| 06 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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El asco de la política

Busco mi refugio habitual en la literatura. Hoy no voy de novela negra ni de novela histórica. Hoy me dedico a la novela dulce, suave, tierna…

| Manuel Avilés Edición Alicante

Hemos entrado de lleno en un periodo de rebajas. Tenemos encima las elecciones municipales y las autonómicas. Todos piensan que son unas primarias para ver qué va a pasar en las generales y todos se pelean a ver quién promete más. Ya saben el viejo dicho que nunca había oído hasta que llegué a Alicante: mucho prometer… hasta meter. Después de metido, nada de lo prometido. He ahí la condición humana. Yo mismo hago examen de conciencia y de recuerdos tipo abuelo cebolleta: llegué a Alicante un verano tórrido y no encontraba pensión ni a la de tres. Con dos mil pesetas prestadas y una maleta que pesaba como una vaca muerta – también prestada- me arrastré por los alrededores de autobuses y, finalmente, junto a la estación del tren encontré un camastro infecto en lo que era una casa de putas – ahí empezó el libro #De prisiones, putas y pistolas-. Acojonado, virgen – pura verdad- y mártir, me costó trabajó comer un bocadillo de calamares en el antiguo Bar Colín, hoy una entidad no sé si financiera y entonces vecino de la casa de putas que ya he dicho. Me esperaba la cárcel vieja de Benalúa en la que me recibió un señor calvo que me voceaba y me daba la bronca por lo mal que funcionaba el centro y al que osé contestar: Si funciona mal, no será por culpa mía porque aun no he tomado posesión, cosa que quiero hacer hoy.

Vas mal, chaval  - dijo aquel señor calvo, malhumorado y vocinglero-, como si estuviera contagiado de los curas en los que estuve interno – mi vida ha sido un internamiento tras otro, de ahí que resista cualquier cosa y pueda pasar el desierto del Sahara solo con media docena de polvorones-, como si estuviera contagiado de los curas de mi colegio, añadió: aquí se viene a obedecer a los mandos, que somos los que llevamos el peso de la institución.

Ahí empecé a ver claramente que me iba a ir mal en la vida, vida que no pienso contarles porque tampoco es plan. Ahí vi cómo funcionaba el Estado, encarnado en el calvo voceras: sea usted un aborregado, obedezca y no cree problemas, que ya los mandos, los políticos, diputados, alcaldes, concejales, directores generales, ministros y demás recua, se ocupan de pensar por nosotros y decidir qué es lo que más nos conviene. Ustedes voten cada cuatro años, crean nuestras promesas aunque luego no las cumplamos, pelillos a la mar, y dejen de dar la lata.

Al final todos son iguales porque – me he dado cuenta en mi larga vida profesional- los sillones oficiales igualan a la gente. Miren, por ejemplo, los podemitas. Yo los llegué a votar tres veces e inmediatamente, con su líder, aquel señor de coleta a la cabeza, hicieron buena la profecía de George Orwell, La rebelión en la granja. Cayeron en la trampa, que te llama como las sirenas para embaucar a los marineros, del coche oficial, el chalet, la escolta, las dietas y los aplausos mientras andas subido en los estrados. Y siguen mintiendo, organizando líos, haciendo promesas imposibles, para enamorar a los ciudadanos, que los votemos y seguir disfrutando de sus chollos.

Yo, por ejemplo, ando ahora enamorado hasta las trancas – los amores de vejez son tórridos y volcánicos porque se terminan las posibilidades pero no las ganas- pero no tengo nada que ofrecer a la causa de mis desvelos, que – dicho sea de paso y en un alarde de  buen juicio- no me hace ni caso.

Estos no, estos ofrecen  con toda su jeta, aunque sea mentira: oiga que yo le quito el IVA de las compresas. Yo le doy más viajes del imserso. Yo le bajo la retención del IRPF. Yo le pago a usted el jarabe de la tos que ya lo habíamos quitado de la seguridad social. El mercado persa de Albert W. Ketelbey  - nótese mi cultura musical- es un mercadillo de mala muerte comparado con las ofertas que recibimos. Suben el tres y medio por ciento a los funcionarios y los pensionistas, abuelitos pacíficos, agitadores de banderitas y silbatos, no dicen nada de que la inflación va por el diez por ciento y nadie nos dice nada salvo que “los viejos viven demasiado y son una carga insoportable para el estado”. Seguid así, abuelitos, y vais a pasar más hambre que un caracol en un espejo.

Parece que quieran volver a las teorías del pecado original, donde los hijos pagan por los pecados de los padres

Los catalanes de Esquerra, rompen las relaciones con los de Puigdemont, cuando fueron al golpe en comandita. La ultraderecha, que era tan íntima de Olona – a mi me pone esa señora aunque no comulgue con sus ideas- que la empadrona en Granada, que la hace candidata andaluza, ahora abjura de ella y no quiere ni verla. Macarena, guerrera y marchosa, con ganas de darle alegría a su cuerpo, me decepciona saliendo en la foto con Mario Conde. ¡La madre que me parió!

