Los expertos coinciden: este es el lado oscuro del estoicismo moderno
El estoicismo ofrece resiliencia, pero también actuar en virtud, y choca contra todo lo expuesto en reels y shorts
El estoicismo moderno no se aplica según sus normas clásicas
Seguro que has oído hablar o has leído algo acerca del estoicismo. Frases como “Controla solo aquello que puedes” o imágenes de épicos emperadores romanos musculosos inundan TikTok, Instagram y las secciones de autoayuda de las librerías. El estoicismo parece prometer resiliencia instantánea en un mundo que sentimos cada vez más caótico. Sin embargo, filósofos, psicólogos y diversos analistas culturales advierten que las enseñanzas de maestros como Séneca, Marco Aurelio o Epicteto se encuentran en la actualidad totalmente distorsionadas.
La explosión del estoicismo explotó en la era pospandemia, aquella en la que asegurábamos que “íbamos a salir mejor”, una era de incertidumbre en la que todo volvía a la normalidad… o más bien a una ‘nueva normalidad’. Libros como El obstáculo es el camino, de Ryan Holiday, que cambia el estoicismo clásico por el conocido ‘Broicism’ comenzaron a vender millones de ejemplares, y voces expertas comenzaron a ponerse en contra de la idea, ya que priorizaba el éxito material -dinero, romances, poder- sobre una de las características esenciales del estoicismo clásico: la virtud sin interés.
El estoicismo clásico ofrece virtud activa ante la adversidad, pero su versión moderna, la que triunfa en redes, fomenta la pasividad, reprime las emociones vitales y excusa injusticias al subjetivizar el daño.
Un estoicismo equivocado en la era de los gurús modernos
En redes, este ‘falso estoicismo’ se reduce a un continuo doomscrolling de reels motivacionales que ignoran el contexto histórico de esta corriente filosófica: los estoicos estaban diametralmente opuestos a la indiferencia emocional y planteaban un discernimiento frente a las pasiones sin orden.
En la revista especializada en filosofía, cultura y sociedad Dialektika, Neil Durrant, miembro adjunto del Departamento de Filosofía de la Universidad Macquarie, ofrece tres razones contra el estoicismo moderno, mal entendido. Veámoslo en detalle.
Durrant primero afirma que el estoicismo moderno fomenta la pasividad rígida ignorando el activismo. Los estoicos clásicos dividen la realidad en dos, lo que tú controlas y lo que no. El problema moderno surge cuando esta idea se aplica de manera extrema: Si no puedo controlarlo al 100%, no actúo. Esto genera pasividad, porque desmonta la intervención en problemas donde puedes tener una influencia parcial.
Un estoicismo mal usado sería, por ejemplo, el pensar que como uno no controla las emisiones globales, uno se ha de centrar en sí mismo y aceptar el desastre.
Segundo, el estoicismo moderno rechaza emociones fuertes, un aspecto esencial de la vida y motor creativo; y tercero y último, el estoicismo clásico decía “Cambia cómo ves las cosas para sufrir menos”, aunque reconocían dolor real: la tortura duele físicamente y un genocidio es malo objetivamente. Marco Aurelio, por ejemplo, afirmaba “Siente dolor, pero actúa con virtud”. Sin embargo, el estoicismo moderno y mal entendido lo exagera: “Todo depende al 100% de tu opinión” e ignora el deber moral de actuar contra las injusticias, respaldándose en ello como excusa para no protestar ni ayudar.