08 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

× Home España Medios Tribunales Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía M. Ambiente ESdiario TV Mundo C. Valenciana Andalucía
El proceso de vacunación es desigual en distintas partes del mundo / HUGO AMARAL / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO

Una novela alemana

Las mujeres escriben más y mejor que nosotros y nos dan clase en casi todo, menos esa lumbrera que ahora quiere inventarse un género nuevo: niño, niña, niñe. Todos, todas y todes

| Manuel Avilés Edición Alicante

Los sucesos: Igor el ruso es juzgado en Teruel y todos pretenden afirmar que está loco porque la gente es tan torpe que tiende a confundir locura con maldad. La política: se ha declarado la batalla por la Comunidad de Madrid y todos dicen que estas elecciones van mucho más allá de una consulta autonómica  y que hay que verla como espejo del Estado, que nos jugamos la desaparición de Ciudadanos; el hostión que se va a pegar Iglesias porque el gobierno no quema, lo que quema es estar en la oposición; y el crecimiento rampante de los populares que ven en Madrid el inicio de la reconquista. Las vacunas, que no son sino política y los políticos, en lugar de los especialistas, deciden a qué edades vacunan y a cuáles no. Y yo me quejo porque veo cómo llaman a gente mucho menor que nosotros mientras que a otros nos mantienen arrumbados. Veo vacunarse a Ximo Puig y a Ábalos, que son más o menos de mi quinta,  y me pregunto ¿hay que ser un jefazo de la política o hay que teñirse el pelo porque con canas y desahuciados no vacunan y nos dejan para el arrastre?

Mi idea es que a falta de viajes en el Imserso y que los abuelos  “andemos afonaos” subiendo cuestas, mirando monumentos del románico palentino, o  viendo cómo nos sube la tensión en esas playas de Benidorm, es mucho mejor liquidarnos por el coronavirus y mucho más silencioso porque nadie es culpable de la epidemia. ¿Dónde están esos vacunódromos multitudinarios y qué hay que hacer para acceder a ellos?

¿Por qué en el Reino Unido, en Estados Unidos y no digamos en Israel, vacunan más rápido que aquí y anda ya mucha gente sin mascarilla? ¿Por qué en Madrid – donde dicen que hay mayor índice de contagiados- tienen un horario más amplio que en la comunidad valenciana y aquí tienen que andar los hosteleros haciendo caceroladas en la puerta del palacete de las Brujas? Misterios de la política y de la inoperancia. Siendo mal pensado y con la mala leche saliéndome por las orejas, en mi calidad de anciano anarquista,  creo que esto es una estrategia para aliviar la ruinosa hucha de las pensiones. Sigo ojo avizor y vigilo la prensa a ver si eso que repite el señor Puig, de instalar vacunódromos gigantes, no se queda en una mera medida publicitaria. Me da que han puesto al frente de toda la pandemia al director de emergencias  valencianas que no vale ni para resolver una raíz cuadrada. Me recorro Alicante todos los días, a pie, paso a paso y fijándome, y veo esto más muerto que vivo en todos los terrenos. Mucha promesa, verborrea política a tope, pero la depresión en todos los terrenos se ve mires a donde mires.

Decía el viejo profesor, Tierno Galván, el alcalde de los bandos barrocos, que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas. Los políticos – grandes vividores salvo honrosas excepciones-  están convencidos de que el conjunto de la población somos medio imbéciles y, de una elección a la siguiente, se nos olvidan las cosas. Por eso sus estrategias – Iván Redondo, Tezanos, Arriola, MAR,  el campeón lanzando huesos de aceituna, etc…- es prometer grandes cosas y luego dejarlas en el baúl de los olvidos hasta que se pudren de puro aburrimiento.

Olvidad esos cantos de sirenas y esas promesas que me huelen a electoralismo que tiran para atrás

Les pongo un ejemplo. Yo no tengo ya nada que ver con las cárceles, que con cuarenta años y la pila de sindicalistas que soporté ya he ido arreglado y amortizado. Veo, porque los amigos de Infoprisiones me siguen mandando noticias cada día, que los populares, andan prometiendo una ley de la función penitenciaria que va a ser una bicoca. Van a dar medios hasta que rebosen por todos los sitios y harán que todos los funcionarios tengan la consideración de agentes de la autoridad para que una agresión a un trabajador en el interior de una cárcel no salga casi gratis. No solo eso, los populares de varios sitios – creo que Cuenca, Burgos y Cáceres- se movilizan como cuando las campanas tocan a un incendio y piden y apoyan la creación de un Instituto de formación penitenciaria a la voz de ya.

Mi pregunta es simple. Aznar gobernó hasta cansarnos. Con el intermedio de Zapatero, Rajoy gobernó también hasta el aburrimiento. Con Mayor Oreja, el propio Rajoy, Zoido y el de la policía patriótica…. este… Fernández Díaz, aquel a quien el ángel de la guarda le buscaba aparcamiento. Con todos esos hubo un mismo secretario general de prisiones. ¿Por qué no hizo nada de eso con el tiempo que tuvo? ¿Qué hizo en tantos años?

