Donación de sangre: solidaridad diaria que no distingue barrios ni edades

40 minutos de espera. No, ni regalaban platos de paella ni aguardaban para entrar a un concurrido concierto. Ni para hacerse una foto con un conocido deportista. Solo para aportar

40 minutos de espera. En otro contexto, y en un país en el que nuestra paciencia no está curtida en hacer colas, quizás lo hubiera escrito como una crítica. En este caso lo aporto como dato positivo. Y nadie se desesperaba ni se marchaba. No, ni regalaban platos de paella ni aguardaban para entrar a un concurrido concierto. Ni para hacerse un selfie con un conocido deportista. Simplemente esperaban en la calle, a media tarde de un tórrido día de verano, hasta que hubiera un hueco libre en el autobanco de donación de sangre del Centro de Transfusión de la Comunidad Valenciana.

Ocurría en un barrio periférico de Valencia. Cuando el autobús se sitúa junto a la plaza de toros, en pleno centro, el tiempo que transcurre hasta que comienza la extracción puede ser mayor. Y siempre –por lo menos en los casos que puedo atestiguar- discurre en un ambiente de calma y cordialidad. Con el personal del autobanco tratando de hacer la espera lo más amena y llevadera posible y con los usuarios/donantes comprensivos y tranquilos.

Este hecho se repite cada jornada en diferentes localidades. El Centro de Transfusión ofrece alrededor de una treintena de puntos de donación diarios (incluidos hospitales o el propio recinto del centro) en su página digital para que las personas predispuestas, habituales o neófitas, acudan.

En el caso que comentaba en el primer párrafo, el autobús aparcó para realizar su labor entre las cinco de la tarde y las nueve de la noche. Cuatro horas. La ocupación de una camilla para extracción (entre que te instalas, te pinchan, está brotando tu sangre y te mantienes cinco minutos acostado para recuperarte) puede prolongarse 15-20 minutos. Con cuatro camillas por autobús supone entre 12 y 16 personas a la hora. Si lo multiplicamos por cuatro (las horas que permaneció estacionado), resulta que alrededor de 50 donantes subieron esa tarde al vehículo para entregar algo menos de medio litro de sangre per cápita.

Ampliamos el cálculo y multiplicamos la treintena de puntos de extracción en la Comunidad Valenciana por esas 50 donaciones. Nos saldría que unos 1.500 ciudadanos en todo el ámbito autonómico llevan a cabo esta altruista tarea a diario. Sí, sé que la cifra resulta muy orientativa, que depende del día y que cada equipo presenta unos guarismos diferentes. En cualquier caso, sirve como referencia.

Otro detalle ilustrativo a tener cuenta consiste en que cada donante únicamente puede entregar su sangre cuatro veces al año si se trata de un hombre y tres si es una mujer, como especifica el Centro de Transfusiones en su página digital. Por tanto, esas 1.500 personas del cálculo anterior cada día resultan diferentes. Si proseguimos con el juego de cifras y multiplicamos 22 días laborables de media (también se puede donar sábado, aunque en menos puntos) al mes por el citado número de 1.500 nos sale 33.000. Sí, se trataría de la cifra de ciudadanos de la Comunidad Valenciana que cada mes acude a donar. Equivaldrían casi a la población de Burjassot.

Un detalle a tener cuenta consiste en que cada donante únicamente puede entregar su sangre cuatro veces al año si se trata de un hombre y tres si es una mujer

Y vamos un paso más allá con una última multiplicación. En este caso, la de 33.000 por los entre tres y cuatro meses que ha de aguardar cada donante para volver a donar. La cifra superaría las 100.000 personas, más que las que residen en Torrevieja, Orihuela o Gandia.

Con  una mecánica perfectamente engrasada por el Centro de Transfusión, la donación de sangre constituye una de las muestras más claras de solidaridad silenciosa y diaria por parte de los ciudadanos de la Comunidad Valenciana. En todas las localidades, barriadas, estratos sociales, franjas de edad…

Porque en un autobanco cada 15 minutos se tumban cuatro desconocidos que comparten una misma actividad y, sobre todo, una misma intención: la de aportar. Después, cada uno toma el refresco y las rosquilletas o el bocadillo que le dan al salir del punto de extracción y los caminos se bifurcan. Hasta dentro de tres o cuatro meses.

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