Cuando esté más cerca de los setenta, edad en la que será imposible que mi amor me mire siquiera, edad en la que suelen dar la libertad condicional aunque no tengas cumplidas las tres cuartas partes, dado que a los viejos no los quieren ni en la cárcel porque rompen las estadísticas muriéndose y los presupuestos con el gasto en dietas y farmacias. Cuando esté en esa horquilla, si llego que no creo, contaré algo de la historia de Don Mario Conde en Alcalá Meco para que vean y entiendan por lo que uno ha pasado hasta llegar al anarcoide que soy.

Iba a hablar de Meloni, pero me corto. Leo en periódico cercano al gobierno que su padre fue condenado por narcotráfico en Mallorca. ¿Y? ¡Qué bíblicos se han vuelto! Parece que quieran volver a las teorías del pecado original, donde los hijos pagan por los pecados de los padres. De auténtico asco.

Por eso busco mi refugio habitual en la literatura. Hoy no voy de novela negra ni de novela histórica. Hoy me dedico a la novela dulce, suave, tierna… infantil. He tenido el honor y la suerte de conectar con tres mujeres de bandera y extraordinarias escritoras.

Soporto el asco gracias a mujeres como Inmaculada, Irene y Mercedes, grandes escritoras

Inmaculada Fuentes, bibliotecaria ilustradísima y agitadora cultural de Albatera, es una maestra  de la literatura para niños. Importantísimo papel porque el que no lee de niño, embebido en mariconadas, marcianos y “plaisesteichons”, será un adulto que tampoco leerá. Inmaculada ha escrito un delicioso libro para niños, “Eos”, que pueden leer los adultos. Un libro ilustrado en el que, metiéndose de lleno en la mitología griega, se dirige a las personas que han experimentado el amor – yo mismo-, han sentido las gotas de rocío, han mirado la luna y han soñado con ella. Inmaculada Fuentes coloca a la diosa Eos en lo alto de la creación y, en un relato de un preciosismo de orfebre, la describe como la que daba el color, la luz y la fertilidad a las tierras y a las montañas. Una pasada de libro para niños y también para sus padres, no hagan distingos con la buena literatura.

Inmaculada Fuentes

Irene Genovés, era una periodista de sucesos alicantina que, en una manifestación de inteligencia suprema, se ha reconvertido en escritora de lujo. “De tutucán a cantutú”. ¡Qué preciosidad de libro y qué espectáculo de presentación! El sábado por la mañana, en una librería alicantina, vi y disfruté de Irene, de su desparpajo, de su teatralidad interpretando a un monstruo volador que estornudaba por las manos. Las marionetas volaban con los estornudos y los niños y su padres – yo no era ni una cosa ni otra, sino un espontáneo amigo de Irene que aterrizó por allí tras su invitación- se quedaban boquiabiertos con las aventuras del dragón transportados al mundo mágico de Irene.

Termino con otra mujer excepcional, jubilada, de esas que los políticos gilipollas quieren quitarse de en medio aunque tengan miedo de admitirlo abiertamente – también a mi porque somos una carga para el Estado, vean a la Unión Europea de Pensionistas que tienen mucho que decir de eso-. Mercedes García, asturiana recia, poeta que inicia su andadura como novelista con un libro  delicioso: “Bruma”. No lo voy a reventar. Búsquenlo y léanlo. Un abuelo, que no sabe si se llama Belarmino o Ramón describe su estancia en un asilo, una residencia de ancianos. No nos dejan dormir la siesta para que lleguemos con sueño a la noche y no demos la lata. Hoy la comida ha sido muy buena, será que viene alguien importante y quieren impresionarlo. Con una mezcla impecable de dulzura y tristeza, Belarmino pasa revista a su vida, se hace el tonto o el listo, según le interesa, planea fugarse y ve venir la muerte, esa realidad inevitable contra la que nos inventamos religiones, mitos, reencarnaciones y otras bobadas para poder soportar una evidencia insoportable. Lean Bruma, dulce y amargo a la vez.

Soporto perfectamente con estas autoras brillantes, Inmaculada, Irene y Mercedes, el asco que me causa la información política, la megalomanía del hijo de Putin, la caída de las bolsas que nos hace cada día más pobres aunque no tengamos dinero en ellas, las promesas vacías e incumplidas, la ignorancia de mi  amor de vejez, los misiles anti tanque que se amontonaban en los almacenes y están siendo disparados a mansalva en la guerra de Ucrania. Soporto el asco gracias a mujeres como estas, grandes escritoras.

NOTA.- El gato tuerto está saliendo del horno y ya mismo en la calle. ¡Al loro!