El privilegio de Andrés de York que indigna a los británicos: su funeral real aún figura en los planes secretos del Gobierno

Carlos III le quitó los títulos y lo apartó de la vida pública, pero hay algo que la Corona británica todavía no ha borrado: su nombre de los planes secretos para su funeral.

(Príncipe Andrés del Reino Unido, duque de York.DPA vía Europa Press

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El expríncipe Andrés ha perdido casi todos los privilegios que durante décadas le acompañaron como miembro de la familia real británica. Ya no tiene títulos, no ejerce funciones oficiales y su imagen quedó profundamente dañada por sus vínculos con Jeffrey Epstein. Pero hay un último privilegio que, al menos de momento, continúa intacto.

Su funeral sigue estando contemplado en los planes de contingencia del Gobierno británico.

La revelación resulta especialmente llamativa porque pone de manifiesto hasta qué punto la maquinaria de la Corona puede sobrevivir incluso a quienes han dejado de formar parte de su escaparate público. Según documentos publicados por Mail on Sunday y confirmados por Royal Central, el duque de York continúa incluido en una lista confidencial de miembros de la familia real cuyos funerales se preparan con años de antelación dentro de las conocidas como operaciones bridge.

Buckingham Palace no ha querido confirmar oficialmente estos preparativos. Tampoco lo han hecho el propio Andrés ni la Oficina del Gabinete. Pero las informaciones conocidas apuntan a que el protocolo no ha desaparecido: simplemente habría sido modificado después de que Carlos III retirara a su hermano en 2025 el tratamiento de Alteza Real y su condición de príncipe.

Es decir, Andrés ha sido expulsado de la vida pública, pero la burocracia de palacio todavía guarda una carpeta con su nombre.

Windsor, Frogmore y un último adiós con sabor real

Los detalles del funeral permanecen bajo secreto, pero las especulaciones ya han puesto nombre a algunos de los escenarios que podrían formar parte del dispositivo.

La capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor, aparece como el lugar más probable para una ceremonia que, en ningún caso, supondría una rehabilitación pública del duque de York. Allí se celebraron las exequias de Isabel II y del duque de Edimburgo, dos de los funerales más importantes de la reciente historia de la monarquía británica.

El destino final podría ser Frogmore, el cementerio real donde descansan Eduardo VIII y Wallis Simpson, entre otros miembros de la familia.

El dinero público vuelve a poner a Andrés contra las cuerdas

La posibilidad de que los contribuyentes británicos tengan que asumir parte del coste del dispositivo ha levantado una nueva oleada de críticas.

Sarah Ferguson y Andrés de York en el funeral de Constantino de Grecia.Europa Press

Gloria Allred, abogada estadounidense que ha representado a varias víctimas de Epstein, ha cuestionado abiertamente que Andrés pueda recibir los honores asociados a un funeral real y ha advertido de que semejante gesto podría enviar un mensaje negativo a las víctimas.

Más contundente todavía ha sido el abogado Spencer Kuvin, quien ha considerado “una vergüenza para la Corona” que pudiera utilizarse dinero público para financiar parte de las exequias.

La polémica tampoco se ha quedado fuera del Parlamento. La conservadora Alicia Kearns ha sido tajante al sostener que no existe ninguna circunstancia en la que Andrés deba recibir un funeral de Estado.

Carlos III y Camilla Parker.CONTACTO vía Europa Press

Su compañero de partido Joe Robertson también ha puesto el foco en el bolsillo de los ciudadanos: si finalmente hay ceremonia, sostiene, debería pagarse exclusivamente con dinero privado.

Hay otro detalle que añade una dimensión especialmente británica a la historia.

Andrés sirvió durante años en la Marina Real y participó en la Guerra de las Malvinas. Aunque perdió posteriormente sus nombramientos honoríficos, su pasado militar podría hacer que algunos miembros de las Fuerzas Armadas quisieran participar en sus exequias.

El contralmirante retirado Chris Parry ha señalado que numerosos marinos podrían estar dispuestos a prestar ese último servicio a quien fue compañero de armas.

Una situación paradójica: la Corona ha decidido apartar a Andrés, pero algunos de quienes compartieron uniforme con él todavía podrían estar dispuestos a acompañarlo en su último viaje.

Lo más llamativo de este episodio es que los protocolos funerarios no funcionan exactamente como un premio ni como una condecoración. Son planes administrativos que las instituciones preparan con mucha antelación para evitar improvisaciones cuando llega el momento.

Por eso, la presencia de Andrés en estos documentos no significa necesariamente que Buckingham Palace quiera devolverle honores ni que exista intención alguna de rehabilitarlo.

Pero sí revela un problema mucho más incómodo para la monarquía.

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Una cosa es apartar a un miembro de la familia real de los actos públicos. Otra, bastante más complicada, es eliminar por completo su rastro de la maquinaria ceremonial que durante décadas estuvo diseñada para él.