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Nace un héroe en Sevilla: un jubilado toma la justicia por su mano contra los carteristas

Francisco Sánchez, jubilado sevillano, se ha hecho conocido por enfrentarse personalmente a los carteristas, en medio de un clima de frustración ante la inseguridad ciudadana.

Francisco SánchezCUATRO

Publicado por
Diego Alcántara

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La creciente sensación de inseguridad en España ha dado pie a una situación insólita en Sevilla. Francisco Sánchez, un jubilado de la ciudad, se ha convertido en una figura popular en redes tras asumir por cuenta propia la vigilancia de las calles del centro histórico de Sevilla, donde actúa contra carteristas — de mayoría magrebí —, a los que acusa de actuar sin impunidad alguna contra turistas y vecinos.

Francisco afirma estar harto de que no se tomen medidas institucionales y asegura que los delincuentes ya “le temen”. Según sus propias palabras, los ladrones ya no se atreven a acercarse a determinadas zonas del centro “porque creen que los voy a matar”. Además, asegura haber llegado incluso a lanzar a uno de estos delincuentes al río: “Los tengo acojonados (...) Se ríen del juez, del fiscal y de la policía, pero de mí no”.

En su testimonio, el jubilado relata un episodio reciente en el que vivió un robo a un matrimonio de turistas estadounidenses, al que, según explica, le quitaron un bolso con dinero en efectivo, con documentación y pertenencias personales. Además, afirma haber colaborado con la policía, quiénes ya le tienen ubicado, tras observar las imágenes de videovigilancia que captaron el momento del hurto.

Francisco asegura que nunca ha sido denunciado por los actos que realiza, ya que, incluso, él mismo ha llevado varias denuncias a los Tribunales, pero afirma que: "Encima los denuncio yo y no van a los juicios". Además, fue preguntado sobre si tenía miedo a los delincuentes y su respuesta fue contundente: "Yo no le tengo miedo a nadie. Yo me cago en la p*** m**** y en los muertos de estos clanes de moros".

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El caso de Francisco Sánchez refleja la creciente frustración ciudadana ante la percepción de impunidad de los delitos menores y la falta de medios para poder atajarlos.