20 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Machas alfa

Las series de televisión policíacas alargan el estereotipo del macho alfa, incluso cuando la jefa es una mujer. Pero hay excepciones. Una de ellas sirve de inspiración para este artículo.

 

 

He de confesar que soy una lectora compulsiva. Desde que tengo memoria no me recuerdo a mí misma sin un libro en la mano. Nunca salgo de casa sin llevar un libro, aunque sea para los cinco minutos de espera en la consulta del médico. La llegada del libro electrónico fue una bendición para mi, porque me permitía combinar dos de mis muchas manías: los bolsos pequeños y el libro acompañante.

No he discriminado mucho, en realidad cualquier cosa me valía, desde la biblioteca del colegio al desván de la casa de mis abuelos dónde había cajas y cajas de novelas del oeste que, además, tenía absolutamente prohibido leer. No pretendo decir que soy una lectora “culta”. He tenido mis momentos pero, primordialmente, yo leo para evadirme y pasar el tiempo insertada en otro tiempo y en un lugar muy lejano y cerrar el libro con un suspiro satisfecho y pasar al siguiente.

El devenir de las protagonistas es el mismo que el de los hombres. Son el “macho alfa” de la manada

Esta afición se convirtió en una compulsión y decidí con mucho esfuerzo dejar de leer hasta ser capaz de no necesitar un libro hasta para pasar la aspiradora. ¿Y qué ha pasado? Pues que he cambiado una compulsión por otra: las series de televisión.

En serio, durante muchos años no he visto la televisión, salvo para alguna película ocasional, que generalmente he visto por partes, gracias a las reprogramaciones, porque la tele ejercía un poderoso influjo sobre mi y me quedaba dormida en 15 minutos o menos. Deben ser los hercios y creo que mi tele tiene muchos.

Esos papeles

Así pues, me he enganchado a las series de televisión, específicamente, policiacas. Parece ser que, por aquello de la igualdad, o la cuota, muchas de ellas tienen como protagonistas a mujeres. Sabes que son mujeres porque van estupendamente maquilladas, llevan conjuntos de mujer muy sexys y calzan unos tacones vertiginosos, incluso en las persecuciones.

Por lo demás, el comportamiento de estas protagonistas es exactamente el mismo que el de los hombres en el mismo papel. Son el “macho alfa” de la manada o de la comisaría, tanto da.

 

 

Es por ello que me sorprendió gratamente la serie francesa Candice Renoir. Resulta que está Capitán (lo siento, Capitana me chirría) es una mujer absolutamente normal, divorciada y con hijos y con un trabajo muy exigente en tiempo y esfuerzo, que además pretende tener una vida propia, que además es despreciada, con igualdad, por hombres -casi todos los hombres- y mujeres que la rodean por ser precisamente una mujer y no el macho alfa.

Botas rosas, sí

Si, se maquilla y la critican por el tono de su pintalabios; le gustaría vestirse sexy, pero su figura no es la establecida de 50 kg y se viste de forma bastante práctica y a veces se le estalla la cremallera (¿a quién no le ha pasado?); y también lleva tacones.

Y unas botas de agua rosas en el maletero para cambiarse cuando lo necesita. Y nada de ello la impide realizar su trabajo y manejarse como tantas mujeres hacemos sin necesidad de reafirmarnos en nuestra feminidad y sin necesidad de ser el más duro entre los duros.

¿La igualdad es realizar el trabajo de forma competente siendo quienes somos?

 

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