trenes de córdoba
El “no hagamos política” de Ramoncín: mordaza cuando gobierna la izquierda, linchamiento cuando manda la derecha
Ramoncín vuelve a ejercer de conciencia selectiva en televisión. Ante la tragedia ferroviaria de Adamuz pide solemnemente no “enmierdar” el debate y reclama respeto a las víctimas. Nada nuevo, salvo por un detalle incómodo: ese llamamiento al silencio aparece siempre cuando las responsabilidades rozan a la izquierda, pero desaparece cuando la gestión depende de la derecha, momento en el que el cantante se transforma en fiscal implacable.
Ramoncín en La Sexta
La escena se produjo en Más Vale Tarde, donde Ramoncín pidió contención y respeto por las víctimas tras el siniestro de Adamuz. “No enmierdemos esto”, proclamó, elevándose a árbitro moral del debate público.
El problema no es el mensaje —nadie discute la necesidad de respeto—, sino el doble rasero con el que se aplica. Porque cuando las tragedias coinciden con gobiernos de izquierdas o con el Ejecutivo central bajo sospecha, Ramoncín exige silencio, prudencia y unidad. Cuando no, la prudencia se evapora.
Silencio cuando incomoda, ruido cuando conviene
No es una percepción aislada ni un hecho puntual. El patrón se repite: el “no hagamos política” funciona como cortafuegos mediático cuando la crítica puede salpicar a la izquierda. Pero si la emergencia ocurre bajo una administración gobernada por la derecha, el mismo Ramoncín no duda en señalar, acusar y convertir la desgracia en munición política.
En Adamuz, incluso elogió la actitud de Juanma Moreno Bonilla, no tanto para reconocer una gestión concreta, sino para reforzar el relato de coordinación con el Gobierno central y blindar de antemano cualquier reproche al Ejecutivo de Pedro Sánchez.
El coro mediático
El discurso encontró eco inmediato en plató. Iñaki López y Cristina Pardo subrayaron la “tranquilizadora” cooperación institucional y compararon la situación con otras catástrofes pasadas, donde —casualmente— el foco mediático sí se colocó con dureza sobre responsables autonómicos concretos.
Todo muy edificante, pero poco equilibrado. Porque coordinarse no excluye depurar responsabilidades, ni el luto obliga a apagar preguntas incómodas.
El desvío del foco
Mientras se predica contención política, el debate se desplaza hacia polémicas secundarias: gestos fuera de contexto en RTVE, errores técnicos o controversias en redes sociales. Todo menos entrar a fondo en lo esencial: qué falló, quién supervisó una vía renovada recientemente y qué responsabilidades políticas pueden derivarse.
Coherencia o nada
Ramoncín pide “estar a la altura del dolor”. Pero estar a la altura exige algo más que buenas palabras: coherencia. O se defiende la despolitización de las tragedias siempre, gobierne quien gobierne, o se admite sin rodeos que el silencio solo se exige cuando conviene ideológicamente.
Porque cuando el respeto se aplica de forma selectiva, deja de ser respeto. Y cuando el “no hagamos política” solo vale para unos, no es altura moral: es un escudo político con forma de sermón televisivo.