Rafael Amargo vuelve a tener problemas con la Policía y lanza graves acusaciones: "Mala praxis policial"

El bailaor no consigue enlazar una etapa duradera de estabilidad y poco después de la muerte de su padre, con su calvario judicial aún reciente, ha protagonizado un oscuro episodio que puede agravarse por su duras palabras a los agentes.

Rafael Amargo y Luciana Bongianino.

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Poco después de recibir uno de los golpes más duros de su vida por la muerte de su padre, Florentino García, el pasado 20 de septiembre Rafael Amargo vuelve a convertirse en protagonista involuntario de una polémica que le ha dejado completamente abatido. Llueve sobre mojado porque además apenas había conseguido dejar atrás el largo calvario judicial que le mantuvo durante dos años en el foco mediático cuando ya está de nuevo en el epicentro de la polémica.

Cabe recordar que el bailaor fue detenido durante la madrugada de este sábado junto a su mujer, Luciana Bongianino, después de un altercado con agentes de la Policía Nacional en su propio domicilio, situado en el madrileño distrito de Carabanchel. Todo comenzó cuando un hombre al que la pareja conocía y que, según relatan, ya había intentado asaltar la vivienda en otras ocasiones, accedió al inmueble tras romper la puerta con un ladrillo.

Rafael Amargo y su esposa se enfrentaron entonces al presunto asaltante hasta la llegada de los agentes. Fue en ese momento cuando la situación se complicó. Mientras Luciana gritaba desesperada "¡que me lo mata, que me lo mata!", los policías intentaban separar al artista y al intruso. Según ha trascendido, durante la intervención se produjo una refriega en la que el andaluz habría mordido en un brazo a uno de los agentes.

Como consecuencia de los hechos, los tres implicados fueron detenidos y trasladados a dependencias policiales. Horas después, y tras pasar a disposición judicial por un presunto delito de atentado a la autoridad y otro de lesiones, tanto el artista como su pareja quedaron en libertad sin medidas cautelares y en calidad de investigados.

Lejos de guardar silencio, el artista emitió un contundente comunicado en el que defendió que únicamente intentó proteger su vivienda y denunció sentirse señalado constantemente por su pasado. "Lo único que pido es que me dejen vivir mi vida en paz", reclamó, recordando que ya defendió su inocencia en los tribunales y obtuvo una resolución favorable.

Amargo también lamentó que cada nuevo episodio termine vinculándose a las drogas cuando, según subraya, en esta ocasión él era quien estaba denunciando una situación ocurrida en su propio domicilio. Dolido, se preguntó por qué la atención se centra en su figura y no en los hechos que asegura haber sufrido.

Rafael Amargo carga contra los policías que le detuvieron

Pero el coreógrafo fue todavía más allá al cuestionar si pudo producirse una actuación policial incorrecta. Aunque destacó que existen "policías magníficos", insistió en que cualquier intervención debe realizarse con profesionalidad, imparcialidad y respeto, reclamando que se investigue cualquier posible irregularidad si realmente se produjo un caso de "mala praxis policial".

"No pido privilegios por ser Rafael Amargo", sentenció, exigiendo que se respeten sus derechos, su intimidad y su dignidad, además de que se deje de juzgarle permanentemente por episodios de su pasado.

Minutos después de difundir el comunicado, el bailaor y su mujer reaparecieron ante las cámaras visiblemente afectados. Luciana defendió que las fuerzas de seguridad están "para cuidar a las personas" y pidió que no se maltrate a la gente.

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Sin embargo, fue Rafael Amargo quien protagonizó el momento más desgarrador. Muy afectado por el reciente fallecimiento de su padre, confesó entre lágrimas y con evidente cansancio emocional que ya no puede soportar más presión. Recordando que tenía el cuerpo de su padre aún presente y una misa funeral al día siguiente, aseguró que el verdadero sufrimiento es el que lleva dentro y denunció sentirse injustamente señalado. "No puedo más. Estoy muy cansado", reconoció abatido, dejando una imagen de profunda tristeza en uno de los momentos más difíciles de su vida.