16 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Pascual Tamburri

    Ruta Norte

    Pascual Tamburri nació en Pamplona y vive Navarra. Es licenciado en Filosofía y Letras, en Ciencias Políticas y en Derecho, doctor en Historia Medieval y profesor de Instituto. Ha investigado y publicado más de dos décadas y sigue creyendo que hay futuro para España y sus campos.

Por qué Pablo Iglesias odia a Federico Jiménez Losantos

No es divergencia de ideas. Ni de estilos. No es que tengan dos visiones de España, que las tienen. Es, por parte del líder de Podemos, un sentimiento personal que no oculta.

España es un país de pasiones, o al menos esa es nuestra imagen literaria. No estoy tan seguro en más de un sentido, pero hablando de literatura si alguien me puede dar lecciones es, justamente, Federico Jiménez Losantos. Un hombre, no hace falta decirlo, que despierta pasiones a favor y en contra, y en las dos últimas décadas se ha convertido no sólo en portavoz de muchas cosas y en fogonero de otras, sino en símbolo de algunas más.

Reconozco que no sigo ningún debate en televisión, del mismo modo que no he visto Sálvame. Entiendo con eso que voy contra la tendencia mediática de los muy últimos años, pero creo tener criterio para hacer una historia de esa tendencia. Y con ellos explicar, al que no lo recuerde o no quiera recordarlo, qué significa Jiménez Losantos. Hubo una derecha en España antes de él, y otra nació con él y gracias a él. Desde luego que no es un hombre de derecha tradicional, ni responde a casi ninguno de los clichés a ella atribuidos. Pero en lo que llevamos de siglo XXI nuestra derecha nacional ha dado un doble espectáculo digno de ser recordado: ella misma se ha negado a llamarse derecha y a dar la cara por los principios y valores que –nación y libertades, orden y seguridad- le han seguido dando votos, mientras que un aragonés venido de la izquierda ha sido su cara y su voz más conocidos y eficaces.

Federico Jiménez Losantos, en la COPE y luego en EsRadio, nunca ha dejado de ser polémico y de despertar pasiones. La izquierda en general y con pocas excepciones lo odia porque lo ve un enemigo peligroso, sincero, que sintoniza muy bien con una masa de españoles silenciosa durante décadas y que ellos preferían ver así. Y en gran parte la derechita, sobre todo la que profesionalmente vive de recoger votos conservadores, patriotas, católicos y liberales y después hacer políticas socialdemócratas, lo odia porque ve que los ha entendido y oye que los denuncia sin miedo ni pudor.

Pero, dejando aparte los odios de familia, es probable que quien más lo odie sea uno de los líderes de la actual izquierda, Pablo Iglesias. el líder de Podemos, que ha sido un hombre cercano a Batasuna y ETA y que lo ha dicho en una herriko taberna, que ha sido un hombre comprensivo con todos los regímenes pintorescos del mundo, de Venezuela en adelante, es un buen comunicador a su modo. De hecho, su principal virtud fue en su momento saber sintonizar en contenido y en modos con una parte de la juventud que se veía huérfana y que no entendía las complicaciones dialécticas y los medios de comunicación de IU. No ha querido cambiar nada esencial en la izquierda, y de hecho ha rechazado su oportunidad de ser fundador de una izquierda patriota española; pero ha vendido bien su producto, ha llegado a su público, lo ha movilizado y ha dado a la izquierda de barricada su mejor horizonte desde Paracuellos y el Ebro.

Precisamente porque él lo ha hecho se indigna cuando ve que Losantos sintoniza y moviliza, al otro lado del espejo, a gentes diversas que están en las antípodas de podemos cuando hablamos de terrorismo, de Patria, de sociedad y de economía incluso. Y ve además que es un hombre del pueblo, más sinceramente que él, que no deja de ser un montaje mediático. Ve en él un enemigo y un rival peligroso, no un cómodo Mariano fácil de descalificar de palabra y de obra. Losantos conoce la España de este siglo y llega a ella, y aunque Iglesias la conoce menos sabe identificar dónde están los enemigos de verdad.

Decíamos en esta casa en 2009 que "una derecha frustrada sólo es una derecha sumisa si no encuentra quien la una y la subleve". Pues bien, Losantos supo hacer desde la COPE y ha seguido haciendo después lo que nadie: unir derechas dispares y sublevarlas, aunque esto le haya valido unas cuantas puñaladas. Una parte de la derecha celebró el divorcio entre la COPE y Losantos. La izquierda, sin excepciones, sonriço. Y esperaban la desaparición de Federico, y al no conseguirla simplemente… gentes como Iglesias lo odian.

"De Adolfo Suárez a esta parte la derecha española es el resultado de una acumulación de complejos, improvisaciones, engaños y malos entendidos. Sus líderes políticos, nacionales o regionales, han tratado de llegar al poder y de conservarlo, a veces con éxito, sin reconocer ni la variedad de matices ni la profundidad de principios de la parte de la sociedad a la que pedían el voto. Precisamente porque, demasiado a menudo, le pedían sólo eso, el voto, para después gobernar de espaldas a la gente de derechas. Teníamos una derecha social, ideológica y culturalmente plural pero una representación política unidimensional, que muy lejos de reconocer y cultivar esa diversidad la negaba o la reprimía". Y ahora, en la derechita de Celia Villalobos y su familia, vuelven a estar así. Veremos con qué consecuencias, pese al uso del miedo en la propaganda del PP, un miedo para el que Iglesias sirve de espantajo pero al que Losantos no se presta.

Desde 2004 Losantos supo mantener vivas, activas y unidas las bases sociales del PP, no en nombre del PP sino precisamente en nombre de cosas que muchos dirigentes del PP habían desdeñado u olvidado cuando tenían el poder. Muchos olvidan que hay vida, y política, más allá de las urnas y de la macroeconomía; Losantos, con todos sus defectos y con todo aquello que deba criticarse en él, no lo olvida. Precisamente porque no soy liberal en el sentido en el que Losantos lo es, me importa que recordemos que en 2004, 2005, 2006, con la derecha política replegada sobre sí misma y traumatizada por lo que, siendo previsible, no habían esperado, muy pocas personas supieron hacer lo que desde Suárez se consideraba imposible o indeseable: unir a todas las derechas y sacarlas a la calle.

La derecha social, lo sé, es molesta, chillona, zarzuelera, plural, bakala … muy distinta del reducido grupo de trepas jóvenes y mayores que se repartieron el pastel en 1977-1979 y de los que quieren seguir haciéndolo en 2015. ¡Cuántas caras de disgusto y comentarios despectivos he visto! Pero Losantos era sólo la excusa: los progres de ambos lados, los depositarios del relativismo, el centrismo y la sumisión a los principios profundos de la izquierda desconfiaban de toda esa gente que salió a la calle ¡para salvarles a ellos!

"En la derecha social encontramos diversas identidades y temperamentos: liberales y conservadores; algunos post-franquistas, antifranquistas de los pocos que realmente lo fueron, y muchos a los que Franco ni les va ni les viene; católicos, agnósticos y ateos; militantes pro-vida e indiferentes en cuestiones morales; españolistas de pro y liberales de mirada económica un tanto estrecha; estudiantes, empresarios, trabajadores y pensionistas; mujeres y hombres; heterosexuales y gays… A todos ellos les unen algunas ideas y valores comunes: una percepción positiva de la nación española y su historia; ciertas creencias –al menos en origen- enraizadas en los principios cristianos; una vocación militante y de presencia social; un inconformismo cultural y vital; cierto desapego del Estado y un particular sentido de la responsabilidad individual y social". Iglesias se siente cómodo con un centro economicista y aborregado, y sabe que su verdadera barrera es una derecha popular y social. Por eso, creo yo, odia a un Losantos que usa los medios y las novedades con aún más soltura que él.

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