El terrible cáncer y confesión de Javier Urra: “Este partido no lo voy a ganar”
El que fuera el primer Defensor del Menor, y todo un referente mediático, ha sorprendido al contar la gravísima enfermedad que padece y las pocas esperanzas médicas
El profesor de ética y deontología Javier Urra en las II Jornadas de Espiritualidad.
Javier Urra atraviesa uno de los momentos más difíciles de su vida, pero también uno de esos en los que vuelve a demostrar por qué durante décadas ha sido una de las voces más reconocidas de la psicología en España. A sus 69 años, el que fuera primer Defensor del Menor se enfrenta a un diagnóstico de cáncer de pulmón con metástasis, una enfermedad que, según explica, probablemente también estaría afectando a la columna y que no es operable. Lejos de esconderse o convertir su enfermedad en el centro de su discurso, ha decidido hacer justo lo contrario: hablar de vida, de esperanza y de lucha.
“Se equivocan quienes dicen que este partido lo voy a ganar; lo que sí puedo decirles, sin dudar, es que este partido lo voy a luchar”. Es probablemente la frase que mejor resume la actitud con la que Urra ha decidido afrontar el desafío. No promete lo que nadie puede prometer, ni se refugia en una falsa psicología positiva. Sabe perfectamente cuál es su situación y, precisamente por eso, reivindica algo tan sencillo como seguir viviendo mientras pueda hacerlo.
En unas declaraciones a La Razón, Javier Urra reconoce que se encuentra “clínicamente mal; anímicamente bien”. Una definición tan breve como contundente. El diagnóstico llegó después de que inicialmente todo apuntara a una neumonía, pero la ausencia de fiebre hizo cambiar el rumbo de las pruebas médicas. Desde entonces, médicos y especialistas se han convertido en sus principales aliados mientras él intenta conservar esa actitud vital que le ha acompañado durante décadas.
Urra no oculta el miedo ni el dolor. Cuenta que incluso ha pasado noches sin dormir por las molestias en la caja torácica. Pero también rechaza que quienes le rodean conviertan su carácter en una especie de obligación para superar la enfermedad. “¿Y si no gano el partido?”, se pregunta. Para él existe una diferencia fundamental entre mantener una actitud positiva y hacer creer al enfermo que todo depende exclusivamente de su fortaleza mental.
Es una reflexión especialmente significativa viniendo de un hombre que ha dedicado buena parte de su vida precisamente a ayudar a los demás a enfrentarse al sufrimiento. Doctor en Psicología y en Ciencias de la Salud, autor de más de 90 libros y acostumbrado a analizar las emociones humanas, ahora ocupa inesperadamente el otro lado de la consulta: él es el paciente.
Y eso no le ha hecho perder su sentido del humor. Todo lo contrario. Recuerda una estancia en el Hospital Gregorio Marañón en la que terminó conversando y riéndose con buena parte del personal sanitario. Incluso bromea con una anécdota en la que una enfermera le entregó unas galletas y poco después se las retiró al comprobar por error que supuestamente tenía diabetes. “¿Algo más?”, pensó entonces entre risas. Finalmente se trataba de una equivocación.
Para Urra, reírse de uno mismo sigue siendo una de las mejores defensas frente a la adversidad. No es casualidad que su película favorita sea El guateque, de Peter Sellers. Recuerda cómo el protagonista continúa tocando la trompeta pese a recibir varios disparos. Una imagen que ha convertido casi en una filosofía personal: seguir tocando mientras sea posible.
También habla de sus nietos, de las cosas que todavía quiere disfrutar y de todo aquello que hace que merezca la pena continuar. No pretende engañarse ni maquillar la realidad. “La vida acaba en la muerte”, recuerda, pero precisamente por eso considera imprescindible vivirla intensamente.
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