09 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pedro Sánchez, y no la negativa de Casado, quiere un Gobierno nacionalpopulista

Rivera ya sufrió la campaña de señalarle como responsable de un bloque que se quiere repetir con Casado, como si a Sánchez no le quedara más remedio que pactar con lo peor. Una falacia.

 

 

 

De igual modo que Pedro Sánchez no quiso ni buscó un pacto con Ciudadanos tras el 28 de abril, optando por el acuerdo frustrado con Podemos y sobre todo por la repetición electoral; tras el 10N ha desechado cualquier alianza, o siquiera diálogo, con fuerzas que no sean la de Pablo Iglesias y las independentistas.

Sorprende que le resulte tan fácil al líder socialista engañar sistemáticamente a la opinión púbica sobre sus intenciones o, cuando éstas ya quedan claras, presentarlas como la inevitable consecuencia del veto de otros a los que previamente él había ninguneado. De no ser por el monocultivo socialista que existe en la televisión española, entregada a dar cobertura al sanchismo, esa burda manipulación jamás colaría.

Y, sin embargo, vuelve a intentarse, buscando implantar en la ciudadanía la idea de que es el PP el responsable de que a Sánchez no le quede más remedio que pactar con el nacionalpopulismo, esa amalgama de siglas que responder a dos inquietantes premisas ideológicas: el populismo de inspiración bolivariana y el independentismo más soez y excluyente de Europa.

 

 

No ayuda en nada a diluir esa falsedad que barones populares como Núñez Feijóo esparzan la idea de que el pacto entre el PSOE y el PP, que sería sin duda deseable para sofocar la tensión soberanista y atender con seriedad la crisis económica, es viable. Pues con ello parece sugerirse que, de querer Pablo Casado, ese pacto avanzaría.

El error de Feijóo

Que el dirigente gallego esté vendiendo una idea que Sánchez ha ninguneado de palabra y obra no sirve de otra cosa más que para justificar la verdadera apuesta del socialista, como si fuera consecuencia del rechazo de los populares a una oferta transversal que, simplemente, nunca ha existido ni en Moncloa ni en Ferraz.

Así minaron a Rivera y a Ciudadanos, haciéndoles culpables de un bloqueo que obedeció en exclusiva a la apuesta de Sánchez por volver a las urnas. Y una vez pasada España de nuevo por ella, vemos cómo la apuesta por los pactos sectarios y las trincheras ideológicas han sido más claras y contundentes. Que al menos quede claro que es el PSOE, desconocido con este líder, quien apuesta premeditadamente por cavar zanjas en lugar de por tender puentes.

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