24 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El desprecio público de Pablo Iglesias al Rey Felipe se vuelve en su contra

El Rey, el 12-O

El Rey, el 12-O

Felipe VI derrota a Sánchez e Iglesias sin pronunciar una palabra, mientras Podemos intenta disimular y el presidente se percata de que no hay bozal para la Corona.

 

España celebró una atípica Fiesta Nacional por razones sanitarias obvias. La crisis que atraviesa el país, en general, se percibió en un despliegue inusualmente discreto, acorde con las circunstancias y de alguna manera muy simbólico: la Casa Real, las instituciones y las Fuerzas Armadas se comportaron con el decoro y recogimiento que marca la vida cotidiana de la ciudadanía.

Y es ahí precisamente donde más se aprecia el valor de la Corona, un termómetro de la sociedad como pocos otros, capaz de entender el estado anímico de los ciudadanos, adaptarse a él y simbolizar, pese a todo, la robustez y la esperanza de un país que no se rinde.

El 12-O más extraño que se recuerda fue también el primero del Gobierno de coalición del PSOE y de Podemos. Y sirvió para medir cómo es percibido cada uno por la poca gente que pudo acercarse al escueto desfile, entre medidas de seguridad sanitaria inevitables.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias escucharon abucheos. Y Felipe VI, aplausos. Por mucho que alguno crea que hay que contextualizar esa escena, como si no fuera representativa, la realidad es bien distinta.

Los sondeos

No hay encuesta ni sondeo demoscópico imparcial que no recoja una altísima valoración de la Casa Real y de la figura de Felipe VI y una bajísima de la clase política en general y de Sánchez e Iglesias en particular. Por mucho vestido morado y mucha mascarilla republicana que se ponga la Pareja Real de Podemos para esconder que llegaron al acto en coche oficial y volvieron a su casoplón serrano llevados por un chófer. Ni Monedero se cree el tuit que publicó para sacar pecho:

 

 

Al Rey, objeto de una campaña inaceptable de acoso que nace de uno de los socios del Gobierno, no se le juzga negativamente ni fuera ni dentro de España. Al Gobierno, más allá de su evidente aparato de propaganda en España, se le señala en todo el mundo.

Ora por la gestión de la pandemia, ora por la dimensión de la crisis económica, ora por el riesgo, apuntado ya en la prensa internacional, de que esté abonando un “Estado fallido” por la combinación de esas dos tragedias y el socavamiento de la separación de poderes, la cohesión territorial y la arquitectura constitucional.

El Rey atizó al Gobierno sin abrir la boca y dejó a Sánchez e Iglesias mudos en su campaña contra la Corona

Con un otoño lleno de nubarrones, el presidente Sánchez no puede seguir dirigiendo la nave hacia una tormenta perfecta. Ayer se lo demostró la calle un poco; pero se lo evidencian cada día las cifras de España en cualquier epígrafe.

Si se cree Ulises, que recuerde que el camino a Ítaca necesita de consensos y diálogo con una oposición y una sociedad civil que se los ha ofrecido y ofrecerá… si deja de entretenerse con las sirenas de Podemos y los Polifemos de ERC.

España no puede seguir siendo un gran país con un mal Gobierno. Y por mucho que a Sánchez le preocupe siempre más sobrevivir él mismo; ha de ir entendiendo que eso será imposible si en su viaje sigue corriendo en la dirección equivocada para chocar y rebotar siempre contra la misma piedra. Con el Rey mirando y pensando "A ver si nos dejan ya tranquilos a los adultos".

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