27 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La insostenible posición de Sánchez ante el independentismo y acaba de empezar

No se puede gobernar España gracias a un preso, un inhabilitado y un exterrorista: lo que Sánchez se quiere permitir, es inadmisible para el país al que debe proteger.

 

 

 

La decisión del Tribunal Supremo de mantener la inhabilitación de Quim Torra como diputado, un requisito indispensable para ser presidente de la Generalitat según el propio Estatut, agrava la insostenible situación de Pedro Sánchez, encerrado en una brutal paradoja que él mismo ha generado.

Porque lograr la investidura, como antes la presidencia de la moción de censura, gracias al voto de partidos y dirigentes que o bien están en prisión o bien no pueden ejercer legalmente su puesto y en ambos casos defienden lo opuesto a cualquier presidente sensato; es simplemente una locura.

Que Sánchez haya incurrido dos veces en ella no la normaliza, por mucho que sobren televisiones y medios dispuestos a simularlo, sino que agrava el problema hasta que se choca con una doble realidad sencillamente escandalosa. De un lado, la que marca la Justicia española, ajena a las lamentables injerencias políticas en lo relativo, al menos, al Tribunal Supremo.

Y de otro, los propios independentistas, que lejos de dejar de serlo por arte de magia, lo son más que nunca, conscientes de la dependencia que de ellos tiene el titular de La Moncloa. Es una combinación tremenda que exigiría una rectificación del PSOE, pero está provocando lo contrario.

 

Cuando los hechos son opuestos a sus intereses, los socialistas los ignoran o intentan moldearlos a su antojo, ora designando a un ministro como Fiscal General del Estado, ora negando la dimensión de la factura que el soberanismo le pasa, cada día, a cambio de su respaldo.

Es una peligrosa huida hacia adelante que no lleva a ningún sitio y, sin embargo, destroza la separación de poderes, coquetea con los límites del Estado de Derecho y de la Constitución y se sustenta, por último, en una gran mentira a los ciudadanos y electores.

 

 

Porque el mismo Sánchez que intenta deformar el Código Penal, apoyarse en Junqueras, resucitar a Puigdemont, negociar bilateralmente con una Comunidad, estudiar alguna fórmula de referéndum o reunirse en breve con un inhabilitado Torra (que estará fuera del todo cuando la sentencia sea firme); se presentó ante las urnas presumiendo de que iba a hacer lo contrario.

Un engaño al elector

Los españoles fueron a votar sabiendo de Sánchez lo que él mismo prometió: poner a Puigdemont ante la Justicia española, crear un nuevo tipo legal para perseguir los referendos ilegales, rechazar todo acuerdo con el soberanismo e incluso endurecer el Código Penal para que el delito de rebelión quedara aún más claro.

Tener un presidente que le debe el puesto a un preso, a un terrorista, a un inhabilitado o a un fugado es insoportable para España y peligroso para el Estado de Derecho. Y aunque en estos tiempos cueste más decir lo obvio que ampliar una mentira, hay que hacerlo. Porque no todo vale, y cada concesión de Sánchez a los adversarios de la democracia coloca a ésta en una situación más delicada. Aunque tantos lo callen.

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