Cisma en Zarzuela: Letizia se va a vengar del Rey Emérito y trascenderá públicamente
La Reina lo tiene claro. Será un gesto pero que va a eclipsar el almuerzo de reconciliación en El Pardo. Ella no está dispuesta a ceder esta vez y en la Casa Real lo saben.
Felipe VI, Doña Letizia y el Emérito, en el 60 cumpleaños de la Infanta Elena en 2023.
Lo que parecía un tímido intento de Felipe VI por recomponer los lazos internos de la familia —esa maniobra que adelantó ESdiario del Rey con sus hermanos— está a punto de estropearse. Porque, mientras Don Felipe mueve piezas para rearmar un equilibrio sentimental roto desde hace años, la Reina Letizia prepara un gesto tan calculado como demoledor: no aparecerá en una sola fotografía con Juan Carlos I durante la celebración del 50 aniversario de la monarquía.
Ese será su golpe. Silencioso, sí, pero profundamente visible. Una venganza que trascenderá públicamente y que amenaza con desbaratar la armonía que Felipe VI intenta coser a marchas forzadas.
La presencia de Don Juan Carlos en el almuerzo familiar del 22 de noviembre no ha sido un camino sencillo. El Emérito se negó en un primer momento a asistir. Se siente —y así lo ha dicho en privado— desplazado, relegado a un segundo plano en un aniversario que, en su opinión, pertenece a su legado tanto o más que a su hijo. Su ausencia en el acto institucional del Congreso ha terminado de encender su malestar.
Ha sido Felipe VI quien, con un telefonazo directo, ha conseguido arrancarle un sí. No por cariño, no por convicción, sino por responsabilidad. “El Rey está dolido, decepcionado y muy molesto con el proceder de su padre, pero su presencia es necesaria”, admiten fuentes del entorno más cercano a Palacio.
Es decir: Juan Carlos irá… pero irá a disgusto. Y eso, en Zarzuela, se nota.
Posición inflexible de Letizia: línea roja que se notará
Si en el primer artículo explicábamos cómo Felipe VI decidió invitar a sus hermanas pese al rechazo de Letizia —una desobediencia suave, pero desobediencia al fin— ahora emerge la otra cara del tablero: la Reina no dará un paso atrás en su guerra particular con el Emérito.
No quiere posar con él. No quiere aparecer en una foto donde figure. No habrá instantánea oficial que los reúna.
Y el mensaje está claro:
No existe reconciliación posible con quien la ha señalado, cuestionado y humillado entre líneas en su libro Reconciliación.
Letizia está profundamente herida. Considera que esas palabras han cruzado un límite personal y han contaminado el clima institucional. Y ahora, en el momento más simbólico de la Corona desde hace años, hará visible ese malestar.
Felipe VI aspiraba a otra cosa. A un cierre de heridas, a un gesto de normalidad interna, a una fotografía que hablara de continuidad. Por eso decidió, contra el criterio de su esposa, volver a incluir a las Infantas Elena y Cristina. Y por eso negoció personalmente con su padre para que acudiera.
Se imaginaba una escena coral, multigeneracional, con los Borbones y los griegos bajo un mismo techo, como en los viejos tiempos. Una celebración familiar para reforzar el mensaje institucional.
Pero el almuerzo del 22 de noviembre en El Pardo ya no es eso.
La presencia de las Infantas, de la Princesa Irene y de miembros de la familia griega dibuja una foto amplia, casi dinástica. Pero la ausencia —visual— de Letizia junto al Emérito será el gran titular.
Queda ver si Letizia extremará el distanciamiento hasta el punto de evitar coincidencias incluso en los recorridos internos, o si limitará su gesto únicamente al terreno fotográfico.
Queda ver cómo encajará Juan Carlos I esa humillación pública en un aniversario que él consideraba propio.
Y queda ver cómo sobrevive Felipe VI a una jornada diseñada para unir… y destinada a mostrar que la unión aún está lejos.
Chismógrafo
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Isabel de Dios