Pablo Iglesias exige censurar a Vox en RTVE: “No se puede dar voz a los neofascistas”

El exlíder de Podemos estalla contra RNE por sentarle con un representante de Vox y vuelve a reclamar un cordón sanitario mediático contra el tercer partido del Congreso

Pablo Iglesias en RNE

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Pablo Iglesias ha vuelto a dejar claro cuál es su peculiar concepto del pluralismo: todos pueden hablar, siempre que no sean de Vox. El exvicepresidente del Gobierno, exlíder de Podemos y actual director de Canal Red ha criticado abiertamente que Radio Nacional de España invite a representantes de Vox a sus tertulias, pese a tratarse del tercer partido del Congreso y de una formación votada por millones de españoles.

El propio Iglesias difundió este lunes en redes sociales su malestar tras participar en Las mañanas de RNE, el programa que conduce Juan Ramón Lucas, donde compartió mesa con un representante de Vox, Ignacio Garriga. “Hoy nos han sentado en la mesa de RNE a un representante de VOX. He dado mi opinión al respecto de abrir las puertas de los medios a los neofascistas y hemos tenido un debate interesante”, escribió junto al vídeo del momento.

La frase resume perfectamente la tesis del exdirigente morado: los medios públicos, pagados por todos los españoles, no deberían dar voz a una parte de esos mismos españoles si votan a quien a él no le gusta.

Un exvicepresidente que no soporta el pluralismo

Durante el debate, Iglesias se mostró especialmente combativo y defendió la vieja tesis de la izquierda radical: la llamada “paradoja de la tolerancia” de Karl Popper, utilizada como coartada para justificar que no se debe tolerar a los intolerantes. Traducido al lenguaje político actual: censurar al adversario mientras se presume de demócrata.

El problema, una vez más, es la doble vara de medir. Iglesias, que fue vicepresidente del Gobierno de Pedro Sánchez, no tuvo demasiados problemas en sostener mayorías parlamentarias con Bildu o con partidos independentistas que han cuestionado abiertamente el marco constitucional. Sin embargo, la presencia de Vox en una tertulia de la radio pública le parece una anomalía insoportable.

Vox podrá gustar más o menos, pero representa a millones de ciudadanos, cuenta con grupo parlamentario propio y tiene presencia institucional en comunidades autónomas, ayuntamientos y parlamentos regionales. Pretender expulsar a sus representantes de los micrófonos públicos no es combatir el fascismo: es negar el pluralismo.

RTVE, campo de batalla ideológico

El episodio llega, además, en un momento delicado para RTVE, permanentemente señalada por su sesgo político y por las acusaciones de control gubernamental sobre sus contenidos. Que RNE abra una tertulia a voces distintas debería ser lo normal en una radiotelevisión pública. Para Iglesias, en cambio, parece ser una provocación.

La reacción del exlíder de Podemos ha provocado una oleada de críticas en redes sociales. Muchos usuarios le han recordado que Vox no es una organización clandestina ni un grupo marginal, sino una formación legal, con representación parlamentaria y votantes que también pagan impuestos. Otros han ironizado con la nostalgia de Iglesias por los tiempos en los que la izquierda pretendía dictar quién podía hablar y quién debía ser silenciado.

La izquierda que reparte carnés de democracia

La contradicción es evidente. Iglesias y su entorno se presentan como defensores de la democracia, pero cada vez que el debate público se abre a voces incómodas, la respuesta vuelve a ser la misma: cordón sanitario, veto y censura. La democracia, al parecer, solo es sana cuando gana la izquierda o cuando el adversario acepta jugar con las reglas que ella impone.

Desde Canal Red, Iglesias mantiene una intensa actividad mediática, convertida en altavoz de su particular batalla cultural contra la derecha, los jueces, los medios críticos y todo aquello que no encaje en su relato. Su última cruzada contra la presencia de Vox en RNE confirma que, fuera del Gobierno, sigue aspirando a decidir quién merece espacio en el debate público.

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Mientras tanto, Vox continúa acudiendo a platós, radios y tribunas institucionales. No porque Pablo Iglesias lo permita, sino porque en una democracia los partidos legales no necesitan el permiso de un exvicepresidente para hablar. Y mucho menos para hacerlo en una radiotelevisión pública que pagan todos los españoles, también los votantes a los que Iglesias querría dejar sin voz.