El secreto mejor guardado de Zamora: así se creó el lago glaciar más grande de la Península Ibérica
Un estudio del IGME-CSIC analiza el origen del icónico paraje de Zamora, el Lago de Sanabria, tallado por glaciares de cientos de metros de espesor en el Pleistoceno
El lago de Sanabria es la masa de agua natural de origen glaciar más grande de España
Ubicado al noroeste de la provincia de Zamora, en el marco de la Sierra de Segundera y encajado en la cuenca del río Tera, el Lago de Sanabria destaca como la masa de agua natural de origen glaciar más grande de España y de toda la Península Ibérica. Con sus más de 360 hectáreas de superficie, una longitud superior a los tres kilómetros y una profundidad máxima que roza los 53 metros, este ecosistema trasciende con creces la consideración de un mero paraje paisajístico o recreativo. Para instituciones de referencia científica como el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), este paraje constituye un auténtico laboratorio paleoclimático de primer orden, donde la geología ha guardado en sus profundidades el registro exacto de las dinámicas climáticas del planeta durante el Pleistoceno.
El secreto mejor guardado de Zamora
Cómo se formó el Lago de Sanabria: la historia del mayor lago glaciar de España
La génesis de este imponente cuenco lacustre se remonta a la última gran glaciación del cuaternario, conocida científicamente como la glaciación de Würm o periodo glaciar pleistoceno.
Durante la fase de máximo esplendor glaciar, hace entre 20.000 y 100.000 años, una densa y vasta capa de hielo cubrió los altos valles de las Montañas Galaico-Leonesas. Las exhaustivas investigaciones del IGME y de diversas universidades ibéricas confirman que el antiguo glaciar del Tera canalizó una colosal lengua de hielo que superó los 20 kilómetros de longitud y alcanzó espesores de cientos de metros de masa helada.
Esta masa descendió implacable, modelando el relieve y erosionando el sustrato rocoso a su paso mediante dos procesos fundamentales: la abrasión sobre la roca viva y el arranque de grandes bloques.
La inmensa fuerza mecánica ejercida sobre las rocas metamórficas —compuestas en su gran mayoría por los característicos gneises del complejo estructural del Ollo de Sapo— excavó dos cubetas lacustres diferenciadas que hoy constituyen el lecho profundizado del lago.
Cuando la temperatura global comenzó a experimentar un paulatino aumento y el hielo inició su retirada al final del Cuaternario, los enormes volúmenes de sedimentos transportados por la lengua glaciar formaron arcos morrénicos frente a su avance. Estas barreras naturales de morrena actuaron como un dique infranqueable capaz de retener las aguas del deshielo y dar forma a la estructura lacustre definitiva que contemplamos hoy.
Huellas geológicas visibles y el valor del Parque Natural
El Parque Natural del Lago de Sanabria y de las Lagunas de la Cera y de los Peces resguarda actualmente un conjunto geomorfológico de un valor incalculable para el estudio de la Tierra.
A lo largo de todo el perímetro de la cuenca y en sus vertientes altas se observan con claridad rocas aborregadas marcadas por finas estriaciones, potentes sedimentos de till glaciar, imponentes bloques erráticos arrastrados a kilómetros de su lugar de origen y terrazas de obturación. Todos estos elementos atestiguan de manera irrefutable la trayectoria exacta, la dirección de flujo y el poder de remodelación tectónica y erosiva de las masas heladas.
Más allá de su evidente trascendencia geomorfológica y paisajística, el lago es un sistema acuático catalogado como templado y monomíctico, de carácter marcadamente oligotrófico. Sus aguas presentan niveles reducidos de nutrientes y un intercambio térmico constante que preserva comunidades biológicas y fitoplanctónicas de gran singularidad.
Por la conjunción de su origen morrenológico, la pureza de su red hídrica y la presencia de más de una veintena de lagunas glaciares asociadas en las cumbres circundantes, la ciencia continúa identificando este enclave zamorano como un archivo geológico indispensable e irremplazable para reconstruir los cambios climáticos pasados y comprender la evolución del paisaje ibérico.