La ciudad no es para mí. La campaña más sucia

No hay que ser hígado de ánade para augurar una campaña muy sucia.

Ayuno esta vez de pistas por parte de algún buen amigo, sumido en el tedio del noticiario, me enfrento -sin red- al vértigo de vislumbrar el futuro. El inmediato, porque el resultante se me antoja más enigmático.

Ni la construcción de las pirámides egipcias, ni la existencia insular de la Atlántida –ni el grupo musical alemán de los 90- remedian la primera acepción de los diccionarios. Enigma es aquello imposible de entender. Y de comprender.

El conjunto -normalmente disjunto- de interpretaciones de lo que puede salir de las urnas el 28A se compadece mal con la técnica y la metodología científicas. Todo parece indicar que responden más bien a una estrategia de cálculos y posturas, cambiantes cuando no efímeras, que palpita como un electrocardiograma en función de un sobresalto.

Tener que soportar la tutela chulesca del filoetarra de Bildu y pagarla al mismo tiempo con la afrenta a la Policía Nacional y la Guardia Civil, no va a favorecer las ansias de continuidad del doctor Sánchez (y no hablo de los tribunales académicos en los que se coló), pero sí ha elevado el tono de precampaña.

Cerradas las listas y prietas las filas, ha dado comienzo la pasarela. Si lo tomamos como ensayo general del desfile definitivo, no hay que ser hígado de ánade para augurar una campaña muy sucia.

Miedo da que se convierta en atontamiento del electorado, en estímulo de su desidia, o en trivialización de la importancia del voto. Cuando lo que está en juego es tanto.

Miren a Torra (cómo me cuesta omitir calificativos) momentáneamente abandonado por sus cachorros más llamativos. Veremos lo que dura el desencuentro. El espectáculo censor con Arrimadas clama al cielo, como clama la propuesta de sanción al mosso de “la república no existe idiota”, como si fuera punible incluir dos verdades en frase tan corta. A mí me parece un haiku excelente.

(Lo del separatismo y la intransigencia suele ir unido. Hasta la regidora Oliver lo practicó el otro día con Giner en el Pleno del Ayuntamiento de Valencia. Ribó es más zorro).

El respeto por la muerte, que es el respeto por la vida y por la dignidad de la persona, no debiera tener cabida en la contienda electoral. Partidarios y detractores de la eutanasia hacen mal en añadir apasionamiento al momento delicado que atraviesa España.

Cuando intentamos eliminar la hojarasca, el lugar común, la consigna, el brindis al sol, la promesa infundada … del discurso electoral (no importa ahora el candidato) surge el enigma. Cuando no el vacío.

Mientras, los votantes conservamos intactas nuestras convicciones, firme y profundo patrimonio, y con él y con nobleza, nos acercaremos a las urnas por la prosperidad de España.

No debieran perder el tiempo. Ni hacérnoslo perder.

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