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¡Pillado! Rubén Sánchez, el polémico podemita, cazado haciendo la compra en Mercadona que tanto critica

El activista próximo al universo Podemos, en la línea de Ione Belarra contra el empresario valenciano, aparece empujando un carro en Mercadona mientras sus propios vídeos le retratan atacando con dureza al dueño de la cadena

El Podemita Rubén Sánchez en el MercadonaRRSS

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La coherencia de cierta izquierda radical ha vuelto a durar lo mismo que una oferta en el lineal. Rubén Sánchez, conocido activista y rostro habitual de la ofensiva contra grandes empresas y empresarios como Juan Roig, ha sido visto haciendo la compra en Mercadona, la misma cadena que durante años ha señalado como emblema del capitalismo más despiadado.

La imagen ha corrido como la pólvora. En ella se ve a Sánchez empujando tranquilamente un carro por los pasillos de un supermercado de la empresa valenciana. Una estampa aparentemente cotidiana, si no fuera porque el protagonista lleva años cargando contra Roig y contra el modelo de Mercadona.

El contraste no puede ser más demoledor: quien ha convertido al presidente de Mercadona en uno de sus villanos empresariales de cabecera aparece ahora pasando por caja en el establecimiento que tanto ha criticado.

Del discurso contra Roig al carro de Mercadona

La escena ha provocado una oleada de comentarios en redes por la evidente contradicción. Porque no se trata de que Rubén Sánchez compre en Mercadona, algo perfectamente legítimo y común entre millones de españoles. El problema es otro: demonizar públicamente a una empresa y a su fundador, y luego recurrir a ella como cualquier consumidor más.

En el vídeo difundido, las imágenes actuales se combinan con intervenciones anteriores del propio Sánchez en las que arremete duramente contra Juan Roig. En una de ellas, el activista acusa al empresario de haberse beneficiado de la inflación y llega a compararlo con otros grandes nombres del poder económico español.

Sánchez ha utilizado en el pasado expresiones muy duras contra Roig, en la misma línea de los ataques lanzados por dirigentes de Podemos como Ione Belarra, que llegó a calificar al empresario valenciano de “ser despreciable” y a acusarle de enriquecerse durante la crisis de precios. Juan Roig, por su parte, respondió recientemente a esas críticas durante la presentación de resultados de Mercadona, defendiendo su modelo de gestión y remitiéndose a las cifras de la compañía.

La izquierda que predica una cosa y compra otra

La polémica ha vuelto a poner sobre la mesa una de las grandes contradicciones de la izquierda más sectaria: su permanente guerra cultural contra determinados empresarios, mientras sus propios referentes acaban usando los servicios de esas mismas compañías.

Mercadona se ha convertido desde hace años en una obsesión para Podemos y su entorno. Juan Roig ha sido señalado una y otra vez como símbolo de un modelo económico que, según el discurso morado, habría que combatir. Sin embargo, la realidad se impone con una contundencia difícil de maquillar: cuando toca llenar la nevera, hasta los más combativos terminan en los pasillos del supermercado valenciano.

La escena de Rubén Sánchez con el carro no necesita demasiado comentario. Resume en pocos segundos una contradicción política que los ciudadanos detectan cada vez con más claridad: una cosa es grabar vídeos inflamados contra el capitalismo y otra muy distinta renunciar a los productos, precios y comodidad que ofrece una empresa como Mercadona.

Roig, el empresario que la izquierda critica pero no puede ignorar

Juan Roig ha construido Mercadona como uno de los gigantes empresariales españoles, con una implantación masiva en todo el país y una clientela transversal. La cadena es utilizada a diario por millones de familias de todas las ideologías, incluidas muchas que jamás votarían a la derecha.

Ahí está precisamente la paradoja. Mientras Podemos insiste en convertir a Roig en enemigo público, sus propios entornos no parecen tener reparo en aprovechar el modelo comercial que tanto censuran. Porque Mercadona no vive de los discursos políticos, sino de que la gente entra, compra y vuelve.

Y entre quienes vuelven, al parecer, también están algunos de sus críticos más ruidosos.

La metáfora perfecta del podemismo

El episodio llega además en un momento especialmente delicado para Podemos, con el partido atrapado entre la irrelevancia electoral, la nostalgia de sus años de gloria y un discurso cada vez más desconectado de la vida cotidiana de los españoles.

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La imagen de Rubén Sánchez en Mercadona se ha convertido en una metáfora casi perfecta: anticapitalismo de pancarta, pero cesta de la compra en caja. Mucho ataque a Juan Roig, mucha consigna contra las grandes empresas y mucho sermón ideológico, pero a la hora de la verdad, el carro rueda por los mismos pasillos que recorren millones de ciudadanos cada semana.