De café teatro a insignia del Orgullo: la historia de Long Play y su vuelta a la noche madrileña
En el número 2 de la actual plaza de Pedro Zerolo, antes conocida como plaza de Vázquez de Mella y anteriormente como plaza de Bilbao, se encuentra una de las discotecas más antiguas, emblemáticas y vibrantes de Madrid.
Discoteca Long Play.
En el número 2 de la plaza de Pedro Zerolo, antes Vázquez de Mella y, más atrás, plaza de Bilbao, late Long Play, la discoteca más longeva y emblemática de la capital. Abierta en 1971, ha sobrevivido a cinco décadas de cambios sociales, musicales y urbanos sin renunciar a su esencia: un refugio de libertad donde la pista de baile es testigo de la historia de Madrid.
Long Play nació como café teatro en pleno tardofranquismo. Su nombre, tomado de los discos de larga duración (LP), prometía música sin interrupciones. Actuaciones en vivo, paredes forradas de espejos y luces rojas psicodélicas definieron su estética, que incluso apareció en la película Me has hecho perder el juicio (1973), de Manolo Escobar junto a Mary Francis, hoy reconvertida en una magnífica actriz de carácter bajo su nombre real, Paca Gabaldón. Con dos plantas (pista principal en el sótano y zona más íntima arriba), el local se convirtió en punto de encuentro de actores, vedettes y políticos durante la Transición. Bárbara Rey, Paula Pattier, Paloma Cela o María Salerno eran habituales tras la muerte de Franco, en los años del destape.
No era extraño que las bellas de la época se convirtieran también en referentes políticas, puesto que uno de los relaciones públicas del local era Chema Suárez, hermano del presidente del Gobierno Adolfo Suárez. Fue el hermano nocturno del mandatario el que se encargó de reclutar a las reinas del destape para hacer campaña por los pueblos de España pidiendo el voto para la UCD en junio de 1977 ante las primeras elecciones democráticas.
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En la década de los ochenta, Long Play se integró en la Movida Madrileña. Vinilos, sesiones en directo y un ambiente inclusivo consolidaron su fama. Un episodio aislado de exceso de aforo en 1984 no frenó su actividad. Al contrario, reforzó su reputación como sala estable en el centro de la ciudad.
La llegada del house y la electrónica marcó los noventa. DJs como Miguel Mendoza llenaron la pista inferior de ritmos acelerados, mientras la superior mantenía un tono más relajado. Chueca se convirtió en epicentro LGTBIQ+ y Long Play, en su buque insignia durante el Orgullo Gay. Porteros míticos como Isidro La Perla controlaban la puerta. Dentro, artistas, vecinos y turistas compartían noches de bullicio y diversidad. El local absorbió la cultura urbana madrileña, con sus anécdotas de confrontaciones y euforia nocturna.
Una imagen de Long Play en la actualidad.
Cerrado temporalmente, Long Play reabrió en 2024 con mejoras técnicas y de sonido, pero conservando la bola de espejos, la iluminación roja y la distribución original: pop arriba, electrónica abajo. Cumple normativa y adapta su oferta a la era digital sin traicionar su ADN.
Hoy, Long Play es más que una discoteca: un espacio de encuentro donde conviven generaciones. Ha visto pasar vinilos ochenteros, himnos electrónicos noventeros, revival dosmilero y éxitos actuales. Su historia refleja la transformación de Chueca y la apertura de Madrid a la diversidad. Bajo la misma bola de discoteca que brilla desde 1971, el local sigue siendo sinónimo de respeto, autenticidad y vida nocturna. Medio siglo después, Long Play no solo resiste: define la noche madrileña.