09 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Cada 23 de abril se conmemora el Día del Libro

Todo está en los libros

Lo de ser machacones y palizas con el discurso inclusivo resulta tan tedioso que al final se pierde lo esencial, que es comunicar determinadas ideas

| Mónica Nombela Edición Alicante

Esta semana estamos celebrando el Día del Libro. Cada 23 de abril, las Naciones Unidas celebran también el Día del Idioma Español, conocido asimismo como Día de la Lengua Española, para apoyar el conocimiento de la historia y la cultura y el desarrollo del multilingüismo. Miguel de Cervantes, el genio universal de las letras españolas, autor de la obra más emblemática y conocida de la literatura universal, El Quijote, reconocida como la primera novela moderna, falleció precisamente ese día de 1616. Es, por tanto, un día muy especial porque se reconoce en el ámbito internacional la importancia de  nuestro idioma. La lengua sirve para crear el pensamiento, y la nuestra tiene tantos matices, tal riqueza de expresiones y vocabulario, es tan hermosa que todos los españoles tenemos sin duda el deber de conocerla, como bien dice la propia Constitución Española en su artículo 3. Y hay 572 millones de personas que la hablan en el mundo, solo por eso deberíamos tenerle algo más de respeto.

Considero que la Real Academia Española realiza una labor ingente, como se indica en el primero de sus estatutos, que recoge que su principal misión es velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. En este sentido, se ha posicionado en contra de utilizar “-e” en forma de lenguaje inclusivo en pronombre, sustantivos y adjetivos, así como otros símbolos como “@” o “x”. El masculino gramatical funciona en nuestra lengua, como en otras, como término inclusivo para aludir a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos.

Muchas mujeres no nos sentimos discriminadas por el hecho de que se utilice el masculino como genérico. De hecho, y por poner un ejemplo, me sentía tan perteneciente al Colegio de Abogados cuando se denominaba así que desde que se empezó a utilizar, siguiendo la moda, la denominación de Colegio de la Abogacía, a mi parecer más impersonal y que en puridad excluiría a los no ejercientes, dado que el término abogacía se refiere al ejercicio de la profesión y no así a las personas que integran la institución.

Lo de ser machacones y palizas con el discurso inclusivo resulta tan tedioso que al final se pierde lo esencial, que no es, como algunos pretenden, la instrumentalización de la lengua como propaganda política, sino comunicar determinadas ideas. El mensaje en sí es lo importante, y eso de “todos, todas y todes” es, simplemente, tan ridículo como quien lo promueve, en su afán de notoriedad y de pasar a la posteridad por hacer algo. “Ojo, que yo fui la que introdujo en nuestra lengua lo del género indefinido”, supongo que dirá un día orgullosa la ministra Montero. Madre del amor hermoso, cada vez que habla, sube el pan, ¿dónde andará el “Tío la vara”?

Lo importante es hacer entender a los niños, desde temprana edad y siempre con el ejemplo como base del aprendizaje, que las mujeres estamos en el mismo escalón que los hombres

Por otra parte, al no ser práctico es imposible que se logre imponer en el uso cotidiano de la lengua, que se basa en la sencillez y la economicidad de palabras por regla general. Estoy con Pérez Reverte cuando criticaba hace unos días unos libros de texto de 2º de la ESO, de los que decía estaban escritos por idiotas para fabricar idiotas. Tenemos el deber con las nuevas generaciones de transmitirles una formación adecuada, correcta, de calidad alta, en la que la exigencia esté acorde con el mundo tan cambiante en el que se van a tener que desenvolver en la era digital. Sólo así tendrán la oportunidad, y España como país, de mantenerse a flote. Engañamos no solo a los alumnos sino también a sus padres cuando bajamos el listón en la educación y pretendemos pasar por importantes cuestiones que son absolutamente secundarias, cuando no naderías.

La igualdad entre hombres y mujeres es un presupuesto base absolutamente incuestionable, que no se va a defender mejor por hablar de una manera que suena a chiste de Gila, pero desfasado y además contado sin ninguna gracia. Lo importante es hacer entender a los niños, desde temprana edad y siempre con el ejemplo como base del aprendizaje, que las mujeres estamos en el mismo escalón que los hombres, con nuestras diferencias y nuestra complementariedad, con lo que nos une y nos identifica como seres humanos que somos, independientemente de otras connotaciones como el género, el color de la piel o el lugar de origen. Considero que ese es el camino que deberíamos transitar todos como sociedad; de hecho, en muchos aspectos hemos dado pasos de gigante en las décadas precedentes, pero no debemos relajarnos ni dar el trabajo por concluido, porque aún nos queda mucho recorrido. Y debemos, sin duda, potenciar la lectura como herramienta de formación y progreso de primer orden. Es una suerte que al menos un día al año recordemos la importancia de los libros.

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora