Telecinco
Ana Rosa Quintana confiesa llamadas de Pedro Sánchez a Mediaset para despedirla
La reina de las mañanas de Telecinco se harta de lo que está ocurriendo con el Gobierno y las presiones de La Moncloa y lo cuenta en pleno directo
Pedro Sánchez en una imagen de archivo en El Programa de Ana Rosa.
En el plató de El Programa de Ana Rosa en la mañana de este pasado martes no hizo falta levantar la voz para que retumbara el mensaje. Bastó con el tono templado, irónico y amargo de Ana Rosa Quintana para dejar en evidencia algo que en los pasillos de Mediaset España se rumorea cada vez más alto: que el Gobierno no solo no dialoga con los medios críticos, sino que los vigila, los señala y —si puede— los asfixia con llamadas constantes y silencios estratégicos.
Ocurrió al inicio de El Aperitivo, esa sección donde las sobremesas se aderezan con análisis políticos y comentarios punzantes. Allí, sentados con ella, entre otros colaboradores, estaba también Máximo Huerta, ex ministro de Cultura de Pedro Sánchez y habitual del formato. Pero hoy no hizo falta que hablara mucho. Ana Rosa lo dijo todo. Y lo dijo muy claro, tal y como les contamos en ESdiario.:
“Perdona si no quisiera venir solo estaríamos contentos, pero es que estamos vetados para cualquier persona en el Partido Socialista: ministros, secretarios de Estado, subsecretarios, portavoces. Es que ellos creen en la libertad de expresión.Y creen en la libertad de los medios”, arrancaba con ironía.
Después señalaba directamente a La Moncloa: “Aquí no es solo que no vengan, eso sí, mis editoriales llaman todos los días para decir que hay que darse cuenta de las cosas que digo”.
Lo dijo sin mencionar nombres, pero todos entendieron a quién se refería. Porque cuando uno habla de ministros vetando platós, de secretarios de Estado ignorando entrevistas, y de llamadas a altos cargos de Mediaset para comentar “las cosas que dice Ana Rosa”, hay un sujeto tácito al que no hace falta ponerle nombre: Pedro Sánchez.
Este nuevo capítulo evidencia que la tensión entre el Ejecutivo y la presentadora más influyente de la televisión española ha cruzado ya el umbral de lo tolerable. No se trata solo de que el presidente haya rechazado sistemáticamente todas las invitaciones a sentarse en su plató —algo que Ana Rosa ha lamentado en numerosas ocasiones—, sino de que el veto se ha convertido en doctrina. No hay interlocución con ningún cargo del Gobierno en su programa. Y eso, en democracia, es tan llamativo como peligroso.
El mensaje es claro: si no estás con nosotros, no existes. Si no aplaudes, no te concedemos entrevistas. Y si nos criticas, entonces mandamos a los nuestros —desde redes sociales hasta asesores de Moncloa— a pintarte como una enemiga del progreso, una “facha”, una aliada de la derecha más extrema, parte de esa llamada fachosfera mediática que incomoda al oficialismo.
Ana Rosa, como es habitual, no se arruga. Lleva años cargando con esa etiqueta a la que se aferra parte de la izquierda más sectaria, la misma que defiende pluralidad solo cuando se trata de sus ideas. Pero lo que ha deslizado hoy va más allá del rifirrafe político o de la cancelación ideológica. Lo que ha dicho —y de lo que ha dejado constancia en horario de máxima audiencia— es que hay presiones diarias a la dirección de una de las principales cadenas privadas de España para controlar, o al menos condicionar, lo que ella dice en sus editoriales.
Y eso, en términos democráticos, no es una anécdota. Es un síntoma preocupante. Que una comunicadora de su talla denuncie en directo un cerco institucional tan explícito debería generar avergonzar al Gobierno. Pero, como suele ocurrir, el silencio será cómplice. Y el foco, seguramente, se desvíe —otra vez— hacia los adjetivos: que si facha, que si manipuladora, que si agresiva.
Pero lo cierto es que Ana Rosa ha puesto voz a lo que muchos medios callan. Que el Gobierno de Pedro Sánchez no responde preguntas, ni acepta entrevistas en programas que no le son afines. Que se niega el derecho a réplica mientras se construye un relato de pluralidad y tolerancia que no resiste ni un minuto fuera de su equipo de opinión sincronizada.
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Pablo Del Campo