Las mujeres escriben más y mejor que nosotros y nos dan clase en casi todo, menos esa lumbrera que ahora quiere inventarse un género nuevo: niño, niña, niñe. Todos, todas y todes. No cabe un tonto más en este país

En  1995, con Juan Alberto Belloch de ministro de Justicia e Interior, yo acompañé al director general, David Beltrán, y nos reunimos en Valencia, al más alto nivel con la Generalitat, que mandaba Zaplana y con el Ayuntamiento, que mandaba Rita Barberá. La propuesta era – con planos del edificio y con el presupuesto que pagaba el ministerio en un 65%- hacer ese Instituto de Formación y de Archivo Penitenciario, en la vieja cárcel de Valencia que acabábamos de cerrar   para inaugurar Picassent. El proyecto – insisto con planos y memoria y todo- estaba hecho y suponía tres millones de euros de los que Madrid ponía dos y Valencia uno. Se firmó todo, prometieron y… no hicieron nada. De modo que olvidad esos cantos de sirenas y esas promesas que me huelen a electoralismo que tiran para atrás.

Ya me he cabreado otra vez y he tenido que refugiarme en la literatura. Las  mujeres me matan, me acomplejan y me hacen nacer una envidia negra como la conciencia de un alcalde corrupto. Las mujeres escriben más y mejor que nosotros y nos dan clase en casi todo, menos esa lumbrera que ahora quiere inventarse un género nuevo: niño, niña, niñe. Todos, todas y todes. No cabe un tonto más en este país.

Evelyn Kassner, una señora de ascendencia alemana pero alicantina de adopción me ha hecho llegar su novela: La casa de las flores blancas. Lo ha hecho casi con timidez, casi con miedo. Me la ha mandado casi excusándose, diciendo que lo hace desde la modestia de una escritora novel

Ya querrían muchos escritores que se dicen consagrados, que sacan pecho y se engolan y mueven la cabeza dándose aire como los pollos de César en Los idus de marzo de Thorton Wilder, ya querrían muchos tener la capacidad de fabulación, la maestría al enlazar escenarios, la pericia para dar saltos en el tiempo hacia atrás y hacia adelante y en el espacio desde Madrid a Alemania y desde Malpica  a Baden Baden. Ya querrían la destreza de escritora de esta chica, joven y señora.

Si algún agente de la autoridad se les acerca en un parque, en la playa, en un banco de Luceros o encaramados en el puente rojo, pásenle una nota con el título y que disfrute también

Evelyn Kassner, desde la nada y pidiendo perdón por ser escritora novel, consigue crear una novela de muchísima enjundia que no sé si tratar solo de novela negra o de novela histórica injertada en la mayor negritud. Menos mal que han sido unos días ventosos, lluviosos, desangelados y grises. Menos mal que no me he ido a leerla a la playa porque el disfrute habría trascendido y algún policía despistado podría, incluso, haber tipificado mi conducta lectora como escándalo público.

Kassner, en La casa de las flores blancas, comienza hablando de una bróker forrada de pasta que ha podido permitirse un año sabático en Baden Baden,  una preciosa ciudad alemana, en la selva negra y casi una ciudad imperial  - por suerte o desgracia conocí de niño esa ciudad, pero en el sector pobre. Mi padre, un memo que, además de pobre y emigrante ilegal era de derechas, aterrizó tras muchas fatigas en Pforzheim, cerquita de Baden Baden, y allí nos fuimos todos casi de la misma manera que llegan aquí los chiquillos en las pateras-.

La bróker forrada alquila en Baden Baden un casoplón, incluso mejor que el de Galapagar por las descripciones que hace, que ha pertenecido a unos nobles. Por allí pasó, porque no solo los Austrias y los Borbones eran dados a las excursiones erótico festivas, el zar Alejandro II y allí le puso los cuernos al barón Von Friedman. Ahí comienza la negritud de la novela. Hay sospechas de que el zar, guaperas y con derecho de pernada,  embarazó a la baronesa en una tarde-noche de refocile salvaje. Un partido leninista, oscuro y críptico, como toda organización cuasimafiosa, lucha por La Causa y no quiere que resurja en ningún sitio y bajo ninguna condición la estirpe de los monarca-tiranos rusos.

Ya tienen servida la novela, el novelón hay que decir, de Evelyn Kassner. Pasen y disfruten. Si algún agente de la autoridad se les acerca en un parque, en la playa, en un banco de Luceros o encaramados en el puente rojo. Si se les acerca y los sorprende al borde del éxtasis, si quiere multarlos por disfrutar en tiempo de pandemia y con toque de queda, pásenle una nota con el título y que disfrute también él. O ella.