29 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La República de Sánchez: así dinamita la Transición su coalición de odiadores

El Gobierno de Sánchez y sus interventores redobla la España cainita de Zapatero y la deja a los pies de una amalgama de separatismo y populismo muy inquietante.

 

 

Esa coalición tan pomposamente exhibida por el sanchismo como “progresista” es en realidad un engendro pergeñado por estrategas políticos. Una fórmula para que Pedro Sánchez siga enganchado al poder, aunque haya habido que estirar tanto la cuerda que nadie dude de que puede romperse en cualquier momento.

Es lo que tiene estar en manos de los delirios fanáticos de políticos tan curiosos como Gabriel Rufián. ¿Qué es lo que une a ese conglomerado con el que el líder del PSOE quiere construir su legislatura? ¿Qué interés marca a siglas tan dispares como el neocomunismo de Podemos o el PNV, o a formaciones menores como Nueva Canarias, BNG, Teruel Existe, Compromís o Más País, con la colaboración estelar de la sediciosa ERC y la filoterrorista Bildu?

Primero, su animadversión por “las derechas”, así calificadas en general. Durante su intervención, Sánchez despreció a millones de votantes del PP y de Vox tildándoles de “extrema derecha”. Ni se inmutó.

El “cordón sanitario” a “la derecha cavernícola”, tan manoseado en su día por ZP, vuelve a estar de actualidad. Cualquier cosa que ocurra a partir de ahora, ya sea el hundimiento de un barco por un temporal, una epidemia o una sentencia judicial es culpa de los maléficos tentáculos de Pablo Casado y Santiago Abascal (“tanto monta, monta tanto”, según el interés de Sánchez). Incluso Inés Arrimadas es una peligrosa extremista de derechas, eso sí, “de bolsillo”.

 

 

El segundo santo y seña unificador del sanchismo es la Segunda Transición, porque la primera, según el imaginario de la ultraizquierda y el separatismo que ahora ha “comprado” el PSOE, la hicieron los “herederos del franquismo” y por ello “no concluyó en una democracia plena”.

Poco importa a estos adanes que circulan por el Congreso que la Constitución de 1978, esa que desean romper, fuese fraguada gracias a personalidades tan representativas de la izquierda de entonces como Santiago Carrillo, Jordi Solé Tura, Gregorio Peces-Barba, Felipe González o Alfonso Guerra.

 

Si hay que condenar por traidores a sus mayores, se les condena: “La Moncloa bien vale una misa”. Aquí ya nadie tiene memoria: Arnaldo Otegi, como señaló Zapatero, es un hombre de paz, y los “presos del procés”, versión “vicepresidente” Pablo Iglesias, son titanes que han contribuido al desbloqueo de España. Todo por la Patria.

 

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