Pedro Sánchez, aterrado con la maniobra del Rey Felipe y la Guardia Civil: la UCO acecha Moncloa

En Presidencia se respira un ambiente de paranoia con la Benemérita. La última decisión, en un contexto de las malas relaciones entre el Gobierno y la Casa Real. Involuntariamente del Jefe del Estado ha hecho saltar las alarmas

Pedro Sánchez (y el Rey Felipe VI, en una foto de marzo de 2025.Europa Press

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El último movimiento ordenado por el Rey Felipe VI en el corazón de la Casa Real ha tenido un eco inmediato más allá de los muros de Zarzuela. El relevo en el mando de la seguridad del complejo —con la Guardia Civil asumiendo el control operativo en detrimento de otros cuerpos— no es solo una decisión técnica o protocolaria. En La Moncloa se ha interpretado como algo más: un gesto cargado de simbolismo en un momento político extremadamente delicado.

Según les hemos  contado en ESdiario, el monarca ha impulsado un giro radical en el sistema de seguridad de la Casa del Rey, confiando la dirección a la Benemérita. Una decisión que se produce en plena tormenta judicial y política, con la UCO de la Guardia Civil investigando varias tramas de corrupción que cercan al entorno del Gobierno, al PSOE y, de manera especialmente sensible para Pedro Sánchez, al ámbito familiar más próximo.

En el Palacio de la Moncloa no ha pasado desapercibido. Todo lo contrario. Fuentes próximas al Ejecutivo reconocen que Sánchez ha recibido este cambio con profundo malestar, convencido de que Felipe VI está “primando” a la Guardia Civil en un contexto en el que la Unidad Central Operativa se ha convertido en el gran quebradero de cabeza del presidente.

La UCO investiga causas que afectan de lleno al núcleo duro del poder socialista: desde tramas de corrupción vinculadas a dirigentes del PSOE, hasta las investigaciones que rodean a Begoña Gómez, esposa del presidente, y a David Sánchez, su hermano, ya con procedimientos judiciales en marcha. En este escenario, el refuerzo institucional —aunque sea indirecto— de la Guardia Civil se percibe en Moncloa como una señal incómoda, incluso hostil.

Una fuente próxima al Ejecutivo lo resume sin rodeos en conversación con ESdiario: “Pedro Sánchez ve la UCO en todas partes”. No es una frase retórica. Es una descripción del estado de ánimo que se respira en el entorno presidencial, donde se ha instalado una auténtica obsesión con las investigaciones policiales y con quienes las dirigen.

Este clima no surge de la nada. En las últimas semanas han salido a la luz maniobras opacas para desacreditar o neutralizar a la UCO, protagonizadas por la conocida como “fontanera” del PSOE, Leire Díez, que habría actuado —según diversas informaciones— bajo las órdenes directas del secretario de Organización socialista, Santos Cerdán. Una operación subterránea que pretendía sembrar dudas sobre la actuación de los investigadores y erosionar su credibilidad, y que ha terminado por agravar aún más la sensación de cerco.

Con este precedente, el movimiento del Rey adquiere otra dimensión. En Zarzuela se insiste en que la decisión responde exclusivamente a criterios de eficacia, coordinación y seguridad, y que no tiene lectura política. Pero en política —y más aún en un contexto de alta tensión institucional— los gestos pesan tanto como las palabras.

El hecho de que sea precisamente la Guardia Civil, y no otro cuerpo, la que asuma el control refuerza una percepción que inquieta al presidente: la de una institución que no solo investiga sin mirar colores políticos, sino que ahora recibe también un respaldo implícito desde la Jefatura del Estado.

Para Sánchez, acorralado por los escándalos de corrupción, por las causas judiciales que afectan a su entorno más íntimo y por un desgaste político evidente, el cambio en Zarzuela no es un simple ajuste interno. Es, en su lectura, una advertencia silenciosa. Un recordatorio de que hay instituciones que siguen funcionando al margen del poder político y de sus intentos de control.

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El choque no es frontal ni público, pero es real. Y revela hasta qué punto la UCO se ha convertido en el gran fantasma que recorre los pasillos de La Moncloa. Un fantasma que, ahora, Pedro Sánchez cree ver incluso en las decisiones del Rey.