26 de abril de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El máster de un país

La dignidad no puede aparecer y desaparecer en función del color político del afectado. Nadie de PSOE ni de Podemos puede pedir cabezas si no caen a la vez las propias por pecados similares.

 

 

La historia del máster de Cristina Cifuentes no define a una presidenta de una comunidad autónoma -al menos no sólo a ella-, define a un país, y explica por qué estamos como estamos en tantas cosas…

El socialista que promueve la moción de censura contra ella, José Manuel Franco,  mintió reseñando en su currículum una supuesta licenciatura en matemáticas que nunca llegó a poseer, y el podemita al que han escogido para liderar las listas en Madrid en caso de elecciones, Iñigo Errejón, está sancionado por la Universidad de Málaga por cobrar sin ir a trabajar en un puesto que exigía presencia física. 

En cualquier país de nuestro entorno, a ningún partido político se le habría ocurrido presentar como alternativa justo a dos personas que adolecen de la misma indignidad y en el mismo ámbito que la persona a la que quieren desbancar.

¿En serio puede hablar de Cifuentes un votante de Podemos que calla con Errejón, Monedero o Urban?

Pero aquí en España sí, aquí saben que los votantes no los penalizarán por eso, han conseguido que las personas sean ovejas anulando su espíritu crítico a base de fanatizar en el oído al que piensa diferente. 

¿De quién es culpa entonces? ¿De la Presidenta, de los candidatos de la oposición?  Quizás, pero sólo en parte.

 Es nuestra idiosincrasia como sociedad la que hace a los partidos no temer presentar a otros dos sinvergüenzas con  los mismos pecados que la supuesta pecadora. Los políticos han conseguido crear sectas a su alrededor, sectas que sólo ven la paja en el ojo ajeno, sectas cuyos miembros se indignan cuando el que roba es de los otros, y callan cobardes cuando es de los suyos. Sectas que han convertido la política en un partido de fútbol, donde tienes que ir siempre con tu equipo, pase lo que pase. 

Fanáticos

Fanatizar a tu gente a través del odio a los demás es la mejor manera de generar adeptos sin espíritu crítico, súbditos que justifiquen cualquier cosa en función de la pertenencia o no al partido.  

Hay que respetarse poco a uno mismo para ir corriendo al Facebook a poner un meme de la presidenta de la Comunidad de Madrid si eres votante de un partido que tiene al número 1 de esa comunidad también con su currículum falseado.

 

 

 

Pero no es sólo eso, no es que sea un fallo, no es que te creas o no la payasada de la disculpa:

“Eso no lo puse yo, me lo pusieron”; es que es algo habitual que saben que no penalizará entre los suyos, convertidos en rebaño que lo justificará todo si el autor tiene su mismo carné, pero a los que se les llenará la boca con la palabra dignidad si el que la hace tiene el carné de otro color. 

Pepiño Blanco llegó a ministro diciendo que era licenciado en derecho y no había aprobado ni primero de carrera, Elena Valenciano llegó al Parlamento Europeo mintiendo al atribuirse también ser licenciada en esa misma carrera, y así un largo etcétera de socialistos mentirosos. 

¿Con qué cara un votante socialista se va a las redes sociales a criticar a Cifuentes, si calló cuando los tramposos eran de los suyos? 

Un seguidor del PSOE no puede criticar nada si calló como calló cuando los tramposos eran suyos

 

¿En serio un votante de Podemos está legitimado para hablar de la presidenta del PP, cuando Monedero está sancionado por la Complutense, Errejón inhabilitado por la Universidad de Málaga y al euro-parlamentario Urbán se le ha caído sospechosamente una licenciatura en Historia de su currículum recientemente? 

¿Son los políticos corruptos e indignos o son sólo un reflejo de la sociedad en la que vivimos?  Si tanto te preocupa la mentira de Cifuentes, ¿no debería preocuparte más aún si la mentira viene de uno de los tuyos? Si callas cobarde unas veces, ¿por qué te pones tan digno en otras? 

Sólo un puñado de liberales rebeldes nos negamos a que la dignidad sea variable, y pedimos la dimisión de todos los mentirosos, sea cual sea su carné. Yo, que pedí la dimisión de Valenciano, y la de Errejón, sí puedo pedir la de Cifuentes… ¿pero tú?, que callaste cobarde, ¿qué vienes a pedir ahora?

Y en Andalucía...

Por cierto, creo que se está juzgando en Andalucía el caso de corrupción más grande, con más implicados y más dinero robado de la historia de la Unión Europea. Socialistas, comunistas y sindicalistas desviando los fondos de las personas más necesitadas, fondos de cursos de formación para parados.

Vamos a estar atentos no vaya a ser que un conglomerado mediático multimillonario esté queriendo desviar la atención de estos hechos con un máster en ética periodística.

 

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