02 de abril de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La alternativa está en marcha: Casado cantó las verdades del barquero a Sánchez

En un escandaloso contexto provocado por el egoísmo ambicioso de Sánchez, emerge la figura del líder del PP con un brillante alegato que ofrece esperanza al futuro.



 

 

Salió Pablo Casado dispuesto a ejercer de manera brillante el liderazgo que Pedro Sánchez, con su rancio personalismo olvidadizo del interés de España, ha cedido en bandeja. El presidente del PP se despachó a gusto con un discurso duro.

Seguramente, el más crudo en el fondo que se le recuerda, aunque dentro de unas formas parlamentarias moldeadas con gusto. La ocasión lo reclamaba. Era lo que tocaba. No están las cosas como para permitir que el candidato del PSOE busque la amnesia de los españoles colándoles de rondón el escándalo de la sumisión de una institución como la presidencia del Gobierno al separatismo a cambio de su investidura para seguir disfrutando del poder.

A Casado se le presentaba la oportunidad de situar a Sánchez frente a su sonrojante espejo de cesiones. Y a fe que lo logró. En ningún caso podía salirle gratis a Sánchez haber abierto de par en par las puertas a romper las costuras del orden constitucional.

Y Casado estaba en la obligación de alzar la voz contra la humillación a la que ya ha sometido el inquilino de La Moncloa a los españoles. Aunque Sánchez intentó blanquear sus resbaladizos acuerdos con comunistas, independentistas y filoetarras mediante el consabido truco de hacer oposición a la oposición, Casado no le dejó espacio.

 

 

Más bien se lo achicó hasta hacerle parecer perdido. El aspirante a la investidura se vio descolocado en demasiadas  ocasiones. Fue víctima de su propia confusión intelectual. De su soberbia. Hasta el punto de que cayó en el recurso a una mofa insoportable incluso para aquellos que le siguen sin preguntarse a dónde les lleva. Un tonillo perdonavidas que no venía a cuento y que solo sirvió para mostrarle arrogante.

 

A partir de ahí, las réplicas de Pedro Sánchez fueron simplemente un horror, la evidencia de haber sido pillado fuera de juego. Nada convincentes. Una verdadera desgracia para un país abocado, de su mano, a una legislatura irreflexiva. Hasta las etéreas apelaciones al diálogo, tan del gusto de Sánchez, resultaron vacías de contenido.

A efectos de puntuación en el debate: Pablo Casado se proyectó como el actor esencial en una democracia española demasiado ayuna de liderazgos sólidos. La alternativa del centro-derecha está en marcha y decidida a recortar al socialismo de Sánchez su campo de acción y sus apoyos. Simple respeto a España. 

 

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