23 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Irene Montero, la ministra que expuso hasta a sus hijos y va dando lecciones

Irene, muy concienciada

Irene, muy concienciada

Ni perdón ni humildad: la irresponsable que azuzó las calles en plena pandemia reaparece para echarle la bronca a todo el mundo y hacerse la ofendida. Va a ser que no.

 

 

Irene Montero podría tener sección fija en El Azotador, pues sus constantes intervenciones se cuentan por una mezcla gloriosa de temeridad, arrogancia y una infinita capacidad de faltarle el respeto a una parte de la ciudadanía y a la inteligencia de toda ella al completo.

La First Lady de Podemos, viva prueba de la mujer puede llegar muy arriba en responsabilidades públicas sin haberlas tenido nunca en las privadas (su hoja de cotizaciones en la Seguridad Social es parecida a la lista de la compra de test de coronavirus del ministro Illa), ha vuelto al primer plano tras llevar desaparecida dos semanas, infectada justo después de vocear como pocas en las marchas del 8M.

Podría esperarse que, tras esa dolencia que felizmente ha superado y que ha puesto en jaque a todo el Consejo de Ministros y hasta a la Casa Real por el riesgo de contagio, la ministra de Igualdad volvería con algo de autocrítica y un poco de humildad.

 

 

Pero no, au contraire que diría un francés, Montero se paseó telemáticamente desde Galapagar hasta Al Rojo Vivo en La Sexta para reafirmarse en su discurso, negar toda negligencia en la convocatoria de manifestaciones en pleno auge de la pandemia y, cómo no, acusar de fascista, machista y mediopensionista a todo aquel que criticara esas concentraciones por razones estrictamente médicas.

 

Que en un país en el que casi nadie se puede hacer el test de detección temprana del COVID-19, muchos han perdido su trabajo o cerrado su comercio, otros tantos lo viven confinados  en 7o metros cuadrados con tres hijos y la abuela y miles de sanitarios se juegan la vida por atender el alud de enfermos; una ministra con todas las comodidades, atenciones y servicios pese a su irresponsabilidad se permita hablar así, es indecente.

La servidora a la que sirven

Cuando ella debía servir al país en su mayor emergencia en décadas; el país ha tenido que servirla a ella, que hizo lo contrario de lo que debía e hizo que muchos hicieran algo impropio, por no aguarse la fiesta ideológica de turno antes, eso sí de que el chófer la llevara en el coche oficial a su espectacular mansión en la "obrera" Sierra madrileña.

Vista su escasa contrición, solo cabe hacer una pregunta al aire. ¿Cómo a saber proteger Montero a nuestros ancianos, nuestros hijos, nuestros padres y a nosotros mismos si ha sido incapaz de protegerse a sí misma, a su marido y a sus tres niños? Por menos, a algunos les han visitado los servicios de protección a menores.

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