Gabriela Guillén, en la ruina: desahuciada y con una deuda de 60.000 euros

La ex de Bertín Osborne pierde su centro de estética en el Barrio de Salamanca tras su paso por 'Supervivientes' y emprende acciones legales por una presunta expulsión ilícita.

Gabriela GuillénEuropa Press

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Sara Conde

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El horizonte profesional y financiero de Gabriela Guillén se ha oscurecido de manera drástica. Poco más de un año después de haber inaugurado con gran expectación mediática su exclusivo centro de estética en la capital, las puertas del negocio se han cerrado definitivamente. La esteticista se enfrenta a una coyuntura alarmante: el proyecto que concibió para asegurar la estabilidad de su hijo lactante se ha disuelto por completo, abriendo un frente de desesperación económica absoluto.

La trastienda de este descalabro empresarial ha salido a la luz en el plató de Y ahora Sonsoles de la mano de la periodista Beatriz Cortázar. El relato de los hechos describe una desprotección total. Guillén se ausentó de España durante cuatro semanas para participar en el reality Supervivientes. La sorpresa mayúscula llegó a su regreso de Honduras en abril, cuando constató que el local comercial, situado en la cotizada milla de oro del Barrio de Salamanca, ya no formaba parte de su patrimonio ni se encontraba bajo su gestión. "Se ha encontrado con que ya no tiene el local en el que estaba su empresa", revelaba Cortázar este viernes.

Denuncia en los juzgados y un agujero financiero

La gravedad del asunto ha empujado a la paraguaya a poner el caso en manos de las autoridades policiales y judiciales. La madre del hijo menor de Bertín Osborne ha formalizado una denuncia penal contra la persona responsable de haberle arrebatado la posesión física del establecimiento. Aunque este litigio se encuentra en una fase inicial y requerirá un prolongado recorrido en los juzgados de instrucción, la pérdida inmediata del espacio ha supuesto el cese fulminante de su actividad comercial, desmantelando sus ingresos ordinarios de la noche a la mañana.

A la pérdida del inmueble se suma una estructura societaria completamente desintegrada. Gabriela se ha quedado desamparada, sin el respaldo de la socia inversora con la que abrió el centro a finales de 2024 y teniendo que asumir en solitario una deuda acumulada que se sitúa en el entorno de los 60.000 euros. Este pasivo; derivado de las pólizas de inversión inicial, los costes fijos de mantenimiento del costoso barrio madrileño y los gastos corrientes devengados durante su inactividad, ha dejado sus cuentas bajo mínimos.

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Este revés financiero dinamita las previsiones de una mujer que había invertido todos sus ahorros y esperanzas en este negocio, reconociendo en sus canales digitales que el esfuerzo económico para levantar el cierre había sido titánico y que se había visto obligada a contraer obligaciones crediticias. La ilusión de aquella apertura, que contó con el respaldo de múltiples celebridades de la crónica social, ha dado paso a una profunda preocupación por la subsistencia diaria.