Opinión
Las dos saetas de los hermanos Machado
Prefiero pensar que se debe más a su falta de conocimientos, de ella y de su partido, que al desprecio a nuestra identidad como pueblo diferenciado, el valenciano, en la unidad constitucional de los pueblos y las tierras de España.
La presidenta de Les Corts, Llanos Massó
Se puso de moda, hace algún tiempo, cierto menosprecio hacia las formas católicas de devoción popular. Sin embargo, ese tipo de religiosidad ha persistido contra viento y marea, que azota la barca del apóstol Pedro, y nunca mejor dicho. Solo hay que acercarse estos días a los poblados del Grao de Valencia para contemplar el paso procesional de su Semana Santa y reflexionar. La religiosidad a la que me refiero está hoy más viva que nunca, junto a la pretensión popular de convivencia entre diferentes; acuden y procesionan juntos santos y pecadores, amantes de distintas dietas -de las carnes, del pescado o de los vegetales-, de distintas patrias o de distintos credos políticos con sus colores rojo o azul. Siempre fue, ha sido y sigue siendo así en los poblados marítimos de Valencia.
Si alguna vez he dado algún crédito a los “sabios y entendidos” de ese menosprecio a lo católico, se me pasó pronto, y he de confesar que, sobre todo, fue al ser espectador del fervor reflejado en la mirada de las magdalenas, vírgenes, centuriones, enturbados y trajeados junto a los “pasos” de esa espectacular procesión. Y más aún, y es muy importante el hecho, ver la concurrencia pacífica y cordial de autoridades municipales procesionando, y de diferentes posiciones políticas; loable con el nivel de “polarización política” en nuestra cotidianidad institucional.
Recuerdo dos saetas que acompañan la reflexión de este hecho puntual de convivencia y concordia política. Dos saetas de dos hermanos a quienes la guerra española de 1936 separó en bandos y en simpatías a la hora de dedicar sus poemas de ocasión; me refiero a los Machado, Antonio y Manuel, Manuel y Antonio, sevillanos ambos de cuna, si bien uno de ellos castellano de adopción. Muchos, más que muchos de los libros de historia, estaban por dejar de pelearse y apostar por una vida tranquila en la que pudieran darse las diferentes estéticas literarias y políticas, como las de ambos hermanos, y la convivencia de los amantes de la carne y del pescado. O de los vegetales.
La saeta de Antonio Machado es la más conocida, quizás por su popularización a través de Juan Manuel Serrat; su musicalización ha sido adoptada por todas las bandas de música que acompañan los pasos y cubren las procesiones de toda España. Si analizamos su letra, el poeta se inspira en un cantar popular del que, sin embargo, pretende alejarse: en los versos “siempre con sangre en las manos, / siempre por desenclavar” alude a la “fe de mis mayores”, que se resiste a asumir quizás por el exceso de dolorismo que expresa.
Por ello, termina invocando al Jesús “que anduvo en el mar”, y no olvidemos que el tópico del mar es, para Antonio, sinónimo de la vida. Y Vida es Resurrección, no fijación en el sepulcro. La Semana Santa culmina en la Pascua, que es el triunfo de la Vida sobre la muerte, prolegómeno y promesa de la certeza de la Trascendencia a la que todos hemos sido llamados, y, por tanto, de nuestra propia resurrección.
Por su parte, la saeta de Manuel Machado nos resulta, poéticamente, más modernista, a diferencia de la de su hermano, más cercana al noventayochismo; parece que el carácter de ambos, proyectado en sus poemarios, iba por esta línea. Se recrea Manuel en las sensaciones -colores, olores…- de las procesiones de su tierra, pero la voz anónima, popular, que entona una saeta en las calles “canta, o llora, que es lo mismo”; de este modo, la saeta del pueblo es “canto, lloro… Sentimiento”, y también “maravilla”, porque va dedicada “al Mejor de los nacidos”; las saetas son “llanto y oración. Cantar, /salmo y trino”, por lo que hermanan los términos “humano” y “divino”, es decir, Hombre y Dios en el mismo Crucificado. Y la conclusión también es esperanzadora y cercana a la de su hermano Antonio, ya que, en este caso, son “las golondrinas” las que le quitaban las “espinas” al Rey del Cielo en la Cruz.
Al comparar el sentido y la estética de ambas saetas podemos reflexionar sobre los frágiles aspectos de la vida humana en la época fratricida que les tocó vivir a ambos hermanos, y también del ejemplar acompañamiento municipal observado en las procesiones del Grao en esta época de “polarización política”. La recuperación de los valores de convivencia y concordia pide recordar las palabras “paz, piedad y perdón” pronunciadas en 1938 por Azaña, el amigo del primer Machado y autor de la saeta comentada. En la Semana Santa de los poblados marítimos hay mucho de ello.
Al reflexionar sobre lo visto en el Grao de Valencia, chirría en mis oídos la insensatez de Vox sobre nuestra historia y tradiciones; como ejemplo, la oposición de la Sra. Llanos Massó a la próxima conmemoración del 25 de abril de 1707, fecha en que los valencianos perdimos nuestras libertades históricas ante el empuje de Felipe de Anjou y que recuperamos en el marco de la Constitución de 1978. Si de convivencia y concordia se trata, la actitud y las palabras de la máxima autoridad de Vox en la Comunitat y, a su vez, presidenta de las Cortes Valencianas, incitan a todo lo contrario. Prefiero pensar que se debe más a su falta de conocimientos, de ella y de su partido, que al desprecio a nuestra identidad como pueblo diferenciado, el valenciano, en la unidad constitucional de los pueblos y las tierras de España. En fin, una “espina” más a soportar en estas fechas, como diría el segundo de los Machado.