13 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Iglesias y Errejón son lo mismo: su lucha es por el poder en Podemos

 

 

La guerra fraticida en Podemos no es una disputa ideológica, política o institucional entre dos visiones antagónicas, o al menos distintas, representadas por dos de sus fundadores, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Es una burda pelea por el control interno de la formación, con ése u otro nombre, y por la elaboración de las listas electorales que llenarán de cargos públicos los ayuntamientos y Comunidades Autónomas de toda España el próximo mes de mayo.

En nada relevante de lo que ha hecho Podemos desde su fundación Errejón ha marcado distancias con su hasta ahora compañero y aliado: ni en las originarias propuestas demagógicas populistas ni en el origen compartido en el chavismo más funesto ni, por citar algún ejemplo más entre cien, en el asalto a La Moncloa en favor de Sánchez con la tutela de Puigdemont, Junqueras y Otegi.

La debilidad de Iglesias

La operación de Errejón y de Carmena es, por ello, una mera lucha interna por el control de una organización populista ante un Iglesias débil, desaparecido y rehén de sus flagrantes contradicciones personales; resumidas por su privilegiada forma de vida, el ascenso de su propia pareja y el cesarismo en una formación que se decía participativa y distinta.

La guerra civil en Podemos exhibe todas las miserias de sus dirigentes y de esa amalgama de confluencias, mareas y coaliciones meramente instrumentales

La guerra civil en Podemos exhibe todas las miserias de sus dirigentes y de esa amalgama de confluencias, mareas y coaliciones meramente instrumentales que siempre sirvieron para garantizar las cuotas de cada familia y no para cohesionar una supuesta pluralidad de pareceres e inquietudes.

El hundimiento estrepitoso de la marca central, mientras Iglesias sigue desaparecido en su ostentosa mansión en Galapagar, explica los movimientos de cada uno de ellos y los que pueden venir si Ada Colau, como parece, se suma al desafío.

Elecciones ya

Todo ello mina aún más la precaria presidencia de Sánchez, que a su propia debilidad parlamentaria le añade ahora las feroces disputas entre sus pilares interesados: con un independentismo fracturado también por el pulso entre Junqueras y Puigdemont por la hegemonía del soberanismo y un populismo ubicado en la confrontación interna; la endeblez del Gobierno socialista alcanzar límites ya insoportables. Y obliga a celebrar Elecciones Generales con urgencia.

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