| 02 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Evacuación de la población desde el aeropuerto de Kabul / Planet Pix Via ZUMA Press Wire
Evacuación de la población desde el aeropuerto de Kabul / Planet Pix Via ZUMA Press Wire

De Sánchez a Ayuso, pasando por Kabul

Mientras España siga siendo un Estado, las tropas ciudadanas que acuden a las urnas resultan numéricamente muy superiores a quienes quieren descuartizar esta nación de naciones

| Pedro Nuño de la Rosa Edición Alicante

De fracaso en fracaso hemos llegado hasta la derrota final trasconejados en el aeropuerto de Kabul amogollonando escapados en aeronaves panzonas, mientras los talibanes disparan sobre todo lo que se mueve cual si fuesen corridos patos de feria. Occidente superrico, hipertecnológico y presuntuoso dueño del mundo, huyendo de cuatro asaltacorrales fervientes de la Yihad y anatemizadores de la democracia pagana. En Vietnam los Estados Unidos solitarios perdieron la primera guerra; en Afganistán, con todos sus aliados, entre los que se encuentra España, han vuelto a ser derrotados vergonzosa e ignominiosamente. 

Hace unos días partió un destacamento de los "boinas verdes" desde su acuartelamiento en Alicante, y por lo que le cuentan a sus familiares (dentro de la discreción militar que impone ayudar en una fuga de semejante calado y complejidad del desorden encontrado) aquello es espantoso, cruel y apocalíptico con el replique de los fusiles ametralladoras en lugar de las trompetas de Jericó. La Babilonia afgana habla árabe, inglés de secundaria y otro montón de idiomas ininteligibles entre sí, aunque los actos y los signos lo dicen todo: gilipollas el último en salir. 

Como contaba este diario, hasta el mismísimo Juan Luis Cebrián, el gurú del periódico iniciáticamente sustentador de una rive gauche posmoderna de los años 80 en adelante, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y veraneante luxury con ese guapo que llevan los tumbados al caminar, no ha sabido sacarnos de semejante merdé con mediana dignidad patria; ni que decir tiene el resto de medios de comunicación inflándolo a denigrantes vituperios, por incompetente e irresoluto; y, añade un servidor, presidente tan escapista él como para mandar a Margarita Robles (buena jurista y mejor política) para traerse de allí a más vivos que ataúdes salvando lo indispensable de nuestros pertrechos en esta desbandada que algunos comparan con las primeras escaramuzas rifeñas antes del desastre de Annual. 

Si las secuelas de la guerra contra Abdelkrim trajeron a la larga el advenimiento de la II República, tras la breve Dictablanda, hoy no caerá Felipe VI cómo talmente se desplomó entonces su bisabuelo Alfonso XIII, corresponsable con Primo de Rivera de no devolver el país a la democracia. En la actualidad, con una democracia asentada (aunque aún le falta el hervor de tres o cuatro generaciones) resulta más sencillo y menos traumático cambiar de coalición gubernamental, sin cambiar coronas ni sistema político de gobernanza. Es decir, echar a Pedro Sánchez para poner a la señora Isabel Díaz Ayuso, versión "typically spanish" y castiza de una cabeza admirablemente estructurada, la teutona Ángela Merkel (no es igual pero es lo mismo). 

Pedro Sánchez es capaz de sacrificar cualquier persona o asunto de Estado con tal de salvaguardar su almohada en La Moncloa

Mi opinión personal es que nadie levantará el dedo preguntando por Pablo Casado cuando la batalla electoral sea a cara de perro/a. Se ha dado la circunstancia de que habituales votantes de centro e incluso de centro izquierda y hasta podemitas votaron en las últimas elecciones madrileñas a esta dama de titanio, Isabelita con cara de Blancanieves, y no solo en contra del socialista sabio apático, Ángel Gabilondo, sino y además ignorando al vocero e intelectual gramciano Pablo Iglesias, quien, como Boabdil, vive ahora el suntuoso destierro de quien no supo, ni pudo, defender el Puente de los Franceses, dejando a Unidas Podemos en la indigencia político-social. 

Mientras España siga siendo un Estado, todo lo federalista que quieran, pero Uno, las tropas ciudadanas que acuden a las urnas resultan numéricamente muy superiores a quienes quieren descuartizar desde Cataluña o el País Vasco esta nación de naciones. Y con toda probabilidad Isabel Ayuso, al igual que antes lo hizo Pedro Sánchez visitando todas las taifas socialistas, recorrerá el país con un mensaje tan simple como adecuado: no más separatismos desestructuradores porque juntos mantenemos un peso específico en el ámbito europeo y mundial; generar trabajo para recuperar la sangría de los ERTEs; y allá cada cual con las beligerancias que declare, y nada de guerras al moro siempre y cuando respete Ceuta y Melilla como avanzadillas de la Unión Europea en el norte de África. 

Pedro Sánchez es capaz de sacrificar cualquier persona o asunto de Estado con tal de salvaguardar su almohada en La Moncloa, incluso prescindió de su fontanero y altere ego Ábalos, pero su capital político se desgasta por días y lo único que puede intentar en esta caída libre será hacerlo a cámara lenta. El boom sanchista se ha quedado en la crónica de una muerte anunciada que ya no hay nadie que le escriba al coronel del chotis.