Así es Cristina Figueroa Domecq, nueva condesa de Romanones, que continúa el legado de su abuela espía
Discreta y alejada de la prensa rosa, combina su labor académica en turismo y género con la gestión del legado cultural de su abuela, Aline Griffith, espía de la CIA y figura influyente. Viuda desde 2019, vive dedicada a sus hijos y a la fundación condesa de Romanones.
Cristina Figueroa con su madre, Lucila Domecq.
El BOE en su edición del 7 de octubre recoge que ya hay nueva condesa de Romanones. Se trata de Cristina Fátima Figueroa Domecq que ha accedido al mismo por "fallecimiento de su padre, don Álvaro Figueroa y Griffith" y "previo pago del impuesto correspondiente" y así lo ha determinado el ministerio de Justicia "en nombre de Su Majestad el Rey".
A pesar de que es un título reciente tiene Grandeza de España y es uno de los condados más populares del país. Este título fue otorgado en 1893 por la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena al bisabuelo de Cristina, Álvaro de Figueroa y Torres, un destacado político que ocupó cargos como presidente del Consejo de Ministros, ministro y alcalde de Madrid, fue elevado a Grandeza de España en 1910 por Alfonso XIII.
Cristina Figueroa Domecq, de 48 años, sobrina de la fallecida Sandra Domecq, exesposa de Bertín Osborne, es nieta del II conde de Romanones, Luis de Figueroa, hermano de Agustín Figueroa, marqués de Santo Floro y padre de Natalia Figueroa y, por tanto, suegro de Raphael. El título en tiempo del abuelo de Cristina, sin embargo, sería más popular por su esposa, la estadounidense Aline Griffith.
Aline era una figura influyente, amiga de personalidades como Cayetana de Alba, Lola Flores, Ronald Reagan, la duquesa de Windsor y Ava Gardner. Organizaba fastuosas fiestas en su mansión de El Viso en Madrid y en su finca extremeña, Pascualete. En este entorno sofisticado crecieron sus nietos, hijos de Álvaro y Lucila, quienes se casaron en 1973 en una gran boda en Jerez, cubierta por la revista Semana, que destacó el "impresionante juego de esmeraldas" de Lucila, herencia de Aline, adquirido años después por Corinna Larsen en subasta. Por si le faltase poco interés a su biografía. Aline confesaría en los años 80 que durante años fue espía de la CIA y que realizó importantes trabajos para la Inteligencia norteamericana en la España de Franco.
De los cinco hijos de Álvaro y Lucila (Cristina, Carla, Álvaro, Lucila Lulú y Alonso) Cristina destaca por su discreción, heredada de su padre, quien evitaba la prensa rosa. A diferencia de su hermana Carla, conocida por posar en Interviú y su relación con Willy Bárcenas, o Lulú, pintora e influencer que abraza la atención mediática, Cristina ha optado por una vida reservada, alejada de los eventos de la alta sociedad y las redes sociales. La separación de sus padres, tras la cual Lucila rehízo su vida con el empresario Polo Villamil en 2016, y el ictus que dejó a Álvaro en silla de ruedas en 2015, apenas trascendieron públicamente.
Dedicada al ámbito académico
Cristina es catedrática en el departamento de Economía de la Empresa de la Universidad Rey Juan Carlos, donde recientemente fue nombrada Coordinadora del Programa de Doctorado Interuniversitario en Turismo. Licenciada y doctora por la Universidad Autónoma de Madrid, tras cursar el COU en el colegio Nuestra Señora del Recuerdo, fue profesora en la Universidad Europea de Madrid durante siete años y realizó investigaciones en la Universidad de Surrey en Reino Unido.
Especializada en turismo, comercialización e investigación de mercados, está entre las 150 personas más influyentes del sector turístico. Es autora de dos libros, Mujer y alta dirección en el turismo (2016) y Brecha salarial e igualdad de género en las empresas turístico-hoteleras (2018), y lideró un estudio de la OTAN para mejorar la participación de mujeres en el ejército, reflejando su compromiso con la igualdad de género.
Aline Griffith.
Se casó en la intimidad con José Díaz-Guardamino Müller, controlador aéreo en el aeropuerto de Barajas, conocido como Josefo por sus colegas. Apasionado de los deportes, especialmente de la Fórmula 1 y el tenis (era seguidor de Rafa Nadal), José tocaba la guitarra eléctrica en el grupo de rock Botas Sucias, inspirado en la canción de Barón Rojo. La pareja tuvo dos hijos, Crista y Guido. Trágicamente, José falleció a los 44 años el 5 de abril de 2019 en un accidente de motocicleta en la Glorieta de Bilbao, Madrid. Sus exequias se celebraron en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en Neguri-Getxo. Sus compañeros le dedicaron una sentida carta, escrita por Adolfo García Sánchez, destacando su carácter apasionado, generoso y su entusiasmo por actuar en el escenario, a menudo junto a su cuñado, Adrián Saavedra, esposo de Lulú Figueroa.
Viuda a los 42 años, Cristina quedó devastada y desde entonces se dedica al cuidado de sus hijos, ya casi adolescentes, mientras continúa su labor académica y su participación en la fundación condesa de Romanones, creada por Aline para preservar su legado y promover iniciativas culturales. Como patrona de la fundación, junto con cinco de los trece nietos de Aline, Cristina mantiene un fuerte vínculo con la memoria de su abuela, a quien admira profundamente.