17 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Irene Montero, destrozada por denunciar alquileres abusivos desde su mansión

La First Lady de Podemos fue a por lana y salió muy trasquilada. Tuvo la ocurrencia de presumir de discurso en vivienda social y, claro, le sucedió lo que todos menos ella veían venir.

 

 

 

No parece una gran idea presentarte como gran defensora de la vivienda barata cuando tú, gracias a la política, has podido comprarte un enorme casoplón en la Sierra: será o no justo, pero es lo que tiene el populismo, que siempre acaba devorando a sus padres.

Y eso es precisamente lo que ha pasado con la Primera Dama de Podemos, Irene Montero, objeto de mofa, befa y chirigota tras ponerse solemne con una denuncia que quizá sea válida, pero con seguridad necesita de otros paladines. Fue ésta, y se juzga sola:

 

 

No hurguemos en la herida, más que nada porque ya lo han hecho otros, con una cruel ironía que casi hace daño, pero tan previsible para todo el mundo que sorprende cómo la afectada no valoró las consecuencias de su postureo:

 

 

Y como la mala leche nunca llega sola, la dirigente de Podemos tuvo que ingerir tras o cuatro tazones de tan agrio líquido, probatorio de algo que sí debería inquietarle mucho a Pablo Iglesias y a Irene Montero

Hace no tanto, desquiciaban a sus críticos y eran receptores de furibundos ataques, indicio de la ascendencia que tenían en unos y del temor electoral que provocaban en otros. Ahora son carne de chiste, de vacile, de carcajada y de indiferencia. Que suelen ser los preludios del ocaso. 

 

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