Lucia Etxebarría hiela a sus amigos desde el hospital: "Si sois creyentes, rezad por mí"
La escritora, Premio Planeta o Nadal, preocupa a todos sus seguidores confesando en las redes su estado de salud y un diagnóstico médico nada favorable.
Lucía Etxebarría. en una imagen de archivo.
La mañana de este pasado lunes, el timeline de medio país amaneció con un golpe inesperado: Lucía Etxebarria, Premio Planeta o Nadal, escritora polémica y figura hiperactiva en redes, escribía desde una habitación de hospital. No era un posado ni una escenificación: era un aviso. Un mensaje crudo, directo y escrito sin anestesia —como acostumbra— para anunciar que atraviesa “un problema relativamente serio” cuya sombra podría acompañarla “meses”.
Nada de lamentos, nada de vídeos lacrimógenos. Etxebarría, con 58 años y dos décadas largas de hablar claro incluso cuando le ha salido carísimo, insinuaba gravedad y a la vez trataba de desactivar el pánico. No quiso revelar el diagnóstico —“para evitar dramas innecesarios”— pero sí alertó de las consecuencias inmediatas: su vida profesional queda en suspenso. “Gran parte del tiempo lo tengo que pasar en la cama y otra en rehabilitación”, escribió, explicando que ni siquiera puede comprometerse a entrevistas o directos: “No sé si en el momento de la cita voy a tener un ataque de dolor y voy a tener que meterme en la cama”.
Una fragilidad que sorprende en alguien acostumbrado a pelear con uñas y dientes en cada debate público, desde el feminismo hasta la Ley Trans. Pero esta vez el combate para Lucía Etxebarría es otro. “No me voy a morir ni nada por el estilo”, aclaró, consciente del efecto multiplicador del alarmismo digital, antes de lanzar una petición poco habitual en ella: “Si eres creyente, agradecería que rezaras por mí”.
En su perfil de X publicaba el texto sin más, mientras que en Instagram sí publicaba una fotografía, desde su estancia en el hospital, en la que aparece una pantalla de televisión con un cartel de avería e informando que llamarán a los pacientes “por nombre”. Debajo, el típico y sanitario mensaje de “silencio por favor”.
La autora lleva años hablando abiertamente de sus problemas de salud: ansiedad, depresión y una enfermedad autoinmune que reveló en 2023, “agudizada por el estrés y la edad”, según explicó entonces. Sus redes —un espacio donde alterna consejos para controlar la ansiedad, batallas culturales y relatos íntimos— han sido también escenario de duelos personales, como la muerte de su madre, “una mujer excepcionalmente inteligente y aguda”, escribió en 2022.
Pero esta vez la inquietud es distinta. Y, según ha comprobado ESdiario, 24 horas después de publicar su mensaje la escritora sigue recibiendo decenas de comentarios, mensajes privados y respuestas públicas en X e Instagram. Un torrente que mezcla apoyo, preocupación y la inevitable especulación que ella misma trató de frenar huyendo del detalle médico. No es frecuente verla pedir ayuda. Tampoco verla tan expuesta.
Etxebarría, siempre envuelta en polémicas —declaró hace poco que “cuando me opuse a la Ley Trans, me cancelaron una serie”— suele ser un imán de titulares por cuestiones ajenas a la literatura. Esta vez, el foco se ha desplazado a su vulnerabilidad. A un cuerpo que le está diciendo basta. A una realidad que ninguna polémica tapa: la necesidad de parar.
El mensaje, por incómodo que resulte para sus detractores, es claro y sin adornos. No busca compasión. No busca viralidad. Solo pone sobre la mesa un hecho: la recuperación será larga, imprevisible y, por primera vez en mucho tiempo, necesita que alguien —lectores, amigos o incluso adversarios— le sostenga un poco la fe que a ella ahora mismo le falta.
Lucía Etxebarría vuelve a estar en el centro de la conversación. Esta vez, por algo que no eligió. Y quizá precisamente por eso, su mensaje ha resonado más fuerte que nunca.
Chismógrafo
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Alba Molina López