05 de junio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Ni Sánchez ni sus socios merecen tregua y apoyo de la oposición si siguen así

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez

 

 

 

Pedro Sánchez compareció de nuevo para soltar su enésimo mitin de autodefensa, exculpación y promoción, con un formato enlatado que le permite elegir qué responder y conocer de antemano las preguntas, algo indigno de una democracia e incompatible con las necesidades y derechos de la opinión pública en materia de libertad de información y expresión, que ejercen los medios de comunicación por delegación de los ciudadanos.

Si las formas son insoportables, el fondo es directamente indecoroso. Porque Sánchez pretende hacer creer a los españoles que todo se ha hecho bien, que la solución tiene que venir exclusivamente de Europa y que, mientras, todo aquel que se atreva a discutirle lo que hace, lo que no hace o cómo lo hace es, poco menos, un traidor.

La realidad es bien distinta. Ningún presidente ha gozado del respaldo y del consenso que Sánchez tiene de la oposición, expresado en el reiterado apoyo de PP, Ciudadanos y hasta Vox a sus dos decretos de Estado de Alarma, rechazados por cierto por los mismos partidos independentistas que le auparon a él dos veces a La Moncloa.

Las razones de Estado que imponían el consenso reclaman ahora acabar con él: solo ha valido para que Sánchez prolongue sus chapuzas

Y ningún país como España, presenta una estadística tan particularmente dolorosa, pese a que el coronavirus es el mismo para todos: siendo solo el 0.6% de la población mundial, soportamos más del 20% de las víctimas mortales, una estadística insoportable que atestigua, sin la menor duda, los inmenso fallos en la gestión de una epidemia que no afecta por igual a todos .

Preguntarse por qué es así no solo no es improcedente, sino que es imprescindible: precisamente porque está en juego la salud pública y la vida de millones de personas, analizar y enjuiciar la labor de los responsables puede salvar vidas y paliar los estragos de la enfermedad y de cómo se la combate.

 

Y si esto vale siempre, más aún cuando la cadena de silencios, negligencias y chapuzas de este Gobierno da la vuelta al mundo tanto como el propio COVID-19: está perfectamente documentado cómo desoyó los reiterados avisos de la OMS, la OMC o la propia Europa al respecto de la pandemia que venía, potenciando con ello los contagios masivos que ahora pagamos.

 

 

El virus iba a llegar, sí, con su carga letal, pero el mes y medio que se tardó en reaccionar a sabiendas de la gravedad de la emergencia no es fortuita ni inevitable y se acerca más al comportamiento doloso. ¿Cómo es posible que el Gobierno se permita regañar a nadie teniendo las peores cifras del mundo en muertos y en sanitarios infectados?

Otro portavoz ya

Y es evidente el despropósito en la compra de material, defectuoso y tardío; en la coordinación con las Autonomías o en los negligentes discursos de las autoridades, empezando por el portavoz de la crisis, Fernando Simón: es indecente que siga informando a la opinión pública la misma persona que, hace apenas tres semanas, limitó el impacto de la epidemia a "casos aislados" para proteger la estrategia kamikaze de Moncloa con el 8-M.

Que con ese trágico contexto de errores mayúsculos, despropósitos constantes y consecuencias demoledoras Sánchez esté, además, más pendiente de su supervivencia personal y se prepare el día después para atacar a los rivales que le han auxiliado, convierte la tregua al Gobierno en otro acto de irresponsabilidad trufado de ingenuidad.

España solo representa el 0.6% de la población pero asume el 20% de los muertos. Sánchez debe explicar esa cruel desproporción

Sin necesidad de recordar cómo el mismo partido y el mismo líder político exigían dimisiones por el sacrificio de un perro en la inexistente crisis del Ébola o lo hacían por una nevada que colapsó carreteras; los meros hechos que estamos viviendo con el coronavirus son suficientes para cambiar el ritmo y acabar con la indulgencia hacia un Ejecutivo plagado de incompetentes en cuarentena que simbolizan, ellos mismos, la ineficacia de su gestión.

Si las razones de Estado imponían de entrada el respaldo al Gobierno, reclaman ahora quitárselo para enjuiciar, con toda la exigencia posible, sus decisiones o la falta de ellas. Los mismos que criticaban pese al consenso seguirán haciéndolo, pero al menos los españoles estarán un poco mejor protegidos. Que de eso se ha tratado siempre.

Y si el presidente del Gobierno no quiere que eso ocurra y aspira a mantener el consenso que todos le han brindado, incluyendo a ESdiario, debe cambiar el ritmo y ganárselo: contando con la oposición para la adopción de decisiones, compartiendo con la opinión pública todos los detalles de la crisis sin filtros y haciéndose merecedor, en definitiva, del apoyo que todos queremos seguir dándole al responsable de gestionar una crisis sin precedentes. De él depende, y de nadie más.

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