20 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Playa del Postiguet de Alicante

Cien euros de multa

Este año de pandemia, y tantos eventos luctuosos como hemos vivido en este tiempo, a lo que nos han conducido sin duda es al miedo, y el miedo es un instrumento de dominio de primer orden

| Mónica Nombela Edición Alicante

Tras  más de un año de pandemia, por fin se aprobó el pasado  29 de marzo la Ley 2/2021, de medidas urgentes de prevención, contención y coordinación para hacer frente a la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19. Suponemos que cuando califican esta ley de urgente no se estarán refiriendo a las prisas que han tenido en dictarla, puesto que han necesitado más de un año, después de la declaración del estado de alarma por medio del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, para hacerlo.

Hasta ahora y durante este último año nos habían venido gobernando a decretazo limpio, lo que sin duda es más aquí te pillo, aquí te mato, pues, aunque sea una solución más rápida, no es precisamente la fórmula más ortodoxa en democracia cuando se convierte en lo habitual. Y, encima de lo que han tardado en aprobar la norma, algunos artículos, como el relativo al ámbito de aplicación del artículo 2, parece que los hubieran redactado los hermanos Marx y que fuera parte integrante de la famosa escena del contrato, de su película “Una noche en la ópera”.

Ha sido un año convulso, y es un alivio saber que cada vez tiene una menor incidencia el virus, debido a que ya muchas personas se han contagiado y, en la mayoría de los casos, se han inmunizado; a que otras muchas personas se han vacunado, especialmente los mayores de 80 años, así como parte del personal de riesgo y de servicios esenciales; y que también, por desgracia, el virus se ha llevado por delante a muchas personas, la mayoría especialmente vulnerables, aunque no únicamente. Si vamos cada vez a un mayor porcentaje de población inmunizada frente al virus, no es comprensible que precisamente en este momento se recrudezcan las medidas obligatorias de protección, como ha hecho la Ley. 

El dichoso coronavirus SARS-CoV-2 es ya, querámoslo o no, parte de nuestra vida y muchos científicos vaticinan que terminará en unos meses convirtiéndose en una enfermedad común. Odio que hablen de Nueva Normalidad, así, en mayúsculas, como un penoso aviso por parte del Gobierno para que ni soñemos con regresar a la auténtica normalidad, que era la de antes y no esto de ahora, cuando visitábamos y abrazábamos a nuestros padres, celebrábamos los cumpleaños en familia, quedábamos a mogollón con los amigos, nos perdíamos en locales atestados de gente, y nos rozábamos unos con otros sin darle mayor importancia a esa intimidad compartida con desconocidos. Eso era lo normal, y no que la policía se dedique, como ocurrió en Bélgica esta misma semana, a disolver a cientos de jóvenes reunidos en un parque a cachiporrazo limpio.  

Recordemos que en 2018 fallecieron en España 15.000 personas a causa de la gripe, lo que supone la nada desdeñable cifra de 41 personas de media al día. El número de fallecidos a causa del COVID-19 en España actualmente está alrededor de 150 al día. Si bien sigue siendo una cifra elevada, ha habido muchos días que la cifra no ha llegado a 100 personas. Me pregunto una cosa, si llegáramos a 41 fallecidos al día, ¿seguirían imponiéndonos el uso de mascarillas?

A mi parecer no está justificada la obligatoriedad de su uso, en los términos en que se ha aprobado en la mencionada Ley 2/2021. En el apartado a) del artículo 6 de esta Ley se dice que las personas mayores de seis años quedan obligadas al uso de mascarilla en la vía publica, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público, o que se encuentre abierto al público. Lo de los espacios al aire libre es tan absurdo que los presidentes de dos comunidades autónomas se han opuesto a su aplicación, la valenciana y la balear, que recordemos están gobernadas por el PSOE, y hasta el propio Ministerio de Sanidad anda viendo, al parecer, de qué manera bordearla. Menudo estreno.  

Dado que la obligatoriedad en el uso de las mascarillas, tal y como se ha planteado en la nueva Ley, no se sostiene en la lógica ni en la ciencia, puede que lo que pretenden en realidad sea hacer caja, a base de multas de cien euros a quienes no las lleven. Recordemos, una vez más, que Fernando Simón empezó diciendo al principio de la pandemia que el uso de las mascarillas no era necesariopero poco a poco nos han ido llevando a todos a mentalizarnos de su necesidad y de ahí a que pensemos que son parte inseparable de nosotrosEste año de pandemia y tantos eventos luctuosos como hemos vivido en este tiempo, tantas restricciones y prohibiciones, tanto bombardeo de noticias sin tregua alrededor del mismo tema por parte de todos los medios de comunicacióna lo que nos han conducido sin duda es al miedo. Y el miedo es un instrumento de dominio de primer orden.  

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora