20 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pedro y Pablo: de la hoguera de las vanidades a los juegos florales

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias este miércoles en el Congreso.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias este miércoles en el Congreso.

Uno se ha convertido en una "superstar" y el otro es claramente un cometa de larga cabellera, sin embargo su encuentro planetario ha evidenciado que siguen sin encontrar una órbita común.

Ha sido en miércoles, día que los romanos dedicaron a Mercurio, dios del comercio, y con Venus en Piscis, que según los astrólogos es un momento muy propicio para que los románticos se dejen llevar y hagan grandes sacrificios por amor. Pero ni por esas. El encuentro de Pedro y Pablo, una vez pasado por el tamiz que nos permite separar las florituras formales de lo mollar del fondo, ha resultado ser más de lo mismo.

Iglesias, al que no se le puede negar su educación exquisita para el detalle, ha escenificado su disposición al diálogo haciéndose "un Besteiro" que consiste básicamente en dimitir del cargo que nunca ha tenido, que en su caso es la Vicepresidencia que él mismo se otorgó.

Sánchez, por su parte, nos tiene -de momento- dándonos golpes de pecho a los malpensados que creíamos que iba a dejar a Rivera más plantado que un ciprés a la primera de cambio. No se puede descartar que lo haga a la segunda, pero todavía a estas horas se mantiene firme en su pacto con Ciudadanos haciendo imposible el triángulo escaleno del gobierno de los 199 escaños.

Resumiendo: que más allá de la satisfacción compartida con la que se han debido acostar Pedro, Pablo y Albert -por separado, claro- por haber convertido al Partido Popular en el equivalente político de la momia de Chulín, esto sigue siendo un revival de La Historia Interminable. Sánchez va a seguir, como Sherezade, hilvanando la ilusión del diálogo para evitar su ejecución; Iglesias continuará jugando al bingo de la gobernabilidad con dos cartones, el de las cesiones ficticias y el de las rebajas amañadas, al mismo tiempo, y Rivera intentará mantenerse en su papel de guardián de la moral, esgrimiendo su acuerdo con el PSOE para evitar la cópula política de Pedro y Pablo.

A ciento dos días de las elecciones, la vida, como diría Julio, sigue igual.

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