| 20 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Teresa, víctima de abusos del ex de Mónica Oltra: "No guardo rencor a nadie"

Inicia una nueva vida. Ha conseguido un trabajo y cambia de ciudad con su compañero. Teresa, la niña que fue víctima de abusos por el marido de quien debía protegerla, responde.

| Pedro Nuño de la Rosa Edición Alicante

No tuvo una infancia feliz, ni siquiera normal en su acepción más común y convencional. Tampoco pudo disfrutar de la agradable y desenfadada pubertad que viven las chicas. Toda su difícil subsistencia desde que tuvo uso de razón para la supervivencia ha transitado entre la soledad y el desarraigo, intentando mantenerse persona y quizás ahora, en la recién estrenada juventud, el porvenir sea más benevolente con ella.

Vive con su hija y un muchacho que la adora. Se lo ha ganado porque Teresa no pidió venir al mundo para que la vida la zarandeara con crueldad infrahumana cuando no tenía siquiera las agarraderas de una familia. Desde muy niña entró y salió (de grado, a la fuerza o escapándose) de los centros de acogida. Esos lugares donde la sociedad del bienestar generalizado y de la buena conciencia legal manda a los outsiders para que no incordien hasta la mayoría de edad en la que legalmente los garantes de su mantenimiento alimenticio y educativo pueden eludir sus responsabilidades de tutela y amparo.

A Teresa le pones un magnetofón delante y puede describirte en primera persona las vicisitudes, tribulaciones y desgracias de una cría sin progenitores mínimamente sólidos para formar una estructura parecida a una familia convencional, y su relato por contemporáneo resulta superior en su crudeza, actualizado a día de hoy, que las decimonónicas novelas de Dickens, Zola o Galdós. Entonces había lazaretos y casas de “arrecogida”, las diferencias de clase eran abismales y los infanticidios por descuido, desnutrición o abandono a su indefensa suerte, usualmente tan asumidos como generalizados.

Hoy, al menos sobre el papel constitucional, desde la más tierna niñez hasta el final de la adolescencia que ya los categoriza como seres responsables de sus actos, los hijos de familias desestructuradas, huérfanos sin acogida cercana, o simplemente vástagos a quienes sus padres no pueden mantener con la mínima dignidad, deben estar protegidos (Artículo 39 de la Constitución Española) por las instituciones ad hoc, garantizándoles una estancia y manutención sanas, además de los estudios que pueda cursar cualquier muchacha o muchacho de su edad.

No parece haber sido ese el caso de Teresa, a quien fuimos a ver en su casa situada en una populosa ciudad salinera alicantina. No sólo sufrió malos tratos por parte de sus hipotéticas cuidadoras, sino que un abyecto vigilante se masturbaba con ella creyéndola dormida. Me dijo que nadie la había creído nunca en ese recinto donde escuchar y comprender a personitas tan desarraigadas como indefensas debiera ser mandamiento para unos espíritus y personalidades en formación.

De hecho, cuando quiso contar los abusos sexuales del visitador nocturno, Luis Eduardo Ramírez Icardi, tampoco le hicieron el menor caso, ni siquiera la psicóloga ante la que denunció las iniquidades del vigilante, por lo que acudió a la Policía, quienes después de muchos interrogatorios y pesquisas, la creyeron en todo su terrible y vejatorio relato. Los tribunales, no sólo han avergonzado en su sentencia de cinco años de cárcel a culpable abusador, sino que han escarnecido y puesto en evidencia al centro valenciano de acogida y tutelaje.

Cuando quiso contar los abusos sexuales del visitador nocturno, tampoco le hicieron el menor caso, ni siquiera la psicóloga ante la que denunció

Ya sabemos de la ocasional sordidez de estos severos internados para algunos chavales que no son en absoluto fáciles educandos dada su trayectoria vital, y probablemente el incidente no hubiese merecido más allá de un suelto en páginas par de sucesos, o algún que otro comentario en los programas televisivos donde manda el morbo.

Pero héteme aquí que el sucio onanista con mano ajena, resulta ser el exmarido de la consellera y vicepresidenta del Gobierno valenciano, Mónica Oltra, la persona que tenía en uno de los centros de menores. La noticia salta a primera página, abre noticiarios radiofónicos, la oposición en Les Corts pregunta, y la señora Oltra después de un baño de lágrimas consolada por el presidente Ximo Puig, responde a la oposición tachándola de obscena e indeseable removedora de los peores detritos ajenos a la ética y estética políticas.

Y es ahí donde se equivoca la consellera de Igualdad y Políticas Inclusivas, ella que también tuvo una infancia complicada. Lo casual y hasta anecdótico es que el delincuente hubiera sido su marido legal cuando se produjeron los hechos abusivos. Lo esencial es que caen dentro de sus competencias y principales dedicaciones. Oltra es la consellera responsable de los centros de menores, y de lo que ahí suceda, y según la Fiscalía, no se actuó de forma diligente ni correcta con Teresa. Y desde luego debe dar respuestas concluyentes y convincentes, como cualquier otro conseller o consellera cuando un suceso de este calibre afecte al departamento del que se es el último y máximo responsable.

Ni siquiera, según nos contó Teresa, Mónica Oltra ha sido capaz de llamarla interesándose por su situación, y eso ya roza la insensibilidad cruel o el desapego con algo que le afecta, por desgracia para ella, aunque sea indirectamente desde un pasado sórdido. Mandar que se le degrade al abusador de empleo y sueldo, es una obviedad innecesaria porque no creemos que pueda simultanear la cárcel con su antiguo puesto de trabajo. A Teresa la Administración no le hizo “ni puñetero” caso, lo que no sé es si por pura incompetencia, o por sordina al ruido mediático. Esa administración casualmente la dirige la ex mujer del cuidador condenado por abusar de la menor. 

Qué menos que un gesto de afecto y conmiseración. Ahora Teresa, según me contaba, ya no lo necesita. Después de ir de casa en casa entre amigos y familiares cargados de humanidad, viendo el programa la serie televisiva 'La casa de papel', alguien habló de un lugar en la costa alicantina que ella ni siquiera conocía. Y allí que se fue con su amor y su bebé, donde pudimos entrevistarla. La pareja paga su alquiler en un piso digno, ambos trabajan, son felices. Hoy Teresa inicia una nueva vida para por fin pasar página mientras las condenas judiciales a su abusador se ratifican y cercan el futuro político de la que debió protegerla, la Administración valenciana y, en este caso paradojas de la vida, la que era mujer del acosador

Pese a la publicado, Teresa asegura que no se le facilitó vivienda ni ayuda alguna. Y subraya que  "no guardo rencor a nadie", ni con el acosador ni con aquellos que deberían de haberla protegido.