ricas y (casi) famosas

Astrid Gil-Casares, la protagonista del divorcio más caro de España

Su matrimonio con Rafael del Pino, presidente de Ferrovial, se rompió en 2016 y llegaron a los tribunales por la cuantía de la indemnización y la pensión que ella exigía al padre de sus tres hijas.

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Astrid Gil-Casares vuelve a la novela con No digas nada (Huso Ediciones). Una novela desde la que retrata la clase alta. Un mundo que ella conoce por pertenecer a él desde su nacimiento. Esta la tercera novela de Gil-Casares que lleva años convertida en autora y guionista de cine. Un territorio, el de la creación literaria, al que dio el salto después de protagonizar uno de los divorcios más comentados en los últimos años en España.

Su padre es el ingeniero naval Santiago Gil-Casares y su madre la segunda esposa de éste, la francés Astrid Marie Marlie. Astrid nació el 16 de febrero de 1973 y pasó las tardes de su infancia en el Club de Campo de Puerta de Hierro. En esos años cimentó amistades que duran hasta hoy como la que le une a Isabel Sartorius.

Astrid Gil-Casares.

Lo cierto es que siempre ha estado bien conectada. Su abuelo paterno, José María Gil-Casares, fue un prestigioso médico gallego que se casó con Carmen Rafaela Armada Comyn, hija del marqués de Santa Cruz de Rivadulla. La abuela paterna de Astrid era hermana del general Alfonso Armada y Comyn, conocido sobre todo por su implicación en el intento de golpe de Estado que tuvo lugar el 23 de febrero de 1981.

Astrid no siguió ni la carrera de las armas ni la de medicina, ella optó por el mundo financiero estudiando económicas en ESADE. Al acabar sus estudios se fue a trabajar a la banca Rothschild en París durante un año. Luego se instaló en Londres. Así pasó parte de su juventud en la capital británica trabajando en bancos de inversión como la célebre JP Morgan. Además, sacó tiempo para crear una empresa, Gil-Casares Consultant Limited, dedicada a la asesoría comercial y financiera.

En 2004 su vida cambio cuando acudió a ver a Madrid a Rafael del Pino, el 'amo' de Ferrovial. Entre ellos nació un romance que culminó en boda en junio de 2006. Astrid Gil-Casares dejó entonces sus actividades empresariales, aunque trasladó la domiciliación de su compañía a la casa que compartía en la urbanización madrileña de El Viso con el presidente de Ferrovial.

Casada con Rafael del Pino

Aunque empezaron su relación en 2004, realmente se habían conocido en una fiesta en Londres. Su boda el 10 de junio de 2006 en la iglesia de la Asunción de Chinchón (Madrd) fue una cita para los miembros del jet set. Ella lució un vestido de Manuel Mota para Pronovias en una ceremonia que contó entre sus invitadas con varias de las protagonistas de las revistas del corazón como Isabel Preysler, Eugenia Martínez de Irujo o su amiga de infancia Isabel Sartorius.

Tal y como confesaría en una entrevista era incompatible ser la mujer del presidente de Ferrovial con ocupar un cargo en el sector financiero. Se centró en la familia que creó con Rafael del Pino con el que ha tenido tres hijas. Si embargo, amor llegó a su fin y fue de una manera poco amigable. Fue un divorcio contencioso que incluso llegó al Tribunal Supremo.

En mayo de 2016 la prensa empezó a hablar de una separación inminente. Gil-Casares llegó a emitir un comunicado en el que desmentía su idea de abandonar el hogar. Sin embargo, el texto era casi una confirmación a la contra como el tiempo acabó de demostrar. La pareja acabó en los tribunales y el empresario fue condenado a pagar seis millones de euros a Astrid Gil-Casares. La Audiencia Provincial de Madrid dictaminó que Rafael del Pino debía abonar una pensión compensatoria de 75.000 euros. El presidente de Ferrovial recurrió al Tribunal Supremo. El Alto Tribunal estimó parcialmente el recurso y rebajó la cuantía que tendría que pagar el empresario: indemnización de 840.000 euros y pensión mensual de 21.000 euros.

Cambio de look y de vida 

Tras su divorcio, Astrid di un giro radical a su vida. Por dentro y por fuera. Pasó de la melena rubia de 'señora bien' a un rapado y varios tatuajes cubrieron su cuerpo. Entre otros, y además del nombre de sus hijas, se tatuó una cita de Winston Churchill que el premier pronunció en el momento más duro de la II Guerra Mundial: "I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat" (No tengo nada que ofrecer sino sangre, trabajo, lágrimas y sudor).

Boda de Astrid Gil-Casares y Rafael del Pino.Europa Press

También tras su separación de del Pino dio rienda suelta a su parte más creativa y debutó en el cine como guionista con la comedia ¿Qué te juegas? (2019) dirigida por Inés de León y cuyo rol protagónica recaía en una conocida de Astrid, Amaia Salamanca esposa de Rosauro Varo. Producida por Bowfinger International Pictures de la que es socio Santiago Segura, también contó con un cameo de la íntima amiga de Astrid, Isabel Sartorius. Finalmente, el debut en pantalla grande de al que fuera primer gran amor de Felipe VI, se eliminó del montaje final. No sólo ha estado detrás de las cámaras, sino que también actuó para un videoclip de Juan Peña en 2023.

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Aunque donde parece sentirse más cómoda es en el ámbito de la escritura. Debutó con la novela Nadie me contó (Esfera de los Libros, 2020). Un texto en el que muchos quisieron ver reflejada su propia historia personal con Rafael del Pino. Dos años después llegó su segunda novela Ese jueves al anochecer me subía al tren (Circulo Rojo, 2022).