30 de marzo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

30 meses de 'carmenadas'

La ruptura de su propio Gobierno, en público y a voces, es la última 'carmenada'. Desde que llegó en 2015 a la alcaldía su gestión ha estado plagada de episodios hilarantes y trágicos.



Al mes de llegar a la alcaldía en verano de 2015, Manuel Carmena duplicó por diez las cifras oficiales de niños desnutridos en Madrid: aseguró que 25.000 estaban en ese estado, un número impropio de una capital occidental. Apenas unas semanas después, la realidad le puso en su sitio: ni siquiera se cubrieron las plazas de comedor gratuitas en los colegios públicos aquel verano.

Carmena es un género, con episodios cómicos y dramáticos a cuento de la limpieza con niños y madres

Ésa fue la primera 'carmenada' oficial, nombre ya popularizado en Madrid y fuera de allí para referirse a las ocurrencias de la alcaldesa y de su Gobierno, una especie de 'Eurovisión' ideológica con representantes de todos los países de la izquierda menos convencional, agrupada en un partido instrumental, 'Ahora Madrid', que siempre fue una casa de locos y ahora  se descose en público tras la insumisión de seis concejales y la destitución del responsable de Hacienda, el imputado Carlos Sánchez Mato.

Pero no fue la única y, ni siquiera, la más llamativa. En apenas 30 meses, Carmena y su equipo han protagonizado algunas de las polémicas y ocurrencias más recordadas en la política española de los últimos lustros. ESD recupera algunas de ellas.

Universitarios y barrenderos

Les denominó "Gestores de grandes acontecimientos juveniles", pero en realidad eran barrenderos. En octubre de 2015 Carmena propuso que los universitarios dedicaran una parte de su tiempo a limpiar las calles. "A lo mejor no está mal que durante dos o tres meses una persona sea barrendero ocasional", dijo tal y como recuerda El Confidencial.  "Algo de esto queremos hacer para sensibilizar a la sociedad, paras sensibilizar sobre todo a las personas jóvenes de que la ética de la limpieza es un elemento de sostenibilidad de nuestra sociedad y es indicativo del comportamiento ético necesario para con los demás, que los demás no tengan que recoger la suciedad que yo genero".

En el mismo ámbito, también sugirió la organización de un concurso infantil consistente en que los más pequeños -desnutridos o no- se encargaran de recoger colillas de cigarrillos de la vía pública. "Estamos viendo la posibilidad de que hagamos una campaña divertida, que puedas darles una tarjeta roja que ellos puedan dar a sus padres cuando vean que tiran una colilla al suelo, o que tiran un papel al suelo, o probablemente hacer un concurso de ver quien recoge más colillas o más papeles, y darlos unos premios". 

 

 

Obsesionada con la limpieza de la ciudad, que según todos los testimonios fue en 2016 la peor de la historia aunque en el año que termina al fin ha habido leves mejorías, también tuvo la ocurrencia de pensar en las madres como encargadas del buen estado de los colegios. Un mensaje que, en otra boca, hubiera hecho correr ríos de acusaciones machistas.

De la Cabalgata a Bollywood

Los jardines en las azoteas de los autobuses; la extravagante Cabalgata de Reyes de 2015 de la que aún se guarda perpleja memoria por los atuendos carnavalescos de sus Majestades -y Majestadas tal vez-o el derroche en los supuestos Óscar del cine hindú que sólo sirvieron para gastar miles de euros en cuidar a cuerpo de rey a estrellas desconocidas en Europa; jalonan la parte más almodovariana o folclórica de la gestión de la exjueza, plagada de hitos entre lo cómico y lo dramático.

De Miguel Ángel Blanco a Puigdemont

Pero no todo suscitó una sonrisa cómplice o abochornada. Las 'carmenadas' también han llegado a asuntos muy delicados, como el homenaje a Miguel Ángel Blanco, emblema de las víctimas del cruel terrorismo de ETA que ha dejado casi mil muertos en la memoria colectiva. La alcaldesa no quiso colgar en la fachada del Ayuntamiento una pancarta con el rostro icónico del concejal asesinado y, aunque finalmente participó en el homenaje al joven de Ermua, el regusto amargo por su incomprensible actitud quedó patente.

 

 

Tanto como, también recientemente, la perplejidad por la cesión de dependencias municipales para un acto de exaltación del separatismo en el apogeo del 'procés' separatista. Tuvo que ser la Justicia, con una resolución vinculante, la que evitara la paradoja de que la capital de España ampliara como nadie el discurso político que discute más la existencia de la España que conocemos. No obstante, la foto de Carmena con Puigdemont, correspondiente a otro acto, existió y permanecerá en la hemeroteca.

Atacar el Open de Tenis de Madrid que ella mismo renovó, rodearse de concejales que graban sin permiso las reuniones de la sociedad pública M-30 o poner patas arriba la 'Operación Chamartín' sin un Plan B realizable a corto plazo; son otras de las contribuciones del 'carmenismo' a un Madrid que se retrata sobre todo con sus cifras de paro. Nunca antes fueron mayores que las de la región que encabeza. Y eso ocurrió bajo la batuta de Carmena, la alcaldesa que ha dado nombre a un nuevo género en la política española.

 

 

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