25 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Susana Díaz tropieza con su entorno que le empuja a “fallar” a la militancia

Mario Jiménez y Susana Díaz, en una imagen en Andalucía.

Mario Jiménez y Susana Díaz, en una imagen en Andalucía.

La andaluza sabe de los riesgos del salto a Ferraz, entre otras cosas, porque puede ser colgada del palo mayor. Pero también es muy suya y aborrece ser pillada con el pie cambiado.

El equipo de Susana Díaz parecía acostumbrado ya a oírle decir sí donde poco antes decía no y a seguir tirando por el descampado. Bien lo sabe el correoso Juan Cornejo, a la sazón secretario de Organización del PSOE-A, guardián de las esencias en San Vicente,pero últimamente al albur del penúltimo interlocutor de la Doña, ya sea éste el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, el valenciano Ximo Puig o el castellano-manchego, Emiliano García Page…Todos ellos prestos a conseguir la prenda principal, esto es, el salto de la de Triana a la calle Ferraz.

De una u otra forma, Díaz se juega su razón de ser. Si pone muchas dificultades a sus apoyos, pueden hacérselo pagar caro… Pero si, por contra, permite la intervención en su gallinero, sin rechistar, y aún sin tener sopesadas las posibles eventualidades hasta los últimos intersticios, tal para cual. La presidenta de la Junta y su gente conocen bien el percal como para andarse con zarandajas, aun cuando los ha habido distinguiéndose por crear problemas en lugar de resolverlos. Así como se atribuyó a Zapatero la filtración del 4 de marzo como fecha para lanzar la candidatura, muchas miradas se giraron hacia Alfredo Pérez Rubalcaba que habría presionado con el día 11. Ambas citas pasaron en el calendario y no hubo nada, aunque les haya otorgado el “anuncio del anuncio”. 

Como cada jornada tiene su afán, Susana Díaz ha apurado los plazos. Su “AVE a Madrid” se materializará finalmente el domingo 26, en un acto con dimensión nacional, y en puertas de que el PSOE dé el pistoletazo de salida oficial, el 1 o el 8 de abril, a las primarias. Lo hace además con todos los mimbres perfilados desde hace semanas – estrategias, mensajes, equipo, etc…- para construir el cesto de su campaña, tras exhaustivos sondeos por federaciones. De la victoria, todo lo garantizada que se quiera transmitir, dependen muchas cosas. El círculo interno de la presidenta ya está empujándole a esquivar debates con Pedro Sánchez [subido a lomos de lo que el susanismo denomina “efecto Trump” o la corriente anti-establishment], y Patxi López. La opinión mayoritaria es que tal hipótesis está lejos de hacerse realidad. Fuentes socialistas aseguran que Díaz decidirá en su momento y en función de las circunstancias. 

Es desde luego un asunto que sobrevuela la cabeza de la “candidata” y sobre el que sus rivales son conscientes de reticencias en el entorno de la andaluza – empezando por su brazo armado, Mario Jiménez, a decir de las malas lenguas - ante el riesgo de verla sometida a la agresión de Sánchez, un escollo que da por cierto en el PSOE-A. Distintas fuentes apuntan a la influencia que para ella suelen tener las sugerencias de los suyos. Eso sí, también destacan la ausencia de una posición totalmente cerrada en este asunto. La última carrera en el año 2014 contó con un debate entre los entonces aspirantes en liza, el propio Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, y que se celebró en la sede federal del partido. 


Con ese antecedente sobre la mesa, la confrontación de proyectos entre candidatos supone, antes que nada, un derecho de la militancia. Susana Díaz debe saber leer con valentía y acierto los cambios producidos en los afiliados, cada vez más alejados de los aparatos anclados en unas formas de activismo político propias del siglo pasado. Difícilmente podrán justificar sus huestes una alergia a cotejarposiciones. Una negativa a debatir cuerpo a cuerpo con sus contrincantes sólo podría pasarle factura ante las propias bases socialistas.

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