Albert Rivera quiere ser Aznar pero vestido de Suárez

Defiendo que el resultado de las elecciones del 28-A es imprevisible. Cualquier cosa en cualquier momento puede desnivelar la balanza. Pero me parece evidente que los últimos intentos para cambiar el natural devenir de las cosas -que es que Pedro Sánchez continué 'decretando' una temporada más- los está haciendo Ciudadanos.

Ciñéndonos a los dos debates televisivos de candidatos a presidente del Gobierno, Albert Rivera fue quien marcó el ritmo en ambos. El más gamberro para los usos y costumbres del género, el agitador. Sólo le pudo parar los pies, a mitad del segundo encuentro, Pablo Iglesias, a base de reprocharle sus continuos intentos de romperle el discurso a los demás, especialmente a Pedro Sánchez. Iglesias llamó “maleducado” a Rivera, y consiguió frenarle un poco. Le vino bien al candidato naranja, que a partir de ese momento se desbocó menos y se controló mejor. Iglesias, tras pasar técnico de sonido en las previas del primer debate, consiguió reconvertirse al día siguiente en el Pablo con hijos. El otro Pablo es Casado. Y a Pablo Casado la actitud de Rivera le sorprendió tanto que en el primer envite le llegó a decir que sus respectivos electorados no iban a entender que se atizaran entre ellos.

A Rivera le dio igual la reconvención, porque hace mucho que tiene clara su estrategia, ésa que marcó cuando su Ejecutiva proclamó que de tener que volver a pactar, nunca (más) lo haría con el PSOE. Estrategia que completó cuando enfiló en televisión a Casado. Albert Rivera quiere ser el líder del centro por la derecha y ya no por la izquierda porque quien de verdad está débil desde la aparición de Vox es el PP, no el PSOE. Así que el bando está claro, y el papel del líder de Ciudadanos en él es lo que se dirime estos últimos días de campaña. Sin perjuicio de que todo ello lleve al catalán a La Moncloa si los números lo permiten.

La idea de Rivera, en todo caso, es liderar a partir de ahora la oposición, si no puede hacerlo de momento con el Gobierno. Y para eso tiene que morder al PP. Hacerle una OPA, no sólo un sorpasso. Lo que tiene que conseguir Rivera es justamente lo que logró José María Aznar cuando Manuel Fraga le refundó el PP: aunar a ese gran espectro del electorado que no es dogmáticamente de izquierdas, pero dando la impresión de que quien lo hace es Adolfo Suárez. No el hijo, sino el padre.

No se trata -contrariamente a lo que dijo este miércoles el propio Rivera- de hacer una nueva UCD. Al viejo partido -que antes fue coalición- lo socavaron los social-demócratas que anidaban en él, en beneficio de los socialistas de Felipe González. Albert Rivera no va a correr el riesgo de hacer otra casa común contra natura política. Lo que quiere es ser el líder de una nueva Transición española post-Pedralbes, retomando el la idea y el término acuñado por el Aznar de antes del Majestic y las Azores.

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