Psicología de Mount Helen (Australia), con la cual coinciden no pocos expertos en psiquiatría, tienen puntuaciones mucho más altas que la media en dos rasgos de personalidad importantes: psicopatía y empatía cognitiva (saben que hacen daño pero les da igual).

Este perfil, denunciado ante los responsables de Twitter por vía de los procedimientos establecidos por los de Silicon Valley, no merece, según ellos, sanción alguna. Por lo visto su comportamiento está permitido por la misma red social que luego sanciona a otros usuarios por cualquier tipo de tontería. Algo a todas luces intolerable.

Por mucho menos han suspendido cuentas de otros usuarios, cuando han sido “atacados” por rivales políticos. Que el perfil no se corresponde a una persona real y es una ‘boutade’ debería ser por sí mismo motivo de cierre o suspensión. Pero no.

Denunciadas algunas de las barbaridades, llenas de insultos, del personaje, Twitter contesta amablemente al cabo de semanas por correo electrónico un automático “te escribimos para comunicarte que, tras revisar la información disponible, no consideramos que el contenido que denunciaste incumple nuestras reglas”. Pues menudas reglas. ¿Dónde queda la responsabilidad de Twitter por la comisión de injurias o calumnias

 

En Estados Unidos, defensores de los derechos y libertades civiles han lanzado la campaña #StopHateForProfit, secundada por más de 300 empresas entre las que se encuentran Coca-Cola, Microsoft, Starbucks, Unilever, Pfizer o Verizon, de boicot de publicidad en Facebook.

Durante julio, al menos, no pondrán ni un anuncio, causando así perjuicio económico a la red social. Acusan a Mark Zuckerberg de permitir en demasiadas ocasiones en sus redes sociales Facebook e Instagram textos de odio, extremistas, antisemitas o conspiranoicos, como los de los antivacunas en plena pandemia.

 

 

Y le exigen, entre otras cuestiones, que cesen las comprobaciones mediante algoritmos, poniendo a personas detrás de la moderación de la red. Y que se controle la desinformación. Basta darse una vuelta por esta red para percatarse de los bulos sin fundamento que se publican. De momento, el boicot ha provocado una caída del 8% en bolsa de Facebook, lo que ha hecho reaccionar a la compañía, que promete cuidar más sus contenidos.

La campaña de boicot coincide con la polarizada campaña presidencial norteamericana para las elecciones de noviembre. Dicha campaña ha llevado a que demócratas y republicanos vean con escepticismo la moderación de las redes por parte de sus propietarios. Trump ha cargado contra Twitter, Biden contra Facebook.

Las redes sociales, vistas por algunos como oasis de libertad hace una década, se han convertido en lugares en donde la libertad de expresión solo es para algunos y donde la seguridad jurídica ha sido suplantada por algoritmos de inteligencia artificial incapaces de captar los matices del lenguaje.

El fracaso de las empresas de ‘fact checking’ es, por otra parte, más que evidente. En España las dos empresas ‘verificadoras’ están claramente ligadas a una determinada ideología. Basta comentar que el contertulio Antonio Maestre ejerció como colaborador de Maldita.es.

Por otra parte, de la por la izquierda cacareada “neutralidad en la red” (obligar a las telecos a no priorizar ni bloquear el tráfico en internet) que no era tal, las redes sociales, evolución de la Web 2.0, se ha pasado al sectarismo político más ramplón.

Imponer una visión

No se trata solo de que la izquierda esté imponiendo una visión políticamente correcta en ellas, cayendo en la censura, lo que por otra parte es la forma de proceder habitual de la izquierda. Es que en una red en la que no se pueden poner cuadros del Museo del Prado o del Louvre por aparecer un pecho desnudo, es el lugar de reunión de todo tipo de grupos y personajes violentos. Todo un despropósito típico de la progresía.

Joe Biden (Partido Demócrata y ex vicepresidente con Obama) y el presidente Donald Trump comparten la intención de terminar con la anarquía caprichosa impuesta por Jack Dorsey (Twitter) y Zuckerberg (Facebook, Instagram y Whatsapp), exigiendo una regulación de las redes más acorde con los tiempos actuales, que al tiempo ofrezca garantías para sus usuarios.

La solución parece sencilla: considerar a las redes sociales como medio de comunicación y, por tanto, hacerlas responsables por los contenidos vertidos en ellas. Un buen remedio ante la situación que debería ser tomado en consideración también aquí, en España. Solo con eso se acabaría con la mitad del troleo.

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