21 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

× Home España Medios Tribunales Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía M. Ambiente ESdiario TV Mundo C. Valenciana Vanidad
Cierre perimetral en la Comunidad Valenciana / FOTO: Jorge Gil / Europa Press

Semana Santa ya está aquí

Mientras la cuarta ola acecha por los rincones y no somos capaces de calibrar las bondades de la vacunación, que va más lenta que el caballo del malo, se nos ha echado encima la Semana Santa

| Mónica Nombela Edición Alicante

Después de un año de pandemia, que se dice pronto, nos hemos acostumbrado al cambio de paradigma que nos ha llevado a vivir en las actuales condiciones. Recuerdo los primeros tiempos de incertidumbre, cuando creíamos que el encierro sería cuestión de poco tiempo y que después podríamos volver a lo que conocíamos como normalidad. Sin embargo, dicha normalidad que tanto añoramos no se atisba por el horizonte y nos hemos tenido que acostumbrar a la nueva situación, a la mascarilla que nos priva de la expresión de gran parte del rostro y que parece un bozal apto para acallar la sarta de quejas que, si no estuviéramos tan aburridos, proferiríamos con toda seguridad.

No solo es un gran negocio esto de obligarnos a enmascararnos sin discriminación alguna de las situaciones en que nos hallamos, lo que en muchos casos nos lleva al absurdo, por ejemplo, de portar el dichoso elemento cuando vamos solos dentro de nuestro coche, por simple despiste, o, lo que es peor, por la fuerza de la costumbre. La mascarilla es además un recuerdo constante de que no debemos relajarnos ni olvidarnos de lo que estamos viviendo. Así estamos sometidos al dictado de decisiones que en muchos casos son más que cuestionables, pero que pese a ello muchos aplauden, porque dan por hecho que quien nos gobierna las toma mirando por nuestro bien.

Mientras la cuarta ola acecha por los rincones y no somos capaces de calibrar las bondades de la vacunación, que va más lenta que el caballo del malo, se nos ha echado encima la Semana Santa, con lo que ello supone: vacaciones, niños sin colegio, buen tiempo, la gente deseando juntarse con la familia y amigos. Y la venida de los turistas que, si bien son una esperanza para nuestra maltrecha economía, también nos hace pensar en lo absurdas que resultan determinadas decisiones gubernamentales, que no se sostienen en pie de ninguna de las maneras. Me refiero a las restricciones a la movilidad a que estamos sometidos los residentes en España, frente a la laxitud con la que se trata la llegada de extranjeros. Digámoslo claro, esta decisión en concreto atenta contra el más esencial derecho constitucional, el de la igualdad ante la ley, que prohíbe la discriminación por ningún motivo. Lo que sucede es que, como no es la primera vez que se plantea una situación de este estilo y estamos además entre preocupados, algo perdidos y vivimos bastante aislados unos de otros como consecuencia de las restricciones, nos pilla poco peleones. Sin ir más lejos, el aeropuerto de Alicante recibirá más de 300 vuelos con 30.000 pasajeros durante la Semana Santa. A los británicos se les exige una PCR negativa, lo que tampoco significa gran cosa porque las pruebas fallan más que una escopeta de feria, y además el justificante podría falsificarse, pero algo es algo. Lo que tampoco se entiende que a los demás pasajeros se les exija la PCR de manera aleatoria, ¿estamos viendo a ver si suena la flauta, o es que vamos a bulto?, ¿por qué no aplican mismas medidas de control a todos los pasajeros?

No se pueden justificar medidas tan estrictas con las que tenemos que convivir los residentes en España desde hace tanto tiempo, en contraste con la libertad de los extranjeros para venir de vacaciones 

En la cara opuesta de la moneda, los cierres entre Comunidades abarcan desde el 26 de marzo hasta el 9 de abril y hay destinados nada menos que 64.200 policías y guardias civiles, a velar por el cumplimiento del cierre perimetral en los desplazamientos por carretera. Somos restrictivos con los residentes, pero al parecer con los que vienen de fuera hay barra libre, lo que no tiene explicación dentro de los parámetros de la lógica.  

No se pueden justificar medidas tan estrictas con las que tenemos que convivir los residentes en España desde hace tanto tiempo, en contraste con la libertad de los extranjeros para venir de vacaciones a nuestro país, con las consiguientes juergas callejeras después del toque de queda, como ya está ocurriendo en la capital, cuando hay tantas familias españolas que llevan meses sin poder reunirse. Un portavoz de la Comisión Europea, Christian Wang, recordó esta semana que se debería asegurar la coherencia en las medidas aplicadas en ambos casos, es decir en el ámbito interno y en la entrada de visitantes, dado que los virus no entienden de fronteras. Por su parte, la ministra Arancha González Laya insiste en que las medidas de España están alineadas con las recomendaciones europeas y que sí son coherentes, pero sinceramente sus decisiones no se sostienen y deberían revisarse. De hecho, ya lo están haciendo sobre la marcha, porque han tenido que corregir a todo correr la falta de exigencia de pruebas PCR a los visitantes que entran por carretera. Como siempre, vamos improvisando sobre la marcha y así ¿qué puede salir mal?

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora