Eurovisión carga contra RTVE y deja en evidencia sus bulos y los de Sánchez contra Israel

La UER responde a los responsables de Televisión Española y su no participación en el festival por hacerlo Israel. Y no les deja nada bien parados

El Presidente de la Corporación RTVE, José Pablo López,Europa Press

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En los pasillos de la gran casa europea de la música, donde las notas deberían ser más altas que las tensiones, algo se ha roto. Lo que comenzó como una discusión técnica —la participación de una televisión en un concurso— ha escalado, con un ruido que ya no se escucha solo en Suiza, donde se celebró la Asamblea General, sino en las calles, en las redes y en las decisiones que marcan historia.

La Unión Europea de Radiodifusión (UER) ha soltado por fin una respuesta que va más allá del protocolo habitual. Tras días de críticas durísimas por parte de RTVE, que se marchó de la mesa con una decisión sin precedentes —la retirada de España del Festival de Eurovisión 2026 por el mantenimiento de la participación de Israel—, la UER ha denunciado lo que considera ataques “completamente inexactos y mal informados”.

No es un comunicado frío. Es una réplica con sabor a defensa vital. La organización recalca que el debate en la Asamblea fue respetuoso y articulado, que las opiniones expresadas por cada miembro reflejaban tanto su postura como la de sus audiencias, y que las críticas que se han viralizado han cruzado la línea de la opinión legítima hacia la desinformación.

En su texto, la UER también recuerda que dentro de su estructura cada país tiene el derecho de decidir si participa o no en el certamen, lo que deja claro que la retirada de RTVE no es vista como un desastre irreversible, sino como una decisión soberana que, esperan, pueda revertirse: esperan que los países que han anunciado su salida regresen “muy pronto”.

Pero el trasfondo no es —ni ha sido— una simple discusión musical. Detrás de las palabras hay convicciones profundas, herencias políticas y dolorosas realidades que, para muchos, no deberían entrar en un concurso de canciones. RTVE, liderada por José Pablo López, no solo ha criticado el resultado de una votación que negó una decisión específica sobre la participación de KAN —la televisión pública israelí—, sino que ha situado el conflicto en una discusión mayor: la de si Eurovisión puede seguir siendo un espacio neutral cuando el mundo arde alrededor de sus notas.

Más allá del lenguaje diplomático, las críticas de RTVE no ocultaron su frustración: para la Corporación española, lo que debía ser un foro de diálogo democrático acabó sintiéndose como una negociación entre bastidores, donde intereses mayores que la música determinaron el resultado. Y eso dolió —y todavía duele— porque puso en cuestión la razón de ser del certamen.

La UER, por su parte, opta por responder con una mezcla de firmeza y conciliación. Defiende la legitimidad del proceso, subraya su respeto por cada miembro y apuesta por seguir construyendo puentes para que los que hoy se marchan puedan volver.

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Quizá lo más paradójico de todo sea que, en este choque de declaraciones y posiciones, lo que antes era un festival de canciones que unía a millones de europeos, hoy se ha convertido en un espejo de las fracturas del continente. La música sigue allí —en la partitura, en la letra, en el corazón de los artistas—, pero la conversación ha cambiado. Y esa conversación, más que una nota fuera de tono, podría ser la verdadera prueba de fuego para saber si Eurovisión puede sobrevivir a sus propias contradicciones.