27 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El libro de Sánchez, metáfora de un político frívolo que ahora usa al Rey

 

 

Pedro Sánchez es un presidente inusual en casi todo, pero no precisamente por razones positivas. Es el único que ha alcanzado el puesto tras sufrir las dos derrotas más estrepitosas de la historia de su partido; el único que llegó ahí con una moción de censura gracias a los partidos que dos semanas antes consideraba imprescindible aislar y, entre otros éxitos, el único que ha publicado un libro autobiográfico estando en ejercicio.

Su opacidad con la tesis o sus viajes en el Falcon, entre otros excesos que aún darán que hablar, le perfilan como un líder mesiánico, con más intereses que principios y dispuesto a contradecir o incumplir su propia palabra si con ello alcanza el objetivo personalista de perpetuarse en el poder.

Su autobiografía, escrita por una periodista que no aparece en la portada y a la que ha premiado con un cargo público con rango de secretaria de Estado, es el corolario de esa funesta trayectoria que él mismo, y pocos más, intenta blanquear con un panfleto a su mayor gloria que no resiste el contraste con los hechos reales y produce algo cercano a la vergüenza ajena.

 

Intentar presentar como una virtud, la resistencia, su empecinamiento en llevar la contraria a los electores y su tendencia inaceptable a hacer lo contrario de lo debido y asumido por él mismo; confirma la inestabilidad política del personaje y avala a quienes temen que volverá a ser presidente con los independentistas de los que ahora reniega tácticamente.

Un dirigente que fue capaz de persuadir a los militantes del PSOE de que el resto de dirigentes se había conjurado para ayudar a Rajoy, cuando en realidad intentaban frenar el deseo de Sánchez de pactar con Junqueras y Puigdemont como finalmente hizo; es bien capaz de hacerlo todo.

Servirse del Jefe del Estado, que no puede hacer réplicas, para presentarse como representante de una España moderada y transversal es un abuso institucional

Incluido presentar al Rey Felipe como una especie de aliado y cómplice de sus andanzas, tal y como intenta en el "Manual de resistencia" que hoy está ya en las librerías. Servirse del Jefe del Estado, que no puede hacer réplicas, para presentarse como representante de una España moderada y transversal no solo es un abuso institucional, sino también otra flagrante mentira.

Un boicot sin respuesta

Porque si alguien ha tolerado las vejaciones a la Monarquía, epítome del régimen democrático parlamentario que rige en España y no herencia vetusta de un régimen en blanco y negro, ha sido su Gobierno. La Corona ha sido boicoteada institucionalmente por la misma Generalitat a la que Sánchez honraba hasta ayer y por líderes como Ada Colau, sin que ninguna haya tenido la contundente respuesta pública y legal que merecían.

Que en ese contexto el presidente saque pecho y manipule a su antojo a Felipe VI es execrable, pero perfectamente coherente con una meteórica carrera desde la nada hasta el despropósito pasando por la manipulación y la mentira. 

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