Sale a la luz la herencia oculta y que ya ha ‘cobrado’ Victoria Federica
La hija de la infanta Elena está de enhorabuena. No se trata de algo material pero ha recibido de su padre, Jaime de Marichalar, algo que no tiene precio y es para toda la vida..
Victoria Federica en un desfile en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid.
Victoria Federica ha recibido de su padre, Jaime de Marichalar, una herencia que no se mide en euros ni aparece necesariamente en un testamento. Es una cuestión de estilo, contactos y conocimiento de un universo reservado durante décadas a unos pocos: el de las grandes firmas de moda y el lujo internacional. Y la hija de la infanta Elena ha sabido convertir ese legado en una de sus principales señas de identidad.
La relación de Victoria Federica con la moda no es, por tanto, una afición sobrevenida desde que comenzó a convertirse en uno de los rostros habituales de las pasarelas y los eventos de las grandes marcas. Viene de mucho antes. Su padre lleva décadas moviéndose en ese sector y ha ocupado puestos de responsabilidad en el gigante LVMH, el conglomerado que reúne firmas como Dior, Louis Vuitton o Loewe. También creó su propia marca de sastrería, B Corner, desde la que ha desarrollado una particular concepción de la elegancia masculina.
Ese conocimiento del negocio de la moda, cuenta Mujer Hoy, ha tenido una consecuencia evidente en la trayectoria de Victoria. La joven creció familiarizada con un mundo al que otras influencers han llegado después de construir su imagen en redes sociales. Ella, en cambio, tuvo desde niña acceso a los desfiles, las grandes casas y los círculos en los que se decide buena parte de las tendencias. La propia Victoria ha reconocido que su pasión por la moda procede, en buena medida, de su familia y, especialmente, de su padre.
No es casualidad, por tanto, que padre e hija hayan protagonizado en los últimos años algunas de sus imágenes más buscadas precisamente en París. Ambos han acudido juntos a desfiles de firmas de primer nivel y la presencia de Victoria en estos acontecimientos ha dejado de ser la de una invitada más. La hija de la Infanta Elena se ha convertido progresivamente en un rostro reconocible para las marcas y en una figura seguida por las nuevas generaciones interesadas por la moda.
La transformación resulta especialmente llamativa porque Jaime de Marichalar siempre ha cultivado un perfil completamente diferente. Después de su separación de la Infanta, abandonó progresivamente la primera línea relacionada con la Familia Real y centró su actividad profesional en el mundo de la moda y el lujo. Su conocimiento del sector le llevó a convertirse en consejero de varias compañías vinculadas a LVMH y a desarrollar su propia firma de sastrería.
Victoria Federica ha heredado precisamente esa capacidad para entender que el lujo no consiste únicamente en llevar prendas o accesorios caros. Se trata también de conocer las firmas, interpretar las tendencias y, sobre todo, saber moverse en un determinado ambiente. Una enseñanza que explica por qué la joven ha conseguido hacerse un hueco propio en un terreno extraordinariamente competitivo.
Su armario también refleja esa influencia. Louis Vuitton, Dior y otras grandes casas aparecen con frecuencia en sus estilismos, mientras que sus apariciones en las semanas de la moda de París o Madrid han multiplicado su exposición. En septiembre, por ejemplo, volvió a llamar la atención con diferentes propuestas de firmas internacionales y españolas, confirmando que su relación con la moda ya no es una simple cuestión de apellido.
Y ahí reside precisamente la peculiar herencia de Jaime de Marichalar. Mientras otros miembros de la familia Borbón han recibido una formación encaminada a desempeñar determinadas responsabilidades institucionales, Victoria Federica ha encontrado en el universo de la moda el terreno donde construir su propia marca personal. Una elección que encaja perfectamente con el camino que su padre abrió mucho antes y que ahora ella recorre a su manera.
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