22 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Qué hacían Rajoy y Zapatero juntos y por qué miraba cada uno para un lado?

Dos expresidentes, dos estilos, dos miradas, dos pasados y dos herencias: la imagen de Rajoy y Zapatero, tomada hace unas horas, simboliza bien la historia reciente de España.

 

 

 

Zapatero mira a nuestra izquierda, que es su derecha; mientras Rajoy otea su izquierda, que es nuestra derecha. En el centro, como dando equilibrio y mirando al frente, un discreto retrato de los Reyes equilibra una balanza de expresidentes con desigual apreciación de la grada.

Rajoy seguramente es el expresidente que más rápido ha ganado prestigio tras dejar La Moncloa, tal vez porque hasta los más detractores, ésos que lo veían como un Le Pen con barba y ahora perciben al tipo sensato y algo antiguo que siempre fue, asumen ya que lo echaron por la ventana de mala manera.

Una cosa es meternos nosotros con Rajoy, y otra que lo hagan Quim Torra, Arnaldo Otegi y Carles Puigdemont, la Cofradía del 155 que sacó de procesión a Sánchez para que se invistiera presidente pero ejerciera de mayordomo de sus delirios.

Rajoy nunca estuvo de moda y por eso se le añora. ZP lo está por su versión empeorada y perpetua

Y Zapatero, con el que coincidió en un acto de la Universidad de León en el que ambos defendieron la vigencia de la Constitución, ha envejecido peor, tal vez porque Sánchez parece su doble y eso le actualiza a cualquiera: ZP está de moda porque Sánchez está de moda, mientras que Rajoy no lo está porque nunca lo estuvo.

 

Pero eso, que en tiempo era indicio de problemas al estar íntimamente relacionada la fama con el prestigio, hoy casi es una virtud: la celebridad suele provenir ya de participar en un concurso nefando de telerrealidad con parejas imposibles encerradas en una casa irrespirable; o de pactar un presupuesto para España en la cárcel con un tipo que quiere zamparse a España; o de defender a Maduro entre las tinieblas de un apagón poético; o de dejar como sucesores, a la vez, al Pablo Iglesias que solo triunfa como padre o al Pedro Sánchez que no se baja del avión.

A Malagón

El discreto encanto de Rajoy procede de su aspecto de rematar las frases con términos como "caballero" o "señora", mientras que el triunfo de Zapatero estriba en haber logrado crear copias empeoradas y perpetuas de sí mismo.

Dos estilos, dos miradas y una conclusión coincidente: a uno le echaremos de menos con el tiempo, al otro también. Aunque por razones bien distintas  ubicadas entre Málaga y Malagón.

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