| 25 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Vista general de una votación en el Congreso de los Diputados / E. Parra. POOL / Europa Press
Vista general de una votación en el Congreso de los Diputados / E. Parra. POOL / Europa Press

De matria seca, pandemia y España multinivel

La meritocracia ha pasado en muchos casos a mejor vida y algunos tienen, en cambio, un doctorado cum laude en conspiraciones de pasillo, mucho más útil en estas lides

| Mónica Nombela Edición Alicante

España lucha como cada verano contra los incendios que la asolan de punta a punta y que pueden acabar convirtiéndola en un erial, en una matria seca, como diría la portavoza de lo más granado y fashion del ala oeste del Gobierno, que, teniendo tanto que callar para que no se le noten sus desbarres más de la cuenta, se atreve en plan aguerrido con los neologismos. El acabose. De poco sirve que alguien así pretenda, en una de sus ya famosas performances, darnos teóricas lingüísticas que tumbarían de un plumazo al mismísimo Lázaro Carreter si levantara la cabeza. Una mujer divertida sí es Yolanda Díaz, jopé, y un montón, además. Lo más alucinante del caso es que dicen que es la política más valorada de España, lo que debería someterse inmediatamente a estudio. Mi teoría es que, dado que los españoles no nos creemos ya a -casi, por no ser rotunda- ningún político, se ve que el que obtiene más puntos es el más simpático, lo que bien mirado no es tampoco un criterio desdeñable dadas las circunstancias. Lo cierto es que este Gobierno está consiguiendo algo insólito, que es la democratización más radical, el acercamiento de la política a la calle y viceversa, las cajeras suben al Gobierno mientras los licenciados se presentan a centenares para un puesto de ordenanza o de auxiliar administrativo en el Ayuntamiento de Altea. Algunos no están ahí gobernándonos por méritos académicos, y perdonen que sea tan antigua por pretenderlo, sino por otros menos demostrables con un currículo en mano, pero posiblemente más eficaces desde el punto de vista de las escaladas hacia el poder. La meritocracia ha pasado en muchos casos a mejor vida y algunos tienen, en cambio, un doctorado cum laude en conspiraciones de pasillo, mucho más útil en estas lides. Evidentemente hay quien sí se lo ha currado en el Gobierno a base de codos, pero en este momento haría falta precisamente que todo el equipo estuviera formado por gente muy preparada, la mejor, para poder afrontar la necesaria salida del túnel en el que se halla la economía de demasiados hogares en nuestro país. La fe mueve montañas, pero necesitamos ver y tocar para creer que saldremos de esta reforzados, como dice triunfalista Sánchez, aunque ya a estas alturas la mayoría se conformaría con seguir más o menos igual que antes, entonando el “Virgencita, Virgencita, que me quede como estaba”.

España en particular y el mundo en general pueden convertirse en poco tiempo en una tierra yerma, manifestación de que el cambio climático no es un cuento chino, le pese a quien le pese por los motivos que saltan a la vista y que el calor consustancial a estas épocas del año en tierras mediterráneas nos pasa una factura demasiado elevada, cuyas consecuencias a futuro son impredecibles. Hay quienes dicen que a la vuelta de cincuenta años en España no se podrá vivir debido a las altas temperaturas, señal de que la cosa se está poniendo caliente y no es un decir.

El Gobierno anda a vueltas con el Proyecto de Ley de Memoria Democrática. Para Carmen Calvo era su joya

Mientras los incendios nos desertifican cada vez más llevándonos a la órbita contraria del progreso, porque queman los bosques, los animales, los insectos, destruyen ecosistemas y hacen desaparecer especies de flora, es decir, mientras todo desaparece; y mientras la pandemia sigue incomprensiblemente desatada en España, a pesar del encomiable gran esfuerzo en la vacunación, a la que me sometí la pasada semana, el Gobierno anda a vueltas con el Proyecto de Ley de Memoria Democrática. Para Carmen Calvo era su joya, entendámonos, cada uno tiene sus gustos y hay gente para todo, pero hay quienes creen que, en caso de aprobarse, esta ley en minúsculas fulminaría el espíritu de la Transición. Como considero que con dicha norma se trata de desnaturalizar y desautorizar todo el trabajo previo que se realizó en pro de la concordia y la paz tras la dictadura, y como además el tema del franquismo me resulta pesado, manido, aburrido, cero interesante, nada erótico y festivo, a la par que trasnochado y un torro en definitiva, y no veo sino oportunismo político consistente en rebañar los huesos de algo ya previamente comido y digerido, y además me niego a creer que esta deba ser una prioridad gubernamental precisamente en este momento, no puedo por menos que manifestar mi más absoluto rechazo frente a lo que creo una decisión perfectamente prescindible. Y les hablo de esta ley como podría hablarles también de la de eutanasia, y aprovecho para contestarle a mi colega Avilés, por alusiones, que no es que esté en contra de que exista una ley de eutanasia, sino de que se haya aprobado con tanto fallecimiento alrededor a causa de la pandemia, lo que denota un mal gusto impresionante a la hora de legislar, y además del modo que se ha hecho, sin consultar a los comités de bioética sobre el particular, pese a ser un tema tan especialmente sensible. Es decir, a mi parecer se trata de una norma precipitada e inoportuna por demás. Otra a sumar a la lista.

 

Confiemos en que las vacaciones del presidente por EE. UU., puesto que no sabemos a qué ha ido de visita y presupongo que a pasearse, nos lo devuelvan más fresco y dispuesto para ponerse a trabajar en las necesidades reales de la gente. Ni la España multinivel para tratar de encajar la Cataluña de los independentistas en el traje a medida de sus aspiraciones en el toma y daca que se traen, ni estas leyes prescindibles nos van a aportar a los españoles lo que necesitamos en la actualidad para superar la pandemia, conseguir mejorar el empleo y poner nuestro país en marcha, en definitiva. Ya no les hablo de retos mayores, como el progreso y esas cuestiones utópicas, que dejaremos para después de las vacaciones.

